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Andrés Lajous

Ignorar el diagnóstico

Andrés Lajous es maestro en planeación urbana por el Massachusetts Institute of Technology y activista político. Actualmente es colaborado ...

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    28 de enero de 2011

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    Cuando mi vida era otra, iba muy seguido en coche a Interlomas. Algunos días iba desde el sur de la ciudad, pasaba por Periférico, subía por las Lomas, y cruzaba la frontera a un lugar que me parecía otro país. Otros días, cruzaba desde Santa Fe por El Olivo. Cuando el tráfico de Santa Fe me asustaba pagaba una carretera de cuota, tomaba el camino hacia Toluca y me desviaba en dirección a Lechería. Ahora pienso que para haber hecho eso tantas veces, durante un par de años, debí de haber sido un tipo con mucho tiempo libre. Desde que tengo memoria, casi cualquier entrada desde el Distrito Federal a Interlomas en el municipio de Huixquilucan, Estado de México, es una pesadilla.

    Las autoridades de Huixquilucan llevan varios años tratando de “desahogar” y “agilizar” el “flujo vehicular” en la zona. Han intentado varias cosas. Han repavimentado, han exigido espacios de estacionamiento a comercios y viviendas, han hecho calles muy anchas con muy poca banqueta. En un acto de creatividad inusitada construyeron un túnel en la entrada principal que viene desde el DF, y ahora que se saturó, el presidente municipal, Alfredo del Mazo, retando la creatividad anterior, decidió construir más túneles y un par de pasos elevados.

    Hace unos días volví a ir a Interlomas en uno de los horarios de más tráfico. Lo que topé fue el túnel en que conecta Blvd. Interlomas con Blvd. Anáhuac lleno, las calles que topan en el semáforo en Av. Magno Centro saturadas, y los no muy bonitos pasos elevados, nuevecitos y vacíos. Puede ser que en otros horarios estén llenos, pero hasta el momento la autoridad está sorprendida porque pese a la abundancia de letreros “la población no los quiere usar”. (¿No será que nos los llevan a donde quieren ir? i.e. casa – centro comercial)

    Interlomas me gusta perversamente, y tal vez deba ser preservado como una suerte de museo a la distopía automovilística. Cualquiera que tenga una duda sobre qué pasa cuando construyes una ciudad sólo para coches, debe poder ir a darse una vuelta por ahí. Más de la mitad de los habitantes del municipio (aprox. 100 mil) viven en los fraccionamientos alrededor del centro comercial. Los usos de suelo no son mixtos, y sólo se dividen en dos concentraciones, en la periferia residencial, y en el centro, comercial. Literalmente la única manera amable para ir de tu casa a la tiendita de la esquina o al supermercado es en auto. Buena parte de los habitantes, si no es que la mayoría, estudian o trabajan en el DF, y todas las mañanas salen de ahí al mismo tiempo para regresar en dos turnos, el de la comida, y el de la cena.

    A menos de que dejen de salir y entrar de Interlomas en coche en esos horarios, o ir en coche de residencia a comercio, es difícil imaginar que pueda haber menos tráfico.

    El principal problema de movilidad en Interlomas, pese a lo que ahora diga gobierno municipal no es la “falta de vialidades”, sino gobernantes que insisten en que es más importante mover coches que personas. Hasta ahora casi todas (3) las líneas de microbús que entran a Interlomas desembocan en el metro Cuatro Caminos.

    No hay banquetas amigables a los peatones, y la única bicicleta que vi en mi reciente visita, paradójicamente, era usada para pasearse anunciado una agencia de coches.

    Este oscuro diagnóstico no es mío. Es el del Plan Municipal de Desarrollo Urbano 2009, que dice, “El transporte [público] es uno de los problemas más agudos que enfrentan cotidianamente los habitantes del municipio,... la insuficiente oferta... la deficiente organización... la preeminencia del vehículo particular, ha propiciado un transporte ineficiente... que se traduce en altos costos sociales”.

    Lo que es verdaderamente sorprendente es que el gobierno de Del Mazo, pese a contar con ese diagnóstico, en los objetivos e indicadores de evaluación de su Plan de Desarrollo Municipal 2009–2012, simplemente se haya brincado el tema. En ese plan el transporte público no existe.

    O bueno, tal vez no es del todo sorprendente, no está haciendo nada que no estén haciendo otros gobiernos: operar bajo la sencilla premisa de que con un buenas cantidades de cemento que “agilicen” un par de años el “flujo vehicular” se pueden seguir ganando elecciones.



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