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Alejandro Gertz Manero

WikiLeaks de chisguete

Es doctor en Derecho por la UNAM. Se ha desempeñado como abogado litigante y como empresario en la industria editorial y en el sector comerci ...

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    05 de enero de 2011

    El nerd australiano Julian Assange y su proyecto cibernético WikiLeaks salieron recientemente a la palestra mundial de la información pública cuando varios periódicos estadounidenses y europeos filtraron algunas primicias sobre “mensajes secretos” del departamento de estado de EU que WikiLeaks logró interceptar y que prometía ir develando día con día hasta convertir este tema en un verdadero Waterloo de exhibición pública para la diplomacia de Estados Unidos.

    Cuando ya se había despertado una gran expectativa internacional y un regocijo generalizado y excitante en el inmenso voyeurismo cibernético que ahora domina al mundo, los ansiados textos secretos fueron apareciendo y resultaron un verdadero “parto de los montes”. Donde se esperaban los grandes descubrimientos aparecieron simplemente mensajes intrascendentes, superficiales y más que nada reiterativos de lo que ya todo mundo conocía, y que los medios habían difundido en forma prolija.

    Un ejemplo fue la descripción de las conductas lascivas y promiscuas del viejecito verde Berlusconi que habían sido ya exhibidas hasta el cansancio, para satisfacción de su protagonismo inagotable y sus grotescas aspiraciones de ser un don Juan mítico, que finalmente han resultado tan cuestionables como ridículas. Otro caso fue el de la demagogia bananera del golpista Chávez de Venezuela, que tampoco pueden mover a sorpresa en el público cibernético, ya que todo mundo sabe que ese farsante, oportunista y abusivo por un lado vende y negocia el petróleo venezolano en Estados Unidos, mientras por otra parte se disfraza de ogro comunista para, de esa manera, asolar a su país ejerciendo una demagogia trasnochada y grotesca que él logra sostener con el dinero que viene del sistema al que él mismo ataca a diario y del que sospechosamente recibe el financiamiento para sus payasadas criminales y totalitarias, que hunden día con día a la sufrida Venezuela, que se ha convertido en uno de los peores territorios de violencia e inseguridad en América, que sólo tiene paralelo con lo que ocurre en nuestro país.

    Por lo que hace a las filtraciones sobre temas mexicanos, los mensajes exhibidos señalan una supuesta e increíble inocencia y candidez de los agentes diplomáticos de Estados Unidos, que inquieren sobre el carácter y las conductas de los burócratas mexicanos, cuando esos temas los conoce el espionaje estadounidense hasta el cansancio gracias a sus propios servicios de “inteligencia”, que no necesitan hacer ese tipo de preguntitas bobas. Para nosotros tampoco es ninguna novedad la “cena de negros” y los pleitos entre los funcionarios de seguridad y justicia mexicanos, que un día sí y otro también se agarran del chongo y se descalifican unos a otros en razón de la defensa de sus parcelas de poder, de sus intereses, de la corrupción que administran o el lucimiento que puedan obtener gracias a la información, que sí es secreta, y que les es proporcionada por las agencias estadounidenses, para que puedan detener aquí a los traficantes que trasiegan droga hacia EU.

    Si los chismes del señor Julian Assange sólo van a llegar hasta donde ahora hemos visto, no les va a quedar más remedio a los voyeuristas cibernéticos que concentrarse en la vida erótica de ese nerd y en los delitos sexuales que supuestamente ha cometido en Suecia, donde se supone que el liberalismo de ese país no es el ámbito más adecuado para una persecución sobre crímenes sexuales, pero aun así dicha exhibición escandalosa habrá de dejarle al susodicho Assange suculentas ganancias económicas, que en el fondo parecen ser el tema que finalmente habrá de prevalecer.

    Si WikiLeaks no tiene nada más que ofrecer en su búsqueda de mensajes comprometedores y de secretos oprobiosos, esta expectativa de megaescándalo habrá de convertirse en un globo desinflado y en otra frustración, o en una manipulación política intrascendente. Mientras, la verdad sobre las grandes traiciones, los enormes trinquetes y los inmensos delitos contra la humanidad seguirán en la impunidad, como se demuestra día con día en los casos del siniestro y elusivo Osama Bin Laden, de los autores y beneficiarios petroleros de las sangrientas guerras en Medio Oriente y de los hampones financieros, sus cómplices y encubridores oficiales, que hundieron la economía mundial y que la siguen exprimiendo hasta el día de hoy, situación que no habrá de cambiar hasta que exista una verdadera transparencia y una rendición de cuentas, que realmente vaya al fondo de lo que ocurre, todo lo cual bien poco tiene que ver con estos escandalitos de pacotilla.

    editorial2003@terra.com.mx

    Doctor en Derecho



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