aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Francisco Rojas

COP16

En la Administración Pública, como miembro del Gabinete Presidencial:

Ø Director General de Petróleos Mexicanos durante 8 años (198 ...

Más de Francisco Rojas



ARTÍCULOS ANTERIORES


    Ver más artículos

    28 de diciembre de 2010

    Dos asuntos destacan de la reciente Conferencia de Naciones Unidas contra el Cambio Climático (COP16): primero, que fue un éxito diplomático de la canciller Patricia Espinosa y su equipo y, segundo, que no fracasó pese al pesimismo imperante después de la frustración con que terminó la COP15 hace un año en Copenhague y a la ausencia de los jefes de Estado o de gobierno de Estados Unidos, China, India y Brasil, principalmente.

    Los acuerdos de Cancún difieren por un año las decisiones sobre el segundo periodo de cumplimiento del Protocolo de Kioto, pero devuelven a la ONU el protagonismo climático y refuerzan el multilateralismo. Es poco probable que se renueve el Protocolo, hay nuevos desarrollos, como la REDD+ para preservar los bosques y los compromisos unilaterales de los países, así como nuevas bases para calcular el precio de los bonos de carbón.

    Con excepción de Bolivia, los otros 193 países representados en Cancún reafirmaron la necesidad de que el alza de la temperatura del planeta sea menor a dos grados centígrados al final del siglo XXI. Para que esto suceda, el mundo deberá reducir las emisiones de gas de efecto invernadero en 60%, de acuerdo con un reciente estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

    Aunque el gobierno de ese país firmó el Protocolo de Kioto en 1997 y se comprometió en Copenhague a reducir sus emisiones en 17% en 2020 respecto a 2005, el Senado no ha ratificado el Protocolo ni aprobado la Ley de Cambio Climático, y ahora es más difícil que lo haga debido al triunfo de los republicanos —renuentes a reducir el uso de combustibles fósiles— en las elecciones de noviembre pasado.

    Otro escollo en Copenhague fue China por su negativa a la certificación internacional de sus emisiones de gases contaminantes a la atmósfera. En Cancún accedió a una revisión “no intrusiva, no punitiva y respetuosa de la soberanía nacional”, lo que es un avance, pero la comunidad internacional sólo podrá verificar la reducción de emisiones que se haga con recursos de procedencia internacional.

    Un paso importante, pero no suficiente, fue el compromiso de los países desarrollados de financiar con 30 mil millones de dólares a las economías en desarrollo para que disminuyan las emisiones y se adapten al cambio climático, que se elevará hasta llegar a los cien mil millones de dólares en el año 2020, aunque no será fácil llevar estos acuerdos a la práctica.

    La conferencia de Cancún decidió la creación del Fondo Verde, que será administrado por el Banco Mundial, pero cuyas decisiones serán tomadas por un comité de países desarrollados y en desarrollo. Estos recursos se destinarán a la protección de las selvas tropicales, la transferencia de tecnologías limpias y el apoyo a los países en desarrollo. Para apreciar la importancia del Fondo Verde hay que considerar que cerca de la quinta parte de las emisiones provienen de la deforestación provocada tanto por la tala excesiva de bosques como por el uso de zonas boscosas para la producción agrícola y ganadera.

    El problema de fondo, sin embargo, es que el desarrollo industrial de las actuales potencias se fundó en la quema de combustibles fósiles, principalmente carbón y petróleo, Estas prácticas aumentaron la concentración de CO2 y otros gases tóxicos en la atmósfera, lo que provocó un “efecto invernadero”, es decir, aumentos excesivos y rápidos en la temperatura del planeta. Y mientras el mundo toma conciencia del riesgo de una catástrofe global, las potencias continúan descargando gases a la atmósfera.

    El calentamiento global es responsable de que se hayan intensificado el calor, las lluvias torrenciales, los ciclones tropicales y los huracanes como los que afectaron a un tercio de la población mexicana en el año que termina. Paradójicamente, también se han extendido la sequía, la pérdida de tierras para el cultivo y la escasez de agua potable, que se torna tema de seguridad nacional.

    Si el costo del desarrollo de las potencias ha sido el calentamiento global, dichos países deberían revertir la tendencia, lo que requeriría entre dos y tres puntos del producto bruto mundial. Aún es tiempo de salvar al planeta y liberar a la humanidad de una catástrofe ambiental en la que no habría ganadores; y en Cancún se avanzó hacia esa meta gracias a la habilidad y paciencia desplegada por la diplomacia mexicana, que se anotó un éxito que hacía mucho tiempo no veíamos. Honor a quien honor merece.

    Coordinador del Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.