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Sandra Lorenzano

Visión desde el fondo del mar



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    04 de diciembre de 2010

    El jueves 2 diciembre fui invitada a presentar el nuevo libro de Rafael Argullol, Visión desde el fondo del mar (Acantilado, Barcelona, 2010) en la FIL de Guadalajara (el libro fue publicado por la editorial de Jaume Vallcorba, quien recibió este año, muy merecidamente, el Premio al Mérito Editorial que entrega la FIL. No dejen entrar a la página web del libro de Argullol; se llevarán una estupenda sorpresa: http://www.visiondesdeelfondodelmar.com). Quisiera compartir con ustedes algunos fragmentos de los que dije:

    Existen unos aborígenes australianos que avanzan a través de sendas desconocidas para los extraños, según el relato que alguna vez hizo Bruce Chatwin, “y de ese modo van dibujando un mapa que representaría los trazos de un canto primigenio que se refleja y reproduce a lo largo de los años. No hay caminos tangibles sino intangibles, y sus señales no son visibles sino invisibles, pero todo aquel que se introduce en el saber va reproduciendo los trazos de esa canción originaria”, escribe Rafael Argullol. Porque quizás el enigma del cual parte el conocimiento no sea una pregunta, sino un canto, una melodía que nos conduce, por supuesto, hacia el silencio. Pero no hacia el silencio de la ausencia de palabras, sino al que ha pasado ya por todos ellas, vuelto diálogo, vuelto ceniza, poema, balbuceo, y ha regresado para volver a explorar sendas desconocidas. Y esa relación entre canto, movimiento y pregunta tiene una respuesta que sólo puede ser vista tal vez una vez en la vida, si acaso, por un instante tan breve que hay quienes mueren sin haberse dado cuenta de este encuentro revelador -el único que verdaderamente podría haberles cambiado la vida-; para ello hay que estar atento a los dibujos que dejan sobre la arena las olas al retirarse, como en las propuestas del artista brasileño de origen polaco Franz Krajcberg, o a las rayas de los tigres dicen otros, cuya perfecta geometría me gusta ver como huella de la proporción áurea.

    Las sendas, los archipiélagos -como diría Argullol- tal vez sean infinitos. ¿Cómo saberlo? Pero en cada uno siempre habrá alguien que descubra la canción originaria para felicidad de sus pasos, y entonces quizás moje una pluma de quetzal en la sangre que baña la escalera y dibuje el primer graffiti de la historia. Porque todos los caminos son viajes de ida y vuelta, aunque el regreso sea quimera y el origen esté en constante movimiento.

    No busco contar un libro que me ha deslumbrado, que me envuelve cada vez que abro alguna de sus páginas; no podría. Busco simplemente dejar que las palabras hallen su propio eco entre las líneas. El mundo bien podría ser “la resaca de un dios borracho”, como escribe el autor. Naufragio y salvación, a pesar de todo, como el mar que se mira desde el fondo. Porque desde allí la luz es a la vez hallazgo y promesa.

    “El explorador se arriesga en territorio desconocido, y esto es literatura. El cirujano hurga en las pieles sucesivas hacia la entraña. Esto es escribir.” Y este explorador que abandonó los estudios de medicina para volverse, ahora sí, cirujano, sabe de pieles y de cicatrices, de encuentros y remolinos. No busco contar un libro que me ha deslumbrado, decía. Cómo contar la visión del Aleph que es el cosmos todo presente en una gota de saliva, si no es a través de enumeraciones vertiginosas. Cómo narrar el origen de la semilla más allá de la abismal marca del cromosoma sino a través de las membranas agitadas por el grito de Munch, o de los remeros filipinos yendo al encuentro de sus propios fantasmas.

    Rafael Argullol escribió uno y todos los libros a partir de su propia mirada. Como era la mirada de Carlos Argentino Daneri la que hacía aparecer el Aleph. Pero no estamos ya debajo de la escalera, sino en el fondo del mar: que es el fondo del ser, que es el fondo de la piel de la persona amada, que es el fondo de la historia última de nuestra propia raíz.

    El Aleph de Argullol y la sombra que proyecta ese Aleph al atardecer van tejiendo las veloces imágenes que, sin embargo, pausadamente, a lápiz en tiempos de urgencias, traza un narrador deslumbrante a la luz de la lámpara de Diógenes.

    http://sandralorenzano.blogspot.com

    twitter.com/sandralorenzano

     



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