aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Enrique Peña Nieto

Cinco transformaciones para un desarrollo sustentable



ARTÍCULOS ANTERIORES


    Ver más artículos

    08 de noviembre de 2010

    La crisis ambiental amenaza la viabilidad del planeta. Nuestra generación tiene el reto de armonizar las dimensiones sociales, económicas y ambientales del desarrollo para atender las necesidades de la población actual, sin comprometer el bienestar de las generaciones venideras. Para enfrentar este desafío, sociedad y gobierno nos debemos unir para construir un Estado eficaz que —a lo largo de la próxima década— logre cinco transformaciones estructurales a nuestro modelo de desarrollo.

    Primero, tenemos que transitar hacia una economía baja en carbono. Para lograrlo, debemos reducir nuestra gran dependencia energética de los combustibles fósiles, principales responsables del calentamiento global. Además, por razones económicas, es insostenible que nuestro modelo energético siga dependiendo del petróleo, un recurso no renovable cuya producción en México está en franco descenso.

    En contraparte, México tiene un gran potencial para generar energía a partir de fuentes renovables. El desierto del norte de México, por ejemplo, tiene una de las máximas radiaciones solares del mundo. Como lo planteó Al Gore en los Foros de Reflexión Compromiso por México, en los próximos cinco años el costo de la energía solar descenderá significativamente, lo que abre una oportunidad para que el país invierta en el desarrollo de tecnologías solares y disminuya la generación de electricidad con combustibles fósiles.

    Para lograr la transición energética de manera eficaz, necesitamos reformar Pemex. Por un lado, sin perder la propiedad estatal de la empresa, debemos permitir mayor participación privada para hacer más eficiente su funcionamiento.

    Por otro lado, debemos realizar una reforma fiscal integral que permita reducir los recursos que Pemex transfiere al gobierno (casi 40% de los ingresos federales). De esta manera, la empresa podría invertir parte de la renta petrolera en el desarrollo de energías “limpias”. En pocas palabras, que el propio petróleo financie el nuevo modelo energético sustentable.

    Segundo, tenemos que replantear el manejo hídrico del país. La poca disponibilidad natural de agua en los centros de mayor concentración poblacional, la contaminación y sobreexplotación de los acuíferos, aunado a las pérdidas por fugas y el desperdicio, exigen modificar la gestión actual.

    El agua de lluvia debe ser un recurso, no una amenaza. Los gobiernos debemos invertir más en infraestructura para la captación y el almacenamiento del agua pluvial y promover que cada casa, escuela y comercio cuente con sistemas locales para el mismo fin. De igual forma, tenemos que incrementar el volumen de aguas tratadas y reutilizadas. Estas acciones deben ser complementadas por un cobro justo por el servicio de agua para alcanzar dos objetivos: reducir su desperdicio y obtener más recursos para abastecer a los más de 10 millones de mexicanos que aún no cuentan con este suministro.

    Tercero, la crisis ambiental también amenaza la biodiversidad. Esto es particularmente grave para México, pues somos una potencia en la materia. En menos del 1.3% de la superficie del planeta tenemos casi todos los ecosistemas del mundo y ocupamos los primeros lugares en variedad de reptiles, mamíferos, anfibios y aves. Sin embargo, la destrucción de su hábitat pone en riesgo su existencia. En el país, anualmente, se deforestan 155 mil hectáreas, superficie mayor al Distrito Federal.

    Un mecanismo sencillo pero eficaz para revertir la deforestación y aumentar la recarga del agua es el “Pago por Servicios Ambientales Hidrológicos”. Bajo este esquema, los usuarios del servicio de agua potable destinan una parte de su pago para compensar económicamente a los dueños de las áreas forestales quienes, a cambio, se dedican a proteger y explotar de manera racional sus bosques. Este sistema funciona con éxito en el Estado de México, ya que permite el desarrollo económico de las comunidades al mismo tiempo que protege al medio ambiente.

    Cuarto, la crisis ambiental no sólo obliga a modificar nuestra forma de producir y consumir, sino también de desechar. Cerca del 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el país provienen de la basura. Por ello, es necesario reducir el volumen de desechos que generamos e incrementar su reutilización. Asimismo, debemos aumentar la infraestructura para recolectar, separar, reciclar y aprovechar el potencial de los residuos. Transformar la basura del país en energía es un objetivo que debemos alcanzar en la próxima década.

    Quinto, estas transformaciones serán más efectivas si logramos una mejor cooperación internacional. Así, la 16ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-16), próxima a celebrarse en nuestro país, será fundamental para establecer compromisos concretos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y acordar transferencias tecnológicas y financieras para que los países en desarrollo podamos responder mejor al reto ambiental.

    Con la suma de esfuerzos entre sociedad y gobierno, podremos crear un nuevo modelo de desarrollo sustentable. Por ello, al inicio de nuestro tercer siglo de vida independiente, tenemos que construir un Estado eficaz que tenga la capacidad de transformar los procesos de producción y de generación de energía, así como el manejo que hacemos del agua, bosques, selvas y fauna. Tenemos poco tiempo: la misión es urgente.

    Gobernador del Estado de México



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.