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Andrés Roemer

¿Viva el nuevo capo?

El Dr. Andrés Romer es periodista, escritor, conductor de televisión, politólogo, presentador de noticias, filántropo e intelectual. Nieto ...

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    21 de agosto de 2010

    ¿Si un “capo” muere, se acaba su organización delictiva? No, se reorganiza o sus “lugartenientes” se independizan. ¿Por qué? Las drogas son rentables: 1) son “productos con demanda inelástica”: los consumidores están dispuestos a pagar más del precio de mercado por consumirlas; y 2) tienen “oferta elástica”: cuentan con productos suplementarios (v.gr. la cocaína puede sustituir al crack). Quienes participan en negocios ilegales son amantes al riesgo, están dispuestos a perder la vida y la libertad con tal de enriquecerse rápidamente y su probabilidad de lograrlo aumenta en la medida en que persista un contexto de corrupción e impunidad, que hace poco probable que sean detenidos.

    Menor probabilidad de ser detenido y más de enriquecerse aumenta el número de personas dispuestas a participar en actividades delictivas y reduce la eficacia de medidas disuasorias (v.gr. prisión). Desde la óptica del análisis económico, la despenalización de drogas es una política más eficaz que la prohibición. Cito los tres puntos que dejé pendientes en la entrega anterior:

    IV.- CUERPOS DE SEGURIDAD. “O te lleno de oro, o te lleno de plomo”, es la frase que resume la extorsión que muchos servidores públicos padecen por no admitir sobornos. Enfrentamientos entre agentes que combaten el narcotráfico y agentes que protegen criminales son prueba de la infiltración de la delincuencia en los cuerpos de seguridad; la consecuencia de ello es la desconfianza de los ciudadanos hacia las autoridades.

    Podríamos categorizar que existen dos clases de policías y militares: aquellos que se benefician y cooperan con el narcotráfico y quienes cumplen con su deber aun cuando ello les cueste la vida. Con la despenalización, los perdedores serían los policías y militares corruptos; mientras quienes cumplen con su deber reducirían sus probabilidades de morir en acción.

    V.- FINANZAS PÚBLICAS. Ante la inseguridad, el gobierno pierde legitimidad de cobrar impuestos porque pierde sentido pagar contribuciones a un gobierno incapaz de brindar seguridad a los ciudadanos (bien público por excelencia). Además, la inseguridad inhibe la inversión y la corrupción impide el desarrollo competitivo de un país. Por el contrario, la legalización se traduciría en un aumento en la recaudación del gobierno por impuestos a la producción, distribución y consumo de drogas; y permitiría redistribuir recursos que ahora son destinados al combate del narcotráfico.

    VI.- CONTEXTO INTERNACIONAL. Esta situación nos plantea dos consideraciones importantes: 1) Presión internacional; implementar una política que ha sido rechazada por la ONU y por el gobierno de Estados Unidos -principal mercado de consumo de drogas ilícitas y principal socio comercial de México- conllevaría costos políticos. 2) Externalidades interjuridiccionales; si todas las jurisdicciones regionales no legalizan el consumo de drogas simultáneamente, el tráfico de drogas seguiría siendo gran negocio en aquellas jurisdicciones donde sea ilegal. Lo ideal sería que la despenalización se diera de manera simultánea en países vecinos.

    Para la organización Poder Cívico A.C. el balance del debate favorece la despenalización, mas no se trata sólo de eliminar la prohibición, antes se requiere discutir el “cómo”. Se debe considerar la complejidad de implementar un esquema regulatorio eficiente, (reforma constitucional, expedición de leyes, reglamentos, normas oficiales, impuestos, programas, permisos, etc.); costos de sanción y de instituciones que vigilen la aplicación de la Ley. Sin una adecuada campaña de educación y de conciencia colectiva, legalizar este mercado puede generar un aumento en su consumo por los adolescentes y derivar en desintegración familiar lo que afectaría a la economía nacional. Bajo este escenario ¿debe el Estado dejar en manos de los ciudadanos el consumo de drogas? En la entrega final nos ocuparemos de esta cuestión.

    aroemer@podercivico.org.mx

    Presidente de Poder Cívico, AC



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