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Hernán Gómez Bruera

De impunes y falsos católicos

Hernán Gómez es analista político, internacionalista; especialista en América Latina y potencias emergentes. Profesor del CIDE y la Univers ...

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    21 de agosto de 2010

    La polémica en torno a las declaraciones del cardenal Juan Sandoval Íñiguez tiene menos que ver con la homofobia de una parte de la jerarquía católica (no necesariamente representativa del sentimiento mayoritario de quienes profesan esa religión en México) que con los límites al poder de la Iglesia católica y la impunidad que han gozado y pretenden mantener algunos ministros de culto.

    Sandoval Íñiguez es el menos indicado para iniciar una cruzada moral, cualquiera que ésta sea. Un hombre que vive por encima de la ley, que ha sido acusado de malversación de limosnas, lavado de dinero procedente del narcotráfico, evasión fiscal, enriquecimiento ilícito y hasta protección de pederastas carece de la más mínima autoridad para lanzar acusaciones ligeras de corrupción, dictar valores familiares o pretender imponer con quién y cómo nos vamos a la cama las y los mexicanos.

    El cardenal acusa sin pruebas al jefe de Gobierno del DF por haber “maiceado” a los ministros de la Corte para avalar la adopción de menores por parejas del mismo sexo. Casualmente, el autor de estas declaraciones también fue acusado en 2003 por Jorge Carpizo de sostener vínculos con narcotraficantes como Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo, Miguel Ángel Félix Gallardo y tantos otros más. La denuncia mostraba cómo Sandoval Íñiguez fue escalando posiciones en la Iglesia gracias a sus nexos con algunos poderosos cárteles.

    Carpizo definió así a este siniestro personaje: “Su gran inteligencia le hizo ver que iba a tener mucho más poder dentro de la Iglesia católica, que si hubiera llevado una carrera electoral entrando a la política activa. El señor, de dirigente religioso no tiene nada. Es un político con sotana. Uno de los hombres con más poder material en México”. Y se preguntaba: “¿Será posible que el cardenal Sandoval Íñiguez crea en Dios? ¿O sencillamente es un verdadero hipócrita?”.

    Una aproximación para entender a este personaje es el perfil que Sanjuana Martínez publicó en el libro Los intocables (Ed. Planeta). Allí se detallan también algunas de las posiciones de este líder de la ultraderecha, enemigo de los derechos humanos que a su juicio sólo sirven para “desestabilizar al país” y “defender delincuentes”.

    Aliado a grupos ultraconservadores como El Yunque, el Opus Dei, el Grupo Jalisco, la organización Desarrollo Humano Integral y el propio PAN, Sandoval no sólo ha sido un propagador de ideas retrógradas, sino también un incitador del odio a lo diferente. Ya en alguna ocasión declaró que “las mujeres no deben andar provocando, por eso hay muchas violadas” y afirmó que las “desviaciones sexuales” son un acto vergonzoso que debe mantenerse en secreto.

    El mismo cardenal que hoy lanza serias acusaciones de corrupción es el mismo que dirige una institución —la Casa Alberione— a la que van a “rehabilitarse” presuntos sacerdotes pederastas de varios estados y donde jamás alguno ha sido llevado ante la justicia.

    Juan Manuel Estrada, presidente de la Fundación de Niños Robados y Desaparecidos, refiere el caso de al menos tres sacerdotes violadores, entre ellos uno que abusó de un niño con problemas de aprendizaje, a quienes el cardenal protegió y escondió.

    Sandoval Íñiguez es un impune que se sabe impune. Por eso no ha tenido suficiente con inmiscuirse directamente en la política electoral al llamar abiertamente a votar en contra de un partido y operar tras bambalinas a favor de otro, en flagrante violación al artículo 130, inciso E, de nuestra Carta Magna. También quiere demostrar que puede decir lo que quiera, cuando quiera y como quiera. Por eso su descaro y su cinismo no tienen límites. Por eso atenta contra nuestras leyes e instituciones, esparce estiércol sobre la Constitución y prueba los límites de nuestro débil Estado laico.

    Si el gobierno federal, a través de la SRE, emitió un extrañamiento al senil ex presidente cubano por (presuntamente) descalificar a las instituciones mexicanas, lo mínimo que podría hacer ahora sería formular, a través de la Secretaría de Gobernación, un extrañamiento similar. Éste no es asunto de partidos. Tiene que ver con la defensa del Estado laico. En ello, sin lugar a dudas, debemos estar todos del lado de Ebrard.

    h.gomez-bruera@ids.ac.uk Twitter: @hernangomezb

    Analista político



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