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Manuel Camacho Solís

Diálogos, ¿sin trabajo de gabinete?

Ha participado en importantes diálogos y negociaciones políticas: con las organizaciones de damnificados después de los sismos de 1985; el S ...

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    16 de agosto de 2010

    Los diálogos sobre la seguridad fueron un primer paso para abrir la comunicación. Sin embargo, estuvieron lejos de abrir un proceso que permita corregir una política, formular una alternativa de Estado y conseguir el respaldo necesario. Ciertamente que el problema del liderazgo es central, pero hay uno, previo e indispensable, que estuvo ausente: no hay un trabajo de gabinete que respalde los intercambios.

    En un gabinete se presenta un documento que sirve para establecer un diagnóstico del problema que se trata. Se organiza la información relevante. En base a ello se definen las opciones de política. Los miembros del gabinete reaccionan respecto a lo que se plantea. Unos se inclinan por una posición. Otros por la otra. Se argumenta en uno y otro sentido. Al final, quien preside, o sea el jefe de Gobierno, decide e instruye a los responsables.

    Entre más importante sean el problema a tratar y las consecuencias del cambio de política, más necesario será contar con un punto de apoyo. Esos documentos de calidad son parte fundamental de la tarea de gobierno y de la conducción de la administración pública. ¿Cómo se puede tomar una decisión responsable si no se parte de un diagnóstico objetivo, si no se cuenta con la información necesaria, si no se conoce qué es lo que preocupa a quienes operan, si no se tiene una idea de la dimensión y los recursos con los que se cuenta? Por eso la tarea de gobierno exige de un mínimo de capacidad profesional en las materias que se tratan. No se puede, no se debe, improvisar.

    Si la discusión de un asunto serio no se hace con responsabilidad, los puntos de vista pueden terminar siendo ocurrencias, u opiniones sin ton ni son; aun cuando éstas provengan de personas inteligentes y experimentadas.

    Si el propósito de los “diálogos” es comunicar que se está dialogando; se logró en parte el propósito. Quienes ven la televisión dirán: qué bueno que están hablando. Cada parte logró fijar un mensaje que lo protege. Pero de ahí, no pasó.

    Si el propósito no fuera sólo comunicar y posicionarse conforme a una idea de mercadotecnia política; entonces, el trabajo de gabinete, la separación entre el diálogo público y el no público, la definición de las opciones con el debido rigor y la construcción de consensos efectivos —que son compromisos efectivos— se vuelven imprescindibles. Todo eso quedó pendiente.

    La pregunta es: si frente al tema de la seguridad es suficiente con los posicionamientos; o debe irse a fondo a discutir el rumbo de la política y sus implicaciones operativas, indispensables para probar la superioridad de una opción frente a la otra.

    Lo que hace falta en materia de seguridad es construir una política de Estado. Los diálogos realizados no lograron ese propósito. El tramo restante es demasiado largo. Por eso no se puede abandonar la idea de un verdadero diálogo nacional que representa la única opción práctica frente a la violencia y al deterioro social que amenazan con arrastrar al Estado y a la sociedad.

    Coordinador del Diálogo para la Reconstrucción de México (DIA)



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