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Editorial de EL UNIVERSAL

Moscú endemoniado

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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    10 de agosto de 2010

    Cuesta trabajo creer que el aumento en un solo grado de la temperatura promedio mundial pueda poner en riesgo la vida en el planeta. Así es. Las pruebas están a la vista con un Moscú hirviendo a 40 grados centígrados.

    Por desgracia, parece que ni siquiera esos desastres naturales son capaces de hacer pactar a los líderes mundiales en favor de la estabilización ambiental. El deshielo de los polos, el hoyo en la capa de ozono, la mayor frecuencia de huracanes y sequías han sido insuficientes para los gobiernos del mundo.

    En la última cumbre mundial sobre cambio climático, EU y China representaron los intereses de los dos bloques en disputa por la responsabilidad del deterioro ambiental y los sacrificios necesarios para frenarlo. Por un lado Estados Unidos abanderó a las naciones “ricas” que buscaban que todos asumieran los costos de un desarrollo económico sustentable, basado en la sustitución de tecnología. Por el contrario, los países agrupados en torno a China argumentaron que ellos no eran los culpables de la situación actual y que sería injusto limitarlos ahora en sus aspiraciones de crecimiento económico. Fue imposible conciliar ambas posturas.

    México, un país en medio de ambos polos, será sede en Cancún de la próxima cumbre sobre el tema a finales de este año. Nuestro país tendría que aprovechar el interés nunca antes visto del mundo alrededor de un asunto ambiental para jugar un rol relevante en un tema definitorio del futuro de la civilización humana. Si en algo puede trascender México en el corto plazo es en la reunión del próximo noviembre.

    Por primera vez las potencias centran sus esfuerzos diplomáticos ya no en una crisis económica global o para la resolución de una guerra, sino en pro de un asunto que hasta hace poco era considerado frívolo, políticamente correcto y estético si se quiere, pero concerniente sólo al ámbito “altermundista”. Sin embargo, México tendrá como desventaja el creciente escepticismo estadounidense. Contrario a lo que pasaba en la cumbre de Copenhague, ahora un amplio sector de la población gobernada por Barack Obama cree que el cambio climático es una exageración. Si la administración Obama pierde el impulso que lo caracterizó en este tema, será imposible que China acceda a un acuerdo.

    ¿Realiza el gobierno mexicano un esfuerzo equivalente al reto? Todo indica que no pues ha buscado bajar el nivel de los asistentes a la cumbre en Cancún, algo que podría pagarse caro. Si los líderes mundiales, con todo su peso, no consiguieron destrabar el problema, difícilmente lo harán los segundones.



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