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Alejandro Encinas Rodríguez

Los primeros resultados

Es economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. En su actividad profesional se ha desempeñado como asesor de la Comisi ...

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    06 de julio de 2010

    Tras la elección del pasado domingo se ha generalizado la tentación de presentar conclusiones globales para utilizar mediática y políticamente los primeros resultados a favor no sólo de los contendientes sino de los intereses más disímbolos. Pero debe hacerse un análisis objetivo de lo que hasta ahora ha acontecido. Por ello, a reserva de disponer de los resultados oficiales y de su litigio, adelanto las siguientes consideraciones:

    1. Ante los signos ominosos que precedieron la elección —el asesinato del candidato del PRI en Tamaulipas, la violencia en Oaxaca, el cinismo de los gobernadores negando delitos que evidencian distintas grabaciones, la pérdida de autonomía de los órganos electorales—, ésta se desarrolló sin violencia gracias a la participación ciudadana, la presencia de observadores y la estructura de defensa del voto que inhibieron la capacidad de operación de la mapachería.

    2. Los procesos que vivimos este 4 de julio son locales, que si bien se celebran el mismo día, obedecen a dinámicas regionales con condiciones y características propias. Si bien es importante quién gana la gubernatura, falta analizar los resultados puntuales, los porcentajes de cada partido y el contrapeso que ejercerán en los congresos locales y en los municipios, por lo que no marcan una tendencia nacional.

    3. La buena noticia, incluso para quienes cuestionamos las coaliciones, es que perdieron dos de los caciques más autoritarios del sindicato de gobernadores: Ulises Ruiz y Mario Marín. La mala, es la permanencia de Fidel Herrera y Miguel Ángel Osorio en Veracruz e Hidalgo. Ya caerán.

    4. La mayor parte de los medios de comunicación y el PRI insistirán en que el dinosaurio está vivo y listo para restaurar el viejo régimen, lo cual no se sostiene con los resultados, ya que el PRI pierde al menos tres gubernaturas —falta Durango. Calderón y el PAN pierden Aguascalientes y Tlaxcala, y ciudades como Tijuana, Mexicali y en general las elecciones locales en Baja California, y el PRD pierde un bastión emblemático en el centro norte del país: Zacatecas.

    5. Por ello no caben análisis superficiales, como de quienes afirman que regresó el PRI. Por el contrario, asistimos a elecciones en estados en su mayoría gobernados por el PRI en los que se ha mantenido un férreo control sobre su estructura corporativa, a la que distintos gobernadores, en especial Peña Nieto en todos éstos, y Humberto Moreira en Zacatecas, canalizaron fuertes sumas de recursos, tanto públicos como de dudoso origen; entidades en donde los órganos electorales se han debilitado y perdido autonomía. Se debe entender además que lo que propició el cambio en las entidades ganadas por la coalición obedeció a un fenómeno donde la ciudadanía apoyó a candidatos que rebasaron las filas partidarias.

    O como el de Paredes, quien sostuvo: “El PRI ganó contundentemente y nos ubica como la primera fuerza del país”. ¿Y los estados que perdió? ¿Y los 11.5 millones de mexicanos que dejará de gobernar? ¿Y los porcentajes de la oposición que generarán contrapesos en los congresos locales? ¿Y las ciudades y municipios que perdió?

    O el de César Nava, quien festejando dijo que el PAN “aumentó en 50% la población que gobernará”. ¿Y los estados y ciudades que perdieron? ¿Y qué acaso los estados ganados no los ganó la coalición?

    6. En el caso del PRD, más allá del gusto que da la derrota a los cacicazgos más acendrados, se avecina una discusión entre quienes sostendrán que las coaliciones fueron un éxito y deben promoverse en los próximos procesos locales y quienes las van a descalificar. Este debate debe darse sin tapujos ni fratricidios. En el centro de esta discusión debe colocarse Zacatecas, que ganó efectivamente el PRD, las declinaciones de candidatos perredistas en favor del PRI en Baja California y Tlaxcala, las incapacidades orgánicas que algunos estados alientan corrupción y pragmatismo, la necesidad de reencontrar su identidad ideológica de cara a la sucesión presidencial y cómo garantizar que en los estados donde se ganó la gubernatura se conformen gobiernos de transición democrática y no se reproduzca la mala experiencia del zeferinismo.

    Faltan los resultados definitivos. Por lo pronto, lo más importante es que se frenó el intento de restauración autoritaria del viejo régimen.

    alejandro.encinas@congreso.gob.mx

    Coordinador de los diputados federales del PRD



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