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Sandra Lorenzano

En memoria



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    20 de junio de 2010

    1. Sé que el único comentario que de verdad quisiera leer o escuchar sobre el dolor y las ausencias (sobre SU ausencia), es el del propio Monsiváis. Pero, aquí van estas líneas. Sepa Usted disculpar, querido Maestro.

    2. Con Monsi aprendimos —“Contigo aprendí…”— que la inteligencia, el humor, la agudeza y la ironía son las mejores armas críticas para sobrevivir en nuestro mundo de corrupción e injusticias, pero también las mejores armas para fortalecer la solidaridad. Aprendimos a mirar de otra manera la historia patria, a ser irreverentes pero comprometidos; a escuchar a los excluidos de siempre: indígenas, chavos banda, homosexuales, migrantes, mujeres…; a percibir las voces de la ciudad (de las ciudades), a recorrerla con mirada de flanêur (iba a agregar “posmoderno”, pero recordé inmediatamente la voz del propio Carlos Monsiváis diciendo “¿pos qué?”), a volver a Casiodoro de Reina y a Salvador Novo.

    Con sus libros, con sus artículos, con sus rápidas y agudísimas respuestas aprendimos a pensar que las sociedades, que nuestra sociedad, es cambiante, múltiple, heterogénea; aprendimos a mirar el ejercicio periodístico como espacio de libertad, a la palabra como responsabilidad ética y medida de profundidad.

    Para decirlo con un solo término: Monsiváis era (ES, en presente) un “monstruo”, en el sentido más cariñoso y admirativo del término: lo vio todo, lo registró todo, lo analizó todo, lo recordaba todo y, por supuesto, hacía una crítica brillante y ferozmente inteligente de todo.

    Nuestro privilegio es entonces poder ver el mundo que él nos descubrió. Así nomás, “documentando nuestro optimismo” cotidiano. Estoy segura de que sin la voz, sin el implacable sentido ético, sin el absoluto compromiso con la justicia de Monsiváis, a este México nuestro le costará mucho más salir del horror en el que está inmerso.

     

    3. Es por ello, porque Carlos Monsiváis es el mejor de nosotros, que hoy quisiera correr a darle un abrazo y pedirle que haga el único comentario imprescindible frente a la partida del más lúcido y entrañable de nuestros pensadores.

     

    Escritora

     

     

    Quizá pueda contar lo especial que fue publicar los libros de Carlos Monsiváis. Días de guardar fue el primero de ellos en Ediciones Era, publicado en 1970 y al calor del movimiento estudiantil de 1968, del que Monsiváis fue testigo privilegiado, como siempre lo fue de las conmociones sociales en nuestro país.

    En el curso de esos 40 años publicamos 10 de sus libros, por lo que se convirtió en una figura central de Era. Tenía la enorme capacidad, en su carácter de cronista y ensayista, de tocar desde los temas políticos que atañían a México, hasta los de nuestra cultura, lo mismo la popular que la alta cultura. Su enorme capacidad quedó plasmada en libros como Amor perdido, Entrada libre y Los rituales del caos.

     

    Como escritor, Monsiváis era un obsesivo. Después de entregar sus textos para editar los corregía compulsivamente en todo tipo de presentación: en galeras, en páginas ya formadas y con esa tremenda memoria que poseía hacía además correcciones por teléfono sin tener el original en la mano.

     

    Era editó su aportación a la historia y a la vida cotidiana de México, que fue decisiva a través de una visión crítica que acompañaba con una muy singular mordacidad, propia de un trabajo que él calificaba, con su ironía, como un simple manual de costumbres.

     

    Directora general de Ediciones Era

     

     

    Cuando un escritor y periodista como Carlos Monsiváis se muere, uno piensa en la multiplicidad de labores y profesiones que este hombre hizo a favor de México. Es cronista de las minorías los indígenas, los homosexuales, los desempleados y aquellas especies humanas que no tienen voz. Y aunque esto suene como lugar común, una visión como la de el autor de la conciencia colectiva de este país es absolutamente imprescindible, porque no todos los intelectuales de este país tienen el concepto de patria, de nación y de compromiso con los descastados.

    Que un escritor como Monsiváis haya muerto es un daño irreparable para un país que necesita pensarse, para un lugar en donde los intelectuales han renunciado a servir a los demás, donde los intelectuales están atendiendo los intereses del poder. En un lugar donde los intelectuales no observan que este país está sin rumbo y dividido. Carlos es una voz que va a hacer mucha falta.

     

     

    Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska no han renunciado al compromiso que tienen con la pluma, no renunciaron a los compromisos que se tienen con este país. Sé que suena a discurso político, pero si se pusieran a leer los textos de Carlos Monsiváis, si leyeran el último Apocalipstick entenderían el grave problema en el que nos ha metido la derecha de este país.

     

     

    Ojalá surgiera otro Monsiváis, ojalá haya otros disidentes del pensamiento que le digan al poder las atrocidades que se están cometiendo. Carlos Monsiváis nos va a hacer mucha falta, lo vamos a ver en los próximos días.

     

    Periodista y escritor

     



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