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Jordy Meléndez Yúdico

¿Qué sucedió en Colombia?

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    01 de junio de 2010

    “La trama de la sociedad democrática se teje sobre la incertidumbre”. Claude Lefort

    La incertidumbre sobre los resultados de una elección es, por lo general, muestra de un sistema democrático plural y competitivo. Sin embargo, pocas veces hay resultados que sorprendan tanto, por inesperados, como los de este domingo en Colombia, donde prácticamente nadie imaginó que el candidato del oficialismo uribista, Juan Manuel Santos, obtendría una victoria tan amplia sobre el candidato del Partido Verde, Antanas Mockus, en la primera vuelta.

    Con 99.7% de las mesas computadas, la Registraduría Nacional informó que Santos logró captar 46.6% de los votos contra 21.5% de Mockus. Una diferencia de 25 puntos porcentuales. Pero la sorpresa no viene de que Santos haya vencido en esta etapa, ni de que Mockus haya quedado segundo, sino de la abismal diferencia entre uno y otro. Hasta hace una semana, todas las encuestadoras anticipaban una votación cerrada entre los punteros. Si revisamos los resultados de Datexco (21 de mayo 2010), ésta pronosticaba 35% para Santos y 34% para Mockus; el estudio de la Universidad de Medellín (20 de mayo 2010) daba 37% Mockus y 32% Santos.

    Un primer impulso es imputar las fallas a la metodología de las encuestas que, como las anteriores, fueron solamente telefónicas, y aducir entonces que hubo un sesgo urbano en las mediciones. Sin embargo, al ver encuestas realizadas en vivienda, los resultados eran prácticamente los mismos; por ejemplo, la de Invamer Gallup (20 mayo 2010) anticipaba 37.5% para Santos y 35.4% para Mockus. La pregunta, pues, se mantiene: ¿cómo sucedió esto? En efecto, es posible que el sector rural, mayoritariamente religioso y conservador, no viera en Mockus a un académico progresista sino a un político extravagante que podía poner en riesgo los logros de la política de seguridad democrática de Uribe. No es ocioso mencionar que Santos triplicó a Mockus en regiones donde ha sido intensa la acción del Estado contra las FARC (Cundinamarca, Caquetá y Meta, entre otras). Pero al conocer el porcentaje de población rural en Colombia (26%, según el World Factbook de la CIA) la explicación se queda corta. El sector rural no fue el único que definió esta elección.

    Una pista la da Santos mismo al declarar: “Este es su triunfo, presidente Uribe”. La popularidad del mandatario saliente, que se mantiene aún en niveles altísimos, no sabe de clases ni de sectores urbanos o rurales. Un ejemplo claro es que Mockus no pudo ganar ni siquiera en Bogotá ni Medellín, dos plazas que se creía podían favorecer al Partido Verde dadas las excelentes gestiones de Mockus, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, todos ex alcaldes de la capital colombiana, y de Sergio Fajardo, fórmula vicepresidencial de Mockus, ex alcalde de Medellín y uno de los artífices de la transformación social y educativa de dicha ciudad.

    Ahora bien, Mockus y su equipo de campaña han dicho que irán con todo en la segunda vuelta, a realizarse el 20 de junio próximo. Las dificultades no serán fáciles de vencer. Dado el panorama actual, parece claro que la sociedad colombiana no buscará un cambio de rumbo tajante. A Santos le basta no cometer un error de enormes proporciones y que un pequeño porcentaje de votantes de Germán Vargas Lleras (quien obtuvo 10% de los votos) o Noemí Sanín (6%) se transfiera a su electorado base y así conseguir la victoria.

    Mockus, por su parte, ha comenzado a buscar apoyo de las otras fuerzas políticas opuestas al uribismo, pero debe hacerlo sin resquebrajar la idea principal de su campaña: “No todo vale”, que postula que los fines no justifican los medios. “Aquí no hay nada que repartir, sólo ideas que compartir”, mencionaba el domingo por la noche.

    Para concluir: ¿podrán Mockus y su movimiento, que hace menos de mes y medio tenían sólo 9% de la intención de voto, lograr aquello que parece imposible? Con 20 días de campaña por delante y las encuestas seriamente cuestionadas, intentar poner punto final a este proceso sería injusto y por demás innecesario. La moneda, guste o no, está en el aire.

    jordy182@hotmail.com twitter: @jordy_my

    Internacionalista por El Colegio de México



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