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Francisco Rojas

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    04 de mayo de 2010

    Ante la pérdida de rumbo y credibilidad del PAN, que aprendió a ser oposición pero no a gobernar, la fracción parlamentaria del PRI en la Cámara de Diputados ha presentado iniciativas y logrado la aprobación de decretos y leyes sobre los aspectos más relevantes de la economía, la sociedad y la política mexicanas.

    Con la amplia participación democrática de nuestros diputados, hemos sacado avante los temas más importantes de nuestra agenda legislativa; en el primer periodo de sesiones, por ejemplo, logramos aprobación casi por unanimidad de todas las fuerzas políticas del paquete fiscal.

    Durante el segundo periodo ordinario de sesiones de la actual Legislatura, los diputados priistas propusimos reformas sustanciales al sistema de partidos, al proceso legislativo, a la protección de la información personal y a las acciones colectivas que protegen a la gente de arbitrariedades. También reafirmamos el carácter laico del Estado, que ha sido esencial para la paz interior y la concordia social, ahora tan lastimada; esta convicción y los amagos al laicismo en los últimos diez años, nos indujeron a incluir ese carácter explícitamente en el artículo 40 constitucional.

    Los mexicanos claman por la verdad y la honestidad de sus gobernantes, y una de las vías más frecuentes de simulación es el uso electorero de los programas asistencialistas. Para impedirlo, es preciso clarificar los padrones de beneficiarios, medir y evaluar los resultados, lo cual impulsamos con reformas a la Ley General de Desarrollo Social. Promovimos también propuestas para proteger de la violencia a las mujeres, preservar los derechos lingüísticos de los pueblos indígenas, combatir la piratería y aumentar las penas de prisión a los traficantes de personas. Se protegerá a los usuarios de la banca frente a las altas comisiones y tasas de interés. Asimismo se aprobó la Ley de Competencia Económica, para combatir más eficazmente los monopolios y oligopolios, para reducir los precios de consumo y diversificar las opciones en la compra de bienes y servicios.

    Resueltos a abatir el rezago y mejorar los sistemas de rendición de cuentas, logramos que se dictaminaran las cuentas públicas de los ejercicios fiscales 2002, donde la Auditoría Superior de la Federación destacó las ineficiencias que se traducirían en el mayúsculo despilfarro de recursos del sexenio foxista. La correspondiente a 2007, primera de Calderón, también se reprobó, entre otros. por su ineficaz manejo del gasto y por destinar recursos no ejercidos por 84 mil millones de pesos a fideicomisos de manifiesta opacidad. Por eso, buscamos abatir los subejercicios del gasto, evitar el manejo arbitrario de los recursos autorizados y establecer sanciones por el uso inadecuado o ineficiente del gasto público.

    La crisis financiera y el manejo indebido de la política económica hirieron la economía familiar. Por ello enfocamos la reforma hacendaria en tres partes: el financiamiento, para lo cual propusimos reorientar y fortalecer la Banca de Desarrollo; la Política Fiscal, sobre la que no se ha recibido iniciativa del Ejecutivo; y la Política de Gasto.

    Con el falso “boquete fiscal” se alarmó a la sociedad y se presionó a los diputados para aumentar impuestos. Tenemos claro que los mexicanos no aceptarían pagar más contribuciones si no reciben mejores servicios a cambio ni tienen certeza y claridad sobre el uso y destino de ese dinero. Por ello, propusimos modificar la Ley Presupuestaria para contar con una herramienta anticíclica, hacer efectivos el control y la evaluación de resultados del gasto, acotar la discrecionalidad en su manejo y agilizar las reglas de operación.

    Además, promovimos la racionalización de los gastos fiscales: la reducción del gasto corriente de los altos mandos; la autonomía del Servicio de Administración Tributaria a fin de fortalecer su independencia técnica, hacer eficiente la recaudación y evitar el manejo parcial de la política fiscal; y que las resoluciones de la Auditoría Superior de la Federación sean inculpatorias.

    Diez años son muchos. Más de dos sexenios serían inaceptables; el país requiere un cambio de rumbo, de personas y de forma de gobernar. Los resultados de las próximas elecciones confirmarán el hartazgo de la gente con los ineptos gobernantes, que regresarán a ser oposición. Los legisladores del PRI cumpliremos con la responsabilidad que nos ha sido encomendada.

    Coordinador de los diputados federales del PRI



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