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Gabriel Guerra Castellanos

¿Qué le pasó a la imagen de México?

Es presidente y director general de Guerra Castellanos y Asociados, empresa líder en temas de comunicación estratégica.

Tiene una ampl ...

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    26 de abril de 2010

    La recientemente aprobada “Ley Arizona” y la propuesta de Bill Clinton de poner en marcha un “Plan México” para combatir de manera más eficaz al narcotráfico son malas noticias para nuestro país. De la mano con otros planteamientos, como la solicitud de militarizar la frontera del gobernador de Nuevo México Bill Richardson o los del todavía senador por Arizona John McCain nos hablan de un ambiente cada vez más hostil y escéptico en EU hacia todo aquello que tenga que ver con México.

    Hechos seguramente aislados entre sí, reflejan la creciente preocupación que existe en EU acerca de lo que acontece en nuestro país y las graves consecuencias que tiene el deterioro de la imagen en el terreno práctico, ese que afecta cotidianamente a nuestros paisanos en EU, a los negocios entre ambas naciones, al turismo, las inversiones y todo lo demás que se desprende del contacto con nuestro vecino y de paso con el resto del mundo.

    Podemos discutir hasta el aburrimiento si se trata de un problema de realidad o de percepción, pero lo cierto es que lo que los demás piensan de uno tiene un impacto real en la manera en que lo tratan, y si ya hemos en el pasado pagado los costos de ser menospreciados a falta de una eficaz política de promoción, hoy estamos enfrentando el doble reto de ser mal vistos adentro y afuera, y de enfrentar además una realidad que no tiene nada de sencilla, sobre todo en lo que al imperio de la ley o del estado de derecho se refiere.

    En la última década hemos visto cómo el peso especifico, la influencia y el prestigio de México en el exterior se han tambaleado, por una combinación de factores que incluyen el descuido o desatino gubernamental a veces, pero también y sobre todo el creciente desinterés que lo mismo los partidos y el Legislativo que el sector privado, la academia y los medios de comunicación mexicanos muestran frente a lo que sucede fuera de nuestro país y particularmente en nuestro entorno natural, que por razones geográficas y económicas es Norteamérica, aunque sobra decir que este déficit de imagen no se circunscribe a una sola parte del mundo.

    Sería injusto echar toda la culpa al gobierno o a esta administración. La última década estuvo marcada por los gazapos, la arrogancia y la ineptitud, primero, y sólo después por las oportunidades pérdidas en materia de posicionamiento internacional. Ni el nuevo milenio ni el desorden internacional que lo acompañó sirvieron para replantear nuestra política exterior. El así llamado “bono democrático” se fue diluyendo en pleitos y desplantes, y en muchos casos la diplomacia mexicana se ha debido enfocar más en la reparación de daños que en proyectos más audaces.

    En el camino la imagen de México se ha deteriorado paulatinamente en términos absolutos y relativos por la violencia desatada por la guerra contra el narcotráfico, pero sobre todo por algo que no es coyuntural sino estructural: la falta de avances frente a nuestros competidores. Cuando se habla hoy de países emergentes se piensa en un acrónimo, BRIC (Brasil, Rusia, India y Corea) que se escribe —lamentablemente— sin la M de México.

    El mundo ha cambiado y sigue cambiando, y México apenas ha regresado al statu quo anterior, en un reflejo de lo que sucede en todo el país: sufrimos de una ausencia de competitividad y de combatividad. No hemos sabido promover ni posicionar a México: más allá de algunos talentos y habilidades individuales, no hay una estrategia, una política, una adecuada implementación de la comunicación de nuestro país, con lo cual nos rezagamos incluso frente a nuestros socios y somos cada vez menos influyentes y relevantes y cada vez más amenazantes.

    El caso emblemático de Brasil nos podría servir de acicate. Los brasileños están en todo porque así se lo han planteado. Nosotros, en cambio, no paramos de vernos el ombligo en vez de mirar nuestro entorno, y parecemos no entender que las políticas de promoción modernas van mucho más allá de la diplomacia: pasan por el comercio y la industria; por la educación y la tecnología; por las artes y las letras; por las iniciativas ciudadanas; por las libertades y los derechos humanos. Pasan por la comunicación, pero tienen que comenzar por algo más básico y mucho más difícil: por la visión del país que queremos ser, que queremos proyectar.

    gguerra@gcya.netwww.twitter.com/gabrielguerrac

    Internacionalista



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