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Gabriel Guerra Castellanos

El drama de Polonia

Es presidente y director general de Guerra Castellanos y Asociados, empresa líder en temas de comunicación estratégica.

Tiene una ampl ...

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    12 de abril de 2010

    La muerte de su presidente y casi un centenar de sus acompañantes en un percance aéreo es algo más que una lamentable tragedia para Polonia, que pierde a muchos de sus mejores cuadros y que entrará forzosamente a un proceso de recomposición de su clase política y de sus alianzas gubernamentales, así como a un profundo análisis de su lugar en Europa y en el mundo.

    El luto nacional de una semana servirá para iniciar ese proceso de reflexión y para dar vuelta a la hoja de una etapa por demás singular en la historia reciente de Polonia, marcada no solamente por la peculiaridad de tener a dos hermanos gemelos virtualmente idénticos en el centro del escenario político sino también por el giro que ambos le dieron a la vida pública en Polonia

    Lech Kacszynski (se pronuncia Lej Kashinski) y su hermano gemelo Jaroslav habían formado una pareja formidable no sólo en el movimiento conservador polaco después de su tránsito a la democracia, sino desde antes, como actores juveniles que protagonizaron una exitosa película que los llevó al estrellato y la popularidad aun antes de que la política hiciera lo propio con ellos.

    Jugaron ambos un papel importante aunque no protagónico en el movimiento de Solidaridad que dirigía Lech Walesa, el héroe de la transición polaca que fue después presidente de su país y terminó relegado en su propia patria aunque conserva su cartel internacional. El distanciamiento de los hermanos Kacszynski con Walesa llegó a extremos inauditos, y el ex presidente demandó judicialmente al ahora difunto por haberlo acusado de ser agente de los servicios secretos del régimen comunista.

    Los hermanos siempre jugaron rudo, no sólo contra sus rivales sino también contra todo aquél que no coincidiera en sus puntos de vista, dentro y fuera de su país. Así como durante su gestión como alcalde de Varsovia Lech prohibió manifestaciones de organizaciones en pro de los derechos de homosexuales y se pronunció a favor de la pena de muerte, ya como presidente tomó una línea muy dura en contra de Rusia (lo cual era comprensible desde una perspectiva ideológica e incluso histórica) pero también en contra del proceso de integración europea del que Polonia ha formado parte.

    De manera insólita, los gemelos compartieron todo el poder en Polonia durante algunos años, cuando las fortunas del partido que fundaron (Ley y Justicia) estaban a la alza. Mientras que Lech ocupaba el cargo de presidente su hermano Jaroslav era el Primer Ministro, lo que además de causar gracia a algunos caricaturistas generaba preocupación en muchas capitales europeas por las tendencias radicales de los hermanos, que a la más mínima provocación tronaban contra el Tratado de Lisboa y de paso mantenían tensas y a veces hostiles relaciones con los gobiernos de sus dos vecinos, Alemania y Rusia.

    Al perder la mayoría parlamentaria en el 2007, Jaroslav tuvo que dejar el cargo de Primer Ministro a Donald Tusk, un hombre más centrista y moderado, pero su hermano Lech decidió utilizar al máximo los acotados poderes de la presidencia polaca para hacerse notar, principalmente en el terreno de la política exterior, que no de la diplomacia.

    El dramático fin de Lech Kacszynski está marcado por su impetuosidad no sólo en lo que a su seguridad se refiere (era sabido que ordenaba a su piloto aterrizar en condiciones riesgosas y a contravenir a los controladores aéreos, lo cual parece haber sido la causa de la catástrofe aérea) sino también en sus relaciones con los demás.

    Al momento del percance el presidente se dirigía a una ceremonia para honrar a los cerca de 70 mil oficiales polacos asesinados a mansalva por el ejército soviético en la región de Katyn durante la repartición que de Polonia hicieron Hitler y Stalin en 1939. Esa tragedia de dimensiones históricas había empañado las relaciones entre Varsovia y Moscú, y fue apenas recientemente que el liderazgo ruso aceptó la responsabilidad soviética en la masacre. Con ese motivo se convocó a un acto de homenaje al que asistieron los Primeros Ministros Tusk y Vladimir Putin, en un hecho sin precedentes que auguraba un deshielo en la relación bilateral. Pero Kacszynski se negó a participar y decidió en cambio asistir a otra ceremonia posterior…

    El desplome del avión ha tenido un costo inconmensurable para Polonia, que perdió a buena parte de su clase dirigente y que seguirá viviendo por siempre con el fantasma de Katyn.

    gguerra@gcya.net www.twitter.com/gabrielguerrac

    Internacionalista



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