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Francisco Abundis

Ejército, FBI, o Cascos Azules: ¿a quien le importa la soberanía?

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    24 de marzo de 2010

    A partir de los eventos recientes de Ciudad Juárez, donde fue ejecutado personal del consulado estadounidense, la posibilidad no sólo de cooperación, sino incluso de involucramiento de una fuerza no nacional para resolver el problema de narcotráfico-inseguridad pública es inminente. La visita de la secretaria de Estado y representantes de distintas agencias del gobierno de Estados Unidos lo hace evidente. La distancia entre los conceptos: cooperación y lo que en otros tiempos llamamos “intervención” o entre lo doméstico e internacional se diluye, y la pregunta es sólo de procedimiento: ¿cómo será esa cooperación-intervención y hasta dónde llegará?

    Otra frontera conceptual que se empieza a diluir con el aumento de la violencia, esto no sólo en Juárez sino en el país, es la que separaba los sucesos que estaban relacionados con actividades del narcotráfico y las de actividades criminales. Se suponía que sólo este último afectaba a ciudadanos promedio en su vida cotidiana, mientras el primero lo conocíamos por los medios de comunicación. Anteriormente se asumía que la violencia que el narcotráfico generaba estaba acotada a lugares, regiones y personas involucradas en esas actividades. Pero hoy día la violencia indiscriminada y la aleatoriedad que denotan los eventos más recientes están cambiando la percepción del ciudadano. Esta sugiere que cualquier persona, cualquier día en cualquier lugar del país, puede de pronto encontrase en una situación de “fuego cruzado”.

    En mayo de 2003 y junio de 2005 Parametría investigó sobre el nivel de conocimiento que tenía el ciudadano a nivel nacional sobre lo que en ese momento era un problema local: los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez. Ya hace cinco y siete años los niveles de conocimiento eran altos; 78% en 2003 y 93% en 2005 conocían del problema. Los asesinatos de los colaboradores del consulado estadounidense medido el pasado fin de semana pasado registra niveles casi de 100% de los que se enteraron. Los niveles de conocimiento de alguna manera indican niveles de preocupación.

    En 2003, una pregunta que no asumía ningún escenario prospectivo terminó siendo profética. Se pregunto: “Si el gobierno no tuviera la capacidad para resolver el problema de los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez, ¿qué tan de acuerdo estaría usted en que organismos de otros países como el FBI intervinieran en el caso?” Los niveles de acuerdo con esta posibilidad van de 76% a 62% en los dos años mencionados. Es decir, uno de cada cuatro o uno de cada tres ciudadanos estuvo de acuerdo.

    El pasado fin de semana esta pregunta se cambió ligeramente por “Si el gobierno de México no tuviera la capacidad para resolver el problema de la inseguridad en Ciudad Juárez, ¿usted estaría a favor o en contra de que organismos de otros países como el FBI o los Cascos Azules de Naciones Unidas intervinieran en Ciudad Juárez?”. Al igual que en años anteriores, los niveles de acuerdo se mantienen en 69%.

    Llevado este escenario al ámbito nacional, si bien baja en su aceptación, no deja de ser mayoría quien prefiere el involucramiento de organismos extranjeros para la solución del problema: “Si el gobierno de México no tuviera la capacidad para resolver el problema de la inseguridad en el país, ¿usted estaría a favor o en contra de que organismos de otros países como el FBI o los cascos azules de Naciones Unidas intervinieran en todo el país?”. Aquí el nivel de acuerdo es de 57% contra un rechazo de 34%.

    Lo que indican estos números es que al ciudadano promedio no le preocupa la nacionalidad de la fuerza pública que le resuelva un problema tan apremiante como es el de la inseguridad. En los estados de frontera del país, la cercanía y estrecha relación con el vecino del norte asume niveles de colaboración cercanos. Es decir, están acostumbrados a ver de manera cotidiana a los estadounidenses trabajar en México. Así ha sido para el caso de las mujeres asesinadas en Juárez. Lo extraordinario es que a nivel nacional hoy día se asuma como una necesidad y no haya el menor prurito nacionalista o preocupación por la soberanía. Una vez que las capacidades básicas del Estado están cuestionadas, al ciudadano promedio le importa poco la nacionalidad de quien le pueda brindar protección.

    Esta predisposición pública es fácil de explicar. Primero, el promedio de la población no sabe cómo lidiar con la información que recibe. La cantidad de incidentes y los niveles de violencia que los medios de comunicación reportan son inusuales. Es información difícil de digerir. Por ello, resolver el problema es apremiante.

    Y segundo, esta situación se agrava cuando no se tienen parámetros. Estos en principio los debería de ofrecer el gobierno. Pero las cifras del número de muertos no parece confiable. Y en algunos lugares del país la prensa está empezando a dejar de cubrir numerosos hechos por sentirse amenazada. Es decir el “oscurantismo informativo” hace que nuestra imaginación se desborde. De allí que otros medios de información, lamentablemente no validables, pasen a suplir estas funciones informativas como son las redes sociales a través de Twitter, Facebook o mensajes SMS. Condiciones inmejorables para la angustia colectiva.

    Por ello no deben de sorprender los niveles de acuerdo de los mexicanos con la idea de que una fuerza extranjera se involucre en la solución de un problema tan grave. Aunque esta predisposición pública a la “intervención” sean una clara muestra de cuestionamiento a nuestra soberanía.

    Director de Parametría



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