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Editorial EL UNIVERSAL

Tachas a 25 pesos

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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    03 de marzo de 2010

    Las drogas ilegales son, como cualquier producto, un negocio. Uno muy bueno. La ONU calculó en 2005 las ganancias del narcotráfico en 400 mil millones de dólares. Datos más actualizados hablan de hasta 800 mil, 15% del comercio mundial. En términos generales, esa industria ha crecido en la misma proporción que las políticas restrictivas en su contra. México no escapa a esa contradicción: la prueba está en que, con todo y soldados en las calles, las mafias pueden ofrecer “tachas” a 25 pesos en las tienditas de la esquina.

     

    Los defensores del prohibicionismo responden argumentando que hacen falta mejores policías, más tecnología, más dinero, nuevas leyes, mayor cooperación internacional, etc. Pero si analizamos el problema desde una perspectiva económica, es lógico su fracaso. Así paso con el alcohol cuando estaba prohibida su venta.

     

    Normalmente, el precio de un artículo se determina según la cantidad de personas que buscan comprarlo en relación al costo de producirlo. En una economía de libre mercado se logra un equilibrio entre ambos cuando hay varias empresas que ofrecen lo mismo, lo cual permite a las personas elegir la mejor opción. En teoría, al cortar el suministro de droga el costo de producirla y difundirla sería tan alto que se volvería inaccesible para la gente comprarla. Sin embargo, en la realidad eso no ha sucedido ni en México ni en el resto del mundo.

     

    El precio de las drogas ha subido, pero a un nivel en que los narcotraficantes siguen aumentando sus ganancias. Como consecuencia, logran comprar armas, corrupción y tecnología para la elaboración de productos más baratos. Esos productos, al estar elaborados o diluidos con sustancias más tóxicas como el talco, perjudican aún más a la población. Ni ese daño ni la prohibición le están quitando un ápice de compradores a los cárteles porque los adictos aumentan.

     

    En sentido contrario, al despenalizar la droga bajaría su precio, como consecuencia bajarían los ingresos de los criminales, los cuales ya no podrían costear a sus organizaciones. A partir de ahí, las fuerzas de seguridad del Estado, en lugar de decomisar cargamentos, estarían enfocadas en proteger a la población de secuestros, extorsiones, y otros delitos más lesivos. Mientras los recursos, en vez de centrarse en las armas y los policías, se dedicarían a la prevención y la rehabilitación.

     

    Milton Friedman, el gran ideólogo del neoliberalismo, llega a la misma conclusión. Un hombre de derecha. Y es que el asunto no es de ideología, sino de practicidad. Lo que debemos combatir es el consumo, no la oferta.

     

    Aunque Estados Unidos sabe lo anterior, por cuestiones políticas sigue dedicando 70% del presupuesto a prohibir y sólo 30% a reducir la demanda. Esa política se copió, incluso en proporciones mayores, en México. El día en que la fórmula se invierta, los cárteles pasarán a la historia.

     

     

     



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