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Sara Sefchovich

Lamento

Es licenciada y maestra en Sociología y doctora en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigadora en el Instituto de ...

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    14 de febrero de 2010

    Cuando Miguel de la Madrid tomó posesión como presidente en los años 80, dijo que el país se nos deshacía entre las manos. Hoy esto parece cierto otra vez. Todo conspira contra México y los mexicanos.

    Parten el alma las imágenes de colonias enteras inundadas, el olor de las aguas negras brinca desde la pantalla de la televisión y penetra en nuestras narices; parte el alma la tristeza e impotencia en las caras de las personas, que con el agua hasta la cintura hacen lo que pueden por salvar algunas pertenencias; parten el alma los albergues abarrotados, los damnificados comiendo lo que sea, durmiendo como sea; parte el alma ver anegada una de las carreteras más importantes del país, columna vertebral de una economía de por sí herida de muerte, los vehículos ahogados o flotando, una semana y ni para cuándo bajen las aguas. Parten el alma las escuelas llenas de lodo, el miedo de los niños que no quieren volver a ellas.

    Si voltea uno la cabeza para otro lado, son los vientos que arrancan árboles, los arrastran y lanzan contra lo que sea, son los derrumbes de cerros, es la destrucción de caseríos. Parte el alma ver a los habitantes de Angangueo cuyo pueblo ha quedado tan inservible que lo tienen de plano que cambiar de lugar antes de reconstruirlo, a los de las montañas de Guerrero sin luz y totalmente incomunicados.

    Y si entonces se voltea mejor para el lado opuesto, son los muertos, los asesinados en una fiesta, en un restorán, en una calle, bajo un puente. O los niños calcinados en una guardería.

    ¿A qué hora nos convertimos en esto? ¿A qué hora?

    Parten el alma los ciudadanos furiosos gritándole al Presidente, al gobernador y a los funcionarios. Parte el alma la madre que le escupe su dolor a la cara a los políticos. Parten el alma los que sueltan su letanía de peticiones: nos falta esto, nos falta lo otro. Todos ellos esperan una respuesta y no se las van a dar.

    Porque no se las pueden dar aunque estén allí sentaditos escuchando y prometiendo y también conmoviéndose. Imposible no.

    Y es que no se puede reparar en un día años de errores. Porque todas esas tragedias son resultado de un viejísimo sistema corrupto, negligente, desinteresado, impune, mentiroso.

    El sistema que permite a los que nos gobiernan dejar correr a cielo abierto un canal de aguas negras con todo y que ya una vez se desbordó, el que se hace de la vista gorda cuando se levantan casas a la orilla de lugares tan peligrosos como los ríos y las laderas de los cerros y las barrancas. El que deja estar escuelas y guarderías junto a gasolineras. El que permite que se sigan vendiendo artefactos explosivos, metiendo armas por las fronteras, traficando con seres humanos, torturando animales, devastando bosques y llenando de basura cada rincón del territorio. El que no se atreve a enfrentar a las transnacionales y no puede ni parece que vaya a poder contra el narco y con la delincuencia, ni con la organizada ni con la espontánea.

    Porque además, por si lo anterior no bastara, no hay recursos que alcancen. ¿Cuántos soldados, policías, médicos, enfermeras, maestros y ciudadanos voluntarios se requieren para atender las tareas urgentes? ¿De dónde van a salir para ocuparse de Juárez y Chalco y Michoacán y Guerrero y la carretera a Puebla al mismo tiempo? ¿De dónde va a salir el mucho dinero que cuesta esto? Y lo más importante: ¿de dónde va a salir el liderazgo para dirigir, organizar y resolver? Y después, pasada la emergencia, enterrados los muertos, lavado el lodo ¿cómo se van a evitar más tragedias?

    El país está deshaciéndose entre las manos. Lo sabe el presidente municipal de Juárez que por eso se fue a vivir a El Paso. Lo sabemos los que nos atrincheramos en nuestros hogares y nos mandamos correos electrónicos de lo que hay que hacer o no hacer para evitar ser asaltados o secuestrados. Lo saben los que juran que la violencia no es tanta como parece. Lo saben los que nos gobiernan y nos piden hablar bien de México. Y mientras, los ciudadanos nos preguntamos con Carlos Monsiváis: “¿Pero qué es México? ¿Una catástrofe a corto, mediano y largo plazo?”.

     

    sarasef@prodigy.net.mx

    Escritora e investigadora en la UNAM

     



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