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Ana María Salazar

Obama desafiante

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliac ...

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    29 de enero de 2010

    Barack Obama llega a su primer año de gobierno con muchos cuestionamientos y con un índice de popularidad en decadencia desde que llegó a la Casa Blanca, cayendo menos de 50%, 18 puntos menos del que tenía hace 12 meses cuando inició su mandato. Después de un año de crisis económicas, desempleo que no ha cedido y guerras en dos frentes, era de esperar que la popularidad de este carismático político cacería. Y así fue, las encuestas ahora señalan que la mitad de los estadounidenses desaprueban el trabajo del presidente Obama.

    Es una verdadera lástima que en México básicamente se legisló para que el Presidente no tuviera que hacer una presentación pública, ante las diferentes ramas del poder, una explicación de sus prioridades y rumbo de su administración. Me imagino que muchos de ustedes argumentarán que el tradicional informe presidencial fue hace una década una horrible ceremonia de adulación a los presidentes autoritarios. En los últimos años esta misma ceremonia se convirtió en el arma de venganza en contra de la figura presidencial, buscando apabullar, avergonzar y ser un escenario de reclamos. No era el foro idóneo para promover los ideales democráticos de transparencia y rendición de cuentas por parte del Ejecutivo.

    Pero la importancia del estado de la Unión para la cultura política estadounidense es que es un momento en que hay un enfoque especial de los medios de comunicación y hasta cierto punto de los mismos ciudadanos, hacia las propuestas y resultados de sus mandatarios. Y permite, como fue en el caso de Obama, hacer un cambió público y radical del enfoque de la administración de su gobierno.

    Y es que un aspecto fundamental de todo buen líder es no sólo ser buen comunicador, sino también tener claridad respecto a dónde deseas llevar al país y saber comunicar a los ciudadanos con contundencia cuál es la ruta a seguir. En este caso, ¿qué tan efectivo fue Obama en su discurso? La respuesta depende de que parte del espectro político provenga del análisis. (¡Yo personalmente pienso que fue un discurso extraordinario y efectivo!) Pero más allá del contenido, esta la estrategia del discurso.

    “Nunca sugerí que el cambio sería fácil o que lo pudiera hacer solo”, dijo Obama. Reconocer errores es difícil para cualquier político, pero en el informe de esta semana, Obama no sólo reconoció que hubo equívocos y retos; también retó a los republicanos a buscar soluciones y no sólo dedicarse a bloquear reformas (tiene un tono familiar este reclamo, ¿verdad?) regañando además a sus colegas partidistas, reclamando a los demócratas que le apuesten al futuro, buscando legislar no para las soluciones de los problemas de hoy día, sino para los problemas que enfrentarán sus hijos. Aquí lo importante es que si vas a regañar a los demás, empieza por reconocer tus errores.

    Parte de reconocer sus errores fue declarar que la prioridad de su administración no será la reforma del sistema de salud, sino ahora será promover legislación y programas para crear más empleos. Considerando que no se ha reducido el desempleo, sino que ha aumentado en los últimos meses a 10% de la población, cambio de rumbo y prioridad es una decisión inteligente, ya que no está abandonando su cruzada para mejorar el sistema de salud de su país, sino que probablemente está reconociendo lo que se aprobará al final del día.

    Hizo un “corte de caja” recordando al auditorio que inicia una nueva década, y que a pesar de las dificultades que tuvo su administración el año pasado, y Estados Unidos la década pasada, hay que empezar a ver hacia el futuro y no estancarse en el pasado con dimes y diretes. Interesante esta estrategia, su efectividad estará por verse, ya que enfocarse en el futuro significa que se vuelve más difícil culpar a la administración Bush por la situación que aqueja actualmente a Estados Unidos. Además de congelar gastos, también declaró que sí buscaría reducir impuestos, una propuesta siempre popular para cualquier político, especialmente cuando se encuentran en apuros.

    Desafiante, pero buscando consensos. Ese fue el tono del presidente Barack Obama durante su primer Informe del Estado de la Unión, donde el golpeado mandatario estadounidense buscó reencauzar sus prioridades y el rumbo de varios de sus programas, pero también reconoció errores, haciendo reclamos hacia los republicanos, a la Suprema Corte y hasta regañó a sus partidarios demócratas. ¿Qué se puede aprender del primer año de Obama? Mucho. “I will not quit”, dijo. ¿Puede recuperarse el Presidente estadounidense de las más recientes derrotas políticas? Su discurso indica que Barack Obama no se dará por vencido.

     

    Analista política

     

     



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