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Andrés Roemer

Moisés Saba Masri: la verdadera riqueza

El Dr. Andrés Romer es periodista, escritor, conductor de televisión, politólogo, presentador de noticias, filántropo e intelectual. Nieto ...

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    23 de enero de 2010

    Hoy mis letras detienen el tiempo. Se desvanecen entre tinta y lágrimas. Se congelan. Las letras sienten: sienten dolor, sienten vacío, sienten una profunda herida, permanente, de por vida.

    Las letras revelan lo que no se puede esconder: frustración e impotencia. Vulnerabilidad que me requiebra y me parte. Son pulsadas cortantes, que no me permiten comprender el porqué y me enoja. Estoy roto por la muerte de Moisés Saba Masri y familiares amados. Muchos estamos rotos.

    La muerte accidental, impensable, sin aviso ni señal asaltó de manera lacerante la mínima oportunidad para despedirme, para reiterar gratitud, para enfatizar amor, para dar un abrazo fraternal.

    La enorme riqueza de Moisés Saba Masri, no sólo residía en su espíritu emprendedor, creador, creativo. Productor y productivo. Hacedor de empleos, de viviendas, de bienes y servicios para la prosperidad, para México.

    Su verdadera y enorme riqueza, su legado eterno, fue su enorme —gigantesco— corazón. Su generosidad. Su empatía con el otro. Su altruismo sin condiciones para propios y ajenos. Su saber ser amigo.

    Gente grande y sencilla, que prestaba sus oídos y atención (atendía) a los problemas y dolores del otro, del conocido y del anónimo, del invisible y del notable, del cercano y del distante.

    Cada uno tenemos nuestra propia historia. Historia singular de quienes tuvimos la fortuna de ser reinventados, regenerados y/o recreados por la cercanía de Moisés. Los secretos compartidos. La complicidad noble. Memorias y nostalgias —inexpresables y profundas— que es inviable comulgar. Historias como aquellas travesías que al final del camino, recontarlas a los que no fueron partícipes de las mismas, es sencillamente, imposible.

    Al final del día, de nuestra historia, sin duda lo que queda son interrogantes: ¿cuál es el propósito de todo esto?, ¿cuál es el sentido?, ¿cuál es la razón?, ¿por qué?

    El Dr. George E. Vailliant de la Universidad de Harvard realizó el estudio longitudinal más largo del que se tenga registro en la historia para descubrir qué es lo que realmente importa en la vida, lo que realmente hace exitoso y pleno al ser humano: ¿dinero?, ¿libertad?, ¿matrimonio?, ¿hijos?, ¿amigos?, ¿trabajo?, ¿poder?, ¿qué?

    The Study of Adult Development, como oficialmente se le denomina al estudio, comenzó al final de la década de 1930 y en éste participan 724 personas: 268 pertenecen al “Grant Study” conformado por estudiantes de la Universidad de Harvard y 456 al “Glueck Study”, individuos quienes crecieron en vecindarios de Boston.

    Vailliant siguió a esta gente a lo largo de su vida, les aplicó encuestas cada dos años, exámenes físicos cada cinco y entrevistas cada 15. Les ha preguntado (a los que sobreviven) acerca de todos los aspectos en su vida —sexualidad, dinero, relaciones personales, adicciones, desarrollo profesional, etcétera—, sobre sus emociones, expectativas y logros.

    El estudio llegó a conclusiones sorprendentes. La riqueza humana no se mide con lo que uno hace, sino con lo que uno es. Se mide con el cariño que uno siembra en el prójimo. Se evalúa por oídos atentos y corazones gigantes. Por luces carismáticas y filántropos generosos. “At the end, the love you give is the love that you receive”.

    Lo más importante que descubrió Vailliant es que la riqueza conlleva semillas de entrega y generosidad. Una persona que es capaz de provocar o ganarse el cariño de los demás y coadyuva al desarrollo pleno del prójimo o extraño, logra una vida más rica; sabe generar verdadera riqueza.

    Esa es la verdadera y gran riqueza de Moisés y su familia. Los mares de lágrimas de todos los que coreamos con enorme dolor su despedida, son muestra de ello. Todos tenemos ejemplos anecdóticos de Adela Tuachi, de su integridad humana. Del ejemplo familiar y comunitario de Moisés. De la alegría y calidez humana de Alberto. De la nobleza de Judith. De todos y cada uno de ellos tenemos semillas de generosidad. De esa riqueza verdadera. Su ausencia será irreparable y la gratitud de los que tuvimos la fortuna de su cercanía, infinita y eterna.

    Doctor en Políticas Públicas, presidente de Poder Cívico AC



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