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Francisco Rojas

Recuperar el ánimo

En la Administración Pública, como miembro del Gabinete Presidencial:

Ø Director General de Petróleos Mexicanos durante 8 años (198 ...

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    15 de diciembre de 2009

    Es explicable –y lamentable– el desánimo social que, con fundadas razones, ha cundido entre los mexicanos. Desde mediados del 2008 empezó la declinación de los principales indicadores económicos, al tiempo que el gobierno promovía reformas regresivas en áreas esenciales, como la energética. El modelo exportador se tambaleó.

    La caída se inició con la desaceleración de Estados Unidos, de la que dependen más de cuatro quintas partes de nuestro comercio exterior y el grueso del flujo de capitales y tecnología. La reacción en cadena frenó la economía real y, al principio, parecía no afectar al sector financiero, al que se creía “blindado” e invulnerable a las calamidades del entorno mundial.

    El “boquete fiscal” fue advertido por el Banco de México desde abril de 2009 y en el primer Informe Trimestral de las Finanzas Públicas, pero se decidió ignorarlo por motivos electorales. El problema, sin embargo, era real y tuvo efectos demoledores sobre el conjunto de la economía: contracción de los créditos a la producción, en especial a las pequeñas y medianas empresas, cierre de empresas, despidos, morosidad en el pago de créditos, desaceleración del consumo y demás fenómenos conocidos.

    El ánimo social empezó a declinar a medida que la recesión afectaba la vida misma de la gente. No fue para menos: cientos de miles de hombres y mujeres jefes de familia han perdido su empleo y millones de mexicanos cayeron en la pobreza alimentaria y de otras modalidades. Lo anterior, sumado a otras viscitudes provocó que el presidente Felipe Calderón comentara con alivio en una reciente reunión social que “lo mejor de 2009 es que ya va a terminar”.

    Pero en las sociedades como en las personas, el desaliento socava las capacidades, ahonda la aflicción e incapacita para la acción. México tiene salidas y los mexicanos también, a condición de que no nos derrotemos a nosotros mismos como país ni como sociedad. Hay razones para recuperar el ánimo; el reporte de The Economist sobre las proyecciones económicas para 2010, por ejemplo, prevé que el PIB mexicano crecerá en un 3% en 2010 y la capacidad de compra del país será de 14,380 dólares por habitante, cifra similar a las de Argentina (14,630), Chile (15,010) y Rusia (15,330), y superior a la de Brasil, que se situará en los 10,740 dólares por persona.

    Lo anterior abre grandes posibilidades para apoyarnos en nuestro mercado interno, a condición de que cambiemos de paradigmas para disminuir nuestra dependencia del mercado externo, sin perder las ventajas de la globalización, y retomemos las verdaderas prioridades de la sociedad: el impulso efectivo a las empresas pequeñas y medianas, la disminución de los índices escandalosos de desempleo y el abatimiento de la pobreza con políticas que articulen la capacitación con la apertura de fuentes de trabajo permanentes y no atenidos a los programas asistencialistas. Hay soluciones, como las empresas familiares que conviven con las modernas compañías de la India, no como “changarros” sino como micro-negocios productivos, para cuyo financiamiento se creó un banco que proporciona créditos a tasas de interés y plazos accesibles.

    Los legisladores del PRI estamos comprometidos a promover medidas eficaces para frenar los efectos devastadores de la crisis sobre la población y reactivar la economía, no sólo a través de políticas hacendarias progresivas que alienten la inversión y el empleo y otras medidas. Sino también mediante una asignación más eficiente de los recursos públicos y una mejor vigilancia de su administración y ejecución, transparente y con rendición de cuentas.

    El trabajo permanente en las Comisiones y la acción más escrupulosa de la Auditoría Superior de la Federación son factores importantes para una tarea que no sólo es de los legisladores o el gobierno, sino de todos, sin desaliento por los tiempos malos y con fundada confianza en nosotros mismos.

    México no está al borde de la catástrofe y tiene potencial para recuperar su crecimiento económico con verdadero desarrollo social. Depende de nosotros; de que no bajemos la guardia; de que hagamos las reformas que realmente requiere el país y no nos contentemos sólo con paliativos para volver a más de lo mismo; depende de que recobremos el ánimo y la esperanza. La Independencia y la Revolución centenarias nos enseñan que el pueblo mexicano es capaz de grandes hazañas cuando tienen líderes reales que saben lo que quieren y se rodean de los mejores hombres.

    Coordinador del Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados



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