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Jorge Javier Romero

Y cuando despertó, el narco seguía ahí…



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    29 de octubre de 2009

    Calderón ha apostado buena parte de su capital político —la principal— al combate al narcotráfico y lo ha vinculado abiertamente a su política de drogas con el reiterado “para que las drogas no lleguen a tus hijos”. A la vez, el combate contra las empresas clandestinas conocidas con el apodo de cárteles ha sido la trabe de la política de seguridad, tanto interna como externa.

    Es lamentable, pero no parece haber tenido éxitos sorprendentes, más allá de la escenificación sanguinaria de una guerra con métodos especialmente escalofriantes para atemorizar a los rivales. La inseguridad no se ha reducido mientras, por lo visto, estos peculiares empresarios mexicanos, especializados en el control de mercados clandestinos a través de la violencia, están a punto de desplazar a sus competidores colombianos y venezolanos en Europa.

    Según Rob Wainwright, director de la Policía Europea (Europol), existen “cada vez más evidencias del aumento de la actividad de los cárteles mexicanos en Europa, particularmente en España”, lo que convierte a estos especialistas en la violencia —que se abren paso a cualquier costo contra el Estado y sus competidores, cuyas reglas de operación incluyen asesinato, tortura, soborno, chantaje, mutilaciones y cuanta barbaridad para amedrentar quepa en la imaginación— en los empresarios nacionales que mejor están adaptando sus operaciones a las condiciones del mercado global.

    No parecen muy debilitadas unas organizaciones con capacidad para extender sus negocios a una nueva escala. Y lo peor es que la principal amenaza temida por el jefe policial europeo es que con su control lleven sus métodos especialmente espeluznantes para resolver sus disputas por el control de las rutas y los mercados. Los narcos mexicanos no se andan con chiquitas en eso de mostrar su crueldad y el dolor que pueden causar. Sus asesinatos parecen rituales guerreros de tribus ancestrales y sólo les falta el canibalismo como mecanismo de terror.

    Lo gore de las ejecuciones parece ser la marca nacional de las empresas criminales mexicanas, según se colige del preocupado jefe policiaco de la Unión Europea. Su especialidad es entrar con toda crueldad para establecer su institucionalidad alternativa. Pero resulta que son eficaces y ya se han logrado abrir un espacio en el control de las rutas de entrada de la cocaína a Europa. Mientras que la producción y el comercio legales, los que pagan impuestos, enfrentan incapacidades ingentes a la hora de entrar a los mercados cada vez más especializados, los comerciantes piratas se expanden con su reguero de sangre alrededor.

    No parece un éxito de la política de Calderón. Pero tampoco el declarado objetivo de alejar las drogas de los hijos de la ciudadanía parece que se esté alcanzando. Por fin se ha publicado la encuesta nacional de adicciones de 2008.

    Contiene hechos incontrovertibles. Por ejemplo, la peligrosidad del alcohol y el tabaco resulta mucho mayor que la de cualquier otra droga legal; segundo, el consumo de cocaína ha aumentado notablemente —se ha duplicado— y van adquiriendo mercado sustancias nuevas, como las metanfetaminas, en mercados regulados por delincuentes sin escrúpulo alguno a la hora de proveer a sus consumidores, como no lo tienen para torturar, asesinar y descuartizar a sus enemigos.

    La encuesta es, además, un documento muy valioso no sólo para conocer el estado de la cuestión del consumo de drogas, sino para medir la percepción de la sociedad mexicana sobre el tema. La estigmatización de los consumidores y los adictos, la sensación de que el problema no ha disminuido sino aumentado y otros indicadores muestran más debilidades del paradigma establecido en el mundo para enfrentar la cuestión de las drogas —esencialmente prohibicionista— y particularmente subrayan los fallos de la estrategia fielmente seguida por el Estado mexicano a la hora de ofrecer resultados de salud pública y cohesión social.

    Para evaluar seriamente los resultados de la estrategia seguida respecto a las drogas habría que contar también con series de precios de las diferentes drogas reflejadas en la encuesta, de manera que se viera no sólo la evolución social del fenómeno, sino también la económica. A simple vista, parece que tampoco en ese ámbito han sido espectaculares los resultados. Ni como política de drogas ni como estrategia para acabar con los criminales la guerra abierta ha resultado eficaz.

    El gobierno de Calderón se ha metido de cabeza en una estrategia que lejos de matar al dragón lo ha diversificado. El monstruo de la pesadilla nos sigue acompañando en la vigilia, sin que los conjuros nocturnos parezcan realmente disminuirlo.

    Politólogo



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