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Ana María Salazar

Liderazgo e inteligencia

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliac ...

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    25 de septiembre de 2009

    Mucho se ha especulado acerca de si el liderazgo está intrínsecamente ligado a la inteligencia. Probablemente haya quien piense que ser inteligente es un requisito indispensable para ser un buen líder, y quizá tenga razón. Pero la capacidad de un líder, a fin de cuentas, no se define por su inteligencia, y aunque es una herramienta básica, la disciplina y el propio interés se suman a ella como factores indisolubles.

    Podríamos buscar ejemplos de personas extremadamente inteligentes, muy brillantes, que fueron muy malos líderes. Una persona muy inteligente y que pretende saberlo todo,es muy probable que caiga en la soberbia. Fernando Savater dice: “La soberbia no es sólo el mayor pecado según la sagradas escrituras, sino la raíz misma del pecado. Por lo tanto, de ella misma viene la mayor debilidad. No se trata del orgullo de lo que tú eres, sino del menosprecio de lo que es el otro, el no reconocer a los semejantes”.

    Los líderes soberbios por lo regular terminan siendo malos dirigentes pues no buscan asesoría en ninguna de las áreas y desembocan en el fracaso, porque finalmente sabemos que nadie, absolutamente nadie, puede saberlo todo ni ser experto en todos los temas. Por el contrario, encontramos ejemplos de personas que no tienen una inteligencia extrema y que ni siquiera son brillantes, pero que poseen otras cualidades tal vez más importantes para un líder, como la capacidad de empatía, el control emocional, el poder seleccionar un buen equipo de trabajo y, sobre todo, la conciencia de sus propias limitaciones. Esto se aprende a través del tiempo y de la preparación.

    Muchas personas tratan de ligar el tema de la inteligencia con su capacidad de liderazgo, pero yo diría que, por el contrario, más que ligado a la inteligencia lo está a la disciplina, a la capacidad de reconocer que el liderazgo es un proceso de aprendizaje que dura toda la vida.

    Y ya que hablamos de inteligencia, es muy importante saber lo que esta palabra significa en toda su extensión. Un hombre inteligente no solamente es quien sabe mucho o está muy bien preparado. Quien pretenda ser líder y llegar a ser considerado como tal debe ser en extremo inteligente pero emocional y sobre todo socialmente. Daniel Goleman, autor del libro Inteligencia social, explica que los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, y que la inteligencia social también se puede desarrollar e incluso hay que trabajar en ello.

    Un líder que no es socialmente inteligente es muy difícil que logre ejercer un liderazgo efectivo. Un líder socialmente ignorante actuará a partir de su instinto sin pensar en las consecuencias. Nunca analizará los efectos de sus actuaciones ante el público y jamás le preocupará su desarrollo con la gente; por lo tanto, sus decisiones afectarán no sólo la imagen que de él percibe el pueblo, sino incluso los resultados en el momento de buscar consensos o de resolver problemas.

    Por el contrario, un líder inteligente siempre estará preocupado por su aspecto social más que por su imagen de líder. Buscará mejorar su desenvolvimiento frente a sus semejantes, esto es, hará uso de un lenguaje adecuado, tanto verbal como no verbal. Un líder inteligente logrará una mejor empatía con su equipo y con sus electores en tanto llegue a entender la importancia de su comportamiento social.

    Usar el poder para realizar el bien sabiamente requiere fortaleza y valentía pero también un claro discernimiento entre el bien y el mal. Para ello, se toman en cuenta la educación, la ética y los preceptos morales del individuo. Sin embargo, para algunos los conceptos de bien y mal no son universales o presentan ambigüedades.

    James Hunter, en La clave de la paradoja, afirma que “los seres humanos tienen una capacidad para el bien y el mal. Sin embargo, la tendencia hacia la mala conducta es el estado más natural y debe controlarse. Las intenciones y las acciones se muestran en la voluntad de hacer lo correcto. Esta voluntad de hacer lo correcto se debe cultivar y desarrollar cuidadosamente para no convertirnos en uno de los muchos seres maliciosos que han vagado por el mundo”.

    A fin de cuentas, un buen liderazgo es simple y sencillamente el ejercicio correcto del poder, la búsqueda de las decisiones correctas. Dick Morris, reconocido y controversial consultor de la Casa Blanca y autor de El nuevo príncipe, explica: “El arte del liderazgo es mantener un impulso lo suficientemente adelantado como para controlar los acontecimientos y mover la política pública sin perder el apoyo público”.

    [email protected] www.liderazgomoderno.com

    Analista política



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