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José Carreño Carlón

Tres mensajes, un anticlímax

José Carreño Carlón es académico, profesor, periodista y escritor. Es licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM, cuenta c ...

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    09 de septiembre de 2009

    Si hace una semana, el miércoles 2 de septiembre, el presidente Calderón colocó en la agenda pública un mensaje de ciclo largo, programático, de cambios de estructuras, conductas y paradigmas, ya para este lunes 7 la talla del mensaje bajó al ciclo corto, con un paquete anecdótico de cambios en su gabinete.

    Y ayer, martes 8 de septiembre, el mensaje se escindió entre el aliento de futuro propio de los cambios estructurales y el sofoco coyuntural que suelen traer las cuentas duras de las crisis: anuncios de recorte de gasto, de pérdida de plazas de trabajo, de aumentos de impuestos y de alzas en los precios de bienes y servicios a cargo del Estado, envueltos en los grandes propósitos del mensaje inicial.

    Aquel mensaje inicial —el de ciclo largo— ocupó de lleno la agenda del debate público. Generó grandes expectativas, análisis de viabilidad, cuestionamientos estratégicos sobre si habrá capacidad para vencer los mitos del pasado en que se sustentan los grandes intereses que, llegado el caso, resistirán a los intentos de remover sus grandes privilegios. Pero se habló menos de que la factibilidad de las grandes reformas tiene que pasar por la generación de un consenso político y social indispensable. Y de que este consenso requiere a su vez de la construcción de un nuevo o renovado mito, estable, trascendente, como proyecto general de gobierno, a la manera de los que han sustentado los grandes ciclos de cambios en México y en el mundo. Y en este rubro se puede estar generando otro déficit.

    De acuerdo con el experto argentino y buen amigo Mario Riorda, quien desarrolla estos conceptos clave en su “Modelo de comunicación gubernamental para el consenso”, no se trata de menospreciar los mensajes de “ciclo corto”, portadores de políticas gradualistas —“incrementales”, las llama Riorda— o de “cambios posibles”, según los minimizó Calderón el 2 de septiembre, frente el catálogo de los “cambios deseables”, o “de fondo” o “necesarios”, como el propio Presidente los exaltó ayer, y que en este esquema llamamos de “ciclo largo”.

    Disociaciones

    El problema es que los mensajes de ciclo corto de anteayer y ayer no sólo no aparecen como incrementales o gradualistas, sino que se presentan como disociados o asociados muy forzadamente al mensaje de ciclo largo, el de los grandes cambios.

    Así, de la intensidad alcanzada en el clímax retórico de la semana pasada, descendimos esta semana al anticlímax de la rutinaria comprobación de los relevos preanunciados. Y de los grandes temas de lucha contra la pobreza, la salud universal y la educación de calidad, que atañen a las mayorías, la agenda se revirtió el lunes a las pequeñas conjeturas sobre los móviles de los cambios en el gabinete y las expectativas de las minorías en estas escaramuzas por el control de los aparatos del Estado.

    Tan corto fue el ciclo de ese mensaje de anteayer, que ayer mismo fue desplazado por el de la supresión de tres dependencias estatales entre otras medidas de recorte del gasto.

    Controlar la agenda

    Estos pasos se esperaban —menos que como medidas gradualistas inscritas en el curso de una reforma de las finanzas públicas basada en la racionalidad y la austeridad— como medidas correctivas, precipitadas por la crisis, ante la insolvencia para sufragar la multiplicación de los gastos en que incurrieron —con cargo a los excedentes petroleros y con criterios de reparto del botín— quienes en la última década han conquistado cargos y posiciones en ejecutivos, congresos y poderes judiciales y autónomos, en los órdenes federal, estatal y municipal.

    Y aquí habría que reconocer, con la perseverancia presidencial de estos días por no perder el control de la agenda pública en el curso de la crisis y de la agudización de sus costos, el esfuerzo del mensaje de ayer por traducir los ahorros anunciados en un incremento de los beneficiarios de los programas de combate a la pobreza, en el marco de la difícil lucha por asociar el recorte obligado al proyecto deseado.

    jose.carreno@uia.mx

    Académico



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