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Antonio Navalón

Las otras uvas de la ira

Periodista, vendedor de libros y voyerista de la vida. ...

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    09 de septiembre de 2009

    Lo malo de este mundo tan comunicado, televisado, celularizado es que se pierde con facilidad la capacidad de asombro. Eso no sucede con The New York Times. Me sigue admirando su sensibilidad para unir seriedad y corazón, como desde hace más de 150 años, cuando fue fundado.

    Durante el mes de agosto una foto publicada en este diario me hizo ir al túnel del tiempo y pensar en John Steinbeck y su novela Las uvas de la ira. Y es que nunca había visto con tanta claridad desde que Henry Fonda la estelarizó en cine lo que significa la tragedia de la crisis económica y que una mañana te digan que los ingresos con los que pagas la comida, la escuela, la ropa, con lo que pagas todo de todo, ya no vendrán más.

    Qué significa esa soledad absoluta que te abruma. Cómo, ante la adversidad, se hace uno héroe frente a la ausencia de alimento. Cómo consigue uno quitarse la sensación de fracaso y miedo para los sábados ir hasta la Central de Abasto y agarrar un costal de naranjas enjutas por la sequía y pagarlas con dinero prestado del Monte de Piedad a tal precio como si fueran la más rica fruta del paraíso.

    Cómo se vive en un mundo sin certezas, que nosotros por desidia o incapacidad quisimos pensar eterno. The New York Times me lo contó: en unas muy bellas fotografías a color se ven unas casas de clase media alta —lujosas incluso en Estados Unidos—, con unas alfombras delante del garaje con todo tipo de productos. Los tímidos dirían: “Estamos limpiando el sótano”; los realistas: “Estamos haciendo algo de cash para poder pagar la luz y la compra del día”.

    ¿Cómo es esta crisis? Pues esta crisis significa que todo lo comprábamos porque se producía muy barato en China, a partir de que el sistema se había vuelto tan complejo, que el negocio era quitarle lo complejo, pero la realidad nos enseñó que nos volvimos demasiado abusados y perdimos suelo.

    Hoy los habitantes de California ponen en venta los muebles en uso, lo acumulado en la bonanza, allí donde Steinbeck llevó a sus migrantes a buscar la tierra prometida, ante el cierre de las industrias de la América profunda. Y si los personajes de Las uvas de la ira, en medio de la Gran Depresión económica de 1929, fueron hasta California en una larga marcha del Detroit cerrado y el Iowa donde se quedaron los bancos con sus casas hipotecadas, cabe preguntarnos ahora que la crisis ya está en California, ¿a dónde habrán de refugiarse los que han perdido todo?

    La respuesta está en la novela del premio Nobel: uno va de sí mismo a sí mismo. La ventaja hoy es que frente al universo de las nuevas tecnologías tenemos dos caminos: subirnos sobre el caballo de nuestras ideas y usar el revólver de nuestra necesidad en el salvaje oeste del ciberespacio o ahorcarnos con el cable de conexión de nuestras laptops. La crisis llegó a esta California; la siguiente está en el ciberespacio, porque esta crisis nos enseñó que ya no hay una California física sino una moral.

    Ahora debemos cuestionarnos cómo se lucha contra una crisis que obliga a reflexionar en cómo le explicamos a nuestros hijos que todas las certidumbres que les dimos ya no sirven, y que fuimos incapaces de reducir nuestro nivel de vida aun cuando ya no podíamos pagarlo.

    Porque las crisis son como el cáncer: cuando llegan siempre nos preguntamos por qué a mí, como si la persona enferma de al lado estuviera hecha de algo diferente. En cualquier caso, sabemos que nos queda poco tiempo desde que el dramaturgo Bertolt Brech nos enseñó que los soldados, como la crisis, primero vienen por tus vecinos y un día llegan por ti.

    Qué mundo y enseñanzas les vamos a dejar a nuestros hijos: ¿el de sobrevivir vendiéndose a ellos mismos, o como dice John Steinbeck en Las uvas de la ira, que aprendan, para no ser alcanzados una vez más, que las cosas siempre tienen un significado, y que “donde haya una lucha para que los hambrientos puedan comer, ellos deben estar ahí”?

    www.heroesdelcambio.com http://twitter.com/antonio_navalon

    Periodista



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