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Aníbal Gutiérrez Lara

Déficit y presupuesto



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    09 de septiembre de 2009

    Con la presentación de la propuesta de Ley de Ingresos y del Decreto de Presupuesto de Egresos, el gobierno federal plantea un escenario difícil en el que la economía mexicana apenas podrá irse acercando al dinamismo mostrado antes de la crisis. Lo relevante es que ahora la propuesta de ingresos y egresos plantea un horizonte de tres años para normalizar el comportamiento de las finanzas públicas.

    Por lo pronto, para las autoridades un escenario en el que los desequilibrios externo e interno se muestran manejables es propicio para que la economía continúe mostrando rasgos de confiabilidad para los inversionistas internacionales e institucionales.

    Por otra parte, llama la atención que en condiciones críticas la opción del déficit haya sido desechada, aun cuando se había planteado la posibilidad de impulsar un manejo anticíclico de las finanzas públicas.

    Se entiende que a un desequilibro de 0.5% del PIB se agregan los casi tres puntos de los requerimientos financieros del sector público, para ubicar el déficit real en 3.3%-3.5% del PIB, porcentaje consistente con el horizonte que muchos inversionistas institucionales y calificadoras de riesgo habían señalado en el sentido de que un desequilibrio de 5.0% o más afectaría la percepción sobre la solidez de las finanzas públicas del país. El peso de los pasivos contingentes, rubro en el cual se ubican los pasivos por el rescate carretero, IPAB y apoyos a deudores, se hizo presente.

    Comparativamente, según la OCDE para 2010 se estima que el promedio del déficit público para los países miembros será de 8.8% del producto, en tanto que el de nuestros socios comerciales será de 11.2% del producto en Estados Unidos y de 5.9% en Canadá.

    Con estos datos, al parecer la dimensión del déficit real daba para más, a no ser que sea un recurso de negociación con el H. Congreso de la Unión. Si es así la cifra estimada de déficit podría duplicarse.

    Cabe recordar que ante la situación vivida se tuvo que reformar la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria para autorizar un desequilibrio en las finanzas públicas para el ejercicio 2009. No obstante, la decisión de mandar un déficit de 60 mil millones de pesos recupera la visión de adoptar el déficit como un objetivo y no como un instrumento de política económica y anticíclico. Si consideramos al déficit público como un instrumento de política económica, es factible tomar decisiones que le permitan a la autoridad federal adoptar una postura anticíclica, sin que por ello se distorsione drásticamente el comportamiento general de la economía. Lo que se observa en otros países es el esfuerzo de gasto, pese al déficit, para contener la crisis e hincar una rápida recuperación.

    Un déficit como el propuesto revela que la SHCP cuidó el grado de inversión, el cual depende de la visión que se tenga fuera del país acerca de la capacidad de pago y de la fortaleza financiera del sector público. Bajo esta idea, un déficit mayor implicaría que el gobierno tendría que elevar su endeudamiento interno y/o externo para cubrir la brecha fiscal, lo que lleva a un incremento de tasas de interés en momentos en los que se busca alentar la inversión. Asimismo, un aumento mayor del gasto, sumado a los ajustes al alza de impuestos, puede incidir en la dinámica de inflación afectando al resto de variables económicas. Todo este escenario afectaría negativamente la percepción de riesgo que se tiene sobre el país introduciendo condiciones de incertidumbre.

    Para la SHCP lo más grave sería generar expectativas de mayores desequilibrios, o de aumentos importantes de precios y de las tasas de interés. Esto es lo que se ha querido evitar.

    Los recursos que proporciona el déficit comparados con las necesidades de gasto resultan insuficientes; sin embargo, combinados con las medidas adoptadas de reducción de la administración pública federal y con los ajustes en ingresos, se estima que cubrirán por lo menos el presupuesto del bicentenario.

    Si no se cargara con el esquema de pasivos contingentes, una ampliación mayor del déficit contribuiría a una recuperación más acelerada; no obstante, los cerca de tres puntos del PIB de esa “otra deuda” pesan y son el factor que limita una posición anticíclica agresiva.

    Lo importante sería que el déficit público se visualizara como un instrumento que puede ayudar a la recuperación económica y al crecimiento de la inversión y el empleo, y no sólo como un mecanismo para contener expectativas negativas de inversionistas del exterior.

    Analista



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