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Ana María Salazar

Thank you, Ted

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliac ...

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    28 de agosto de 2009

    La muerte de Edward Kennedy me recordó el legado que tuvo esta familia en México y el impacto que tuvo en mi familia. Mi tío Jorge tenía una foto del presidente John F. Kennedy colgada en el comedor de su casa en Hermosillo. Se veía que llevaba ya años colgando ahí, pues la sombra del marco estaba eternamente impregnada en la pared. Al igual que muchos mexicanos y latinoamericanos en su momento, mi tío expresaba su admiración y agradecimiento hacia el presidente estadounidense con una fotografía suya colgada en un lugar prominente en su hogar. De hecho, el tío Jorge redactó un poema dedicado al presidente, expresando su admiración y agradecimiento.

    ¿Fue gracias a los medios que el mito y la leyenda de Kennedy se exportaron a otros países, dándole una extraordinaria popularidad fuera de su país? En parte sí. El glamour de un apuesto y joven presidente y de su esposa, la extraordinaria y elegante Jacqueline, Jackie Kennedy, secuestró la imaginación no sólo de los estadounidenses, sino también de los mexicanos.

    Pero la admiración de Kennedy en Latinoamérica va más allá del glamour de las cámaras. Más que por la imagen y el mito, fue la visión de John F. Kennedy la que se tradujo en proyectos que impactarían de forma directa la vida de muchos mexicanos.

    Un ejemplo fue la Alianza para el Progreso, anunciada en 1961, un programa de desarrollo económico y social para los países latinoamericanos. Y aunque los historiadores tienen diferentes análisis sobre la efectividad y objetivo del mismo, la realidad es que algunos apartados de este programa tocaron y cambiaron la vida de millones personas. En el caso de mi tío y de otros familiares en Sonora, este programa les permitió tener acceso a préstamos, con intereses accesibles y aunque de cantidades relativamente pequeñas, pero lo necesario para sacar adelante sus ranchos, campos o negocios.

    Y recordemos que la creación y promoción de este programa se dio en un marco similar al que vive hoy Estados Unidos, en el que la seguridad nacional era la prioridad del Estado ante la amenaza comunista y la inminente guerra en Vietnam. Pero esto no dejó que Kennedy y sus asesores vieran la realidad más allá de sus fronteras y entendieran que el ayudar a los vecinos es ayudarse a sí mismo.

    En el caso del senador Ted Kennedy, su liderazgo tuvo un impacto directo en mi vida. A mediados de los 60, un joven médico mexicano, proveniente de un pueblo del Río de Sonora, buscaba terminar su especialización médica en Nueva York. La entonces oficina de inmigración y naturalización le informó a este doctor que no se le extendería su visa para poder acabar su programa de oftalmología. No sé cómo, pero este doctor sonorense encontró la forma de ponerse en contacto con la oficina del joven senador Ted Kennedy pidiendo ayuda. El senador le extendió la mano, obteniendo la visa para que concluyera sus estudios. El doctor Edmundo Salazar López, mi padre, regresó a Hermosillo, donde lleva más de 40 años atendiendo familias sonorenses.

    Pero no sorprende lo que hizo Ted por este desconocido médico mexicano. El llamado “León Liberal”, el senador demócrata Edward Kennedy, fue indudablemente uno de los grandes defensores de los inmigrantes, desde su primera gran causa legislativa en 1965 hasta una de sus últimas 40 años después, defendiendo a capa y espada todo aquello que evitara la segregación racial y que promoviera los derechos civiles.

    En 1980 patrocinó la Ley de Refugiados, la primera que estableció un programa integral de acogida y ayuda, dentro y fuera de Estados Unidos. En 1990, una nueva Ley Migratoria de su autoría aumentó las cuotas de reunificación familiar y el programa de visados.

    Una de sus últimas intervenciones legislativas fue precisamente el proyecto de reforma migratoria integral, en colaboración con destacados legisladores republicanos, incluyendo a John McCain. Este esfuerzo sentó las bases para la nueva ofensiva legislativa que prepara el gobierno de Barack Obama en el Congreso.

    Sus 47 años en el Senado se tradujeron en miles de programas que han tocado la vida de millones. Defendía a ultranza su posición liberal, pero sus amigos y detractores lo recordarán por su disposición de negociar y crear consensos para sacar acuerdos adelante. Y aunque Edward y los Kennedy han tenido escándalos en su vida profesional y personal, se les reconoce por usar su dinero, poder y glamuor para ayudar a los demás.

    Thank you, Ted.

    [email protected]

    Analista política



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