aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Manuel Camacho Solís

Sistema político agotado

Ha participado en importantes diálogos y negociaciones políticas: con las organizaciones de damnificados después de los sismos de 1985; el S ...

Más de Manuel Camacho Solís



ARTÍCULOS ANTERIORES


    Ver más artículos

    20 de julio de 2009

    El sistema político mexicano ni funciona ni se reforma. El desenlace de la elección es que, ante la peor crisis económica y de seguridad de las últimas décadas, durante tres larguísimos años tendremos un Presidente sin poder y un Congreso sin capacidad de reforma.

    Por si todavía quedaba alguna duda, las elecciones han puesto a la vista las contradicciones entre nuestro sistema de gobierno y el régimen de partidos.

    Tenemos un sistema presidencial que no ha podido construir una mayoría gobernante desde 1977 y que ahora se enfrenta a una fuerza opositora con mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.

    Un sistema de tres fuerzas principales que limita la posibilidad de construir coaliciones electorales y de gobierno. Una descentralización del poder que no ha sido acompañada por la debida corresponsabilidad, democratización local y efectiva rendición de cuentas. Un sistema judicial aún con fuertes intervenciones del Ejecutivo y un Ministerio Público dependiente y politizado. Una autoridad con escasa autonomía.

    Los incentivos del Ejecutivo estarán a favor del autoritarismo y la cooptación; los del Congreso por mantener el statu quo. De persistir en esas inercias, aumentará la distancia entre los ciudadanos que siguen valorando el voto y las autoridades que no atienden las urgencias por hacer algo serio para enfrentar la crisis y mejorar la gobernabilidad.

    La tendencia del Congreso será, antes que nada, disputar los espacios internos de poder. Inmediatamente después, mostrar que tiene dientes para definir el presupuesto y controlar al Ejecutivo. Después de las primeras luces, aflorarán las configuraciones reales de poder.

    Se hará sentir el poder de los gobernadores y, con ello, las verdaderas prioridades. La fuerza mayoritaria (PRI-PVEM) quedará pronto acotada por su frágil cohesión, la apuesta a mantenerse en las preferencias hacia 2012 y la coalición de intereses que la han cimentado. Aun queriéndolo, tiene poco margen para la reforma.

    La tendencia del Presidente será romper la unidad opositora en los asuntos más importantes y riesgosos, mediante todos los recursos a su alcance en el propio Congreso y a través del manejo de la opinión pública pero, sobre todo, mediante negociaciones tras bambalinas con los gobernadores, los grupos de interés y miembros del Congreso que estén dispuestos a hacerlo.

    Para uno y otro, las tendencias y los intereses inmediatos impondrán la agenda verdadera. Una agenda de componendas más que una respuesta de fondo a la crisis y a las propias limitaciones del régimen político. Un arreglo así provoca oportunismo, cooptación, corrupción, supeditación a los intereses. Es la tierra propicia para la política facciosa.

    Sólo un acto de grandeza en la visión, la responsabilidad (de varios) y un afinado instinto de supervivencia podrán generar desde diversos espacios, incluyendo desde luego al Congreso, la iniciativa patriótica que hace falta para contener a la política facciosa que está poniendo en riesgo al Estado, la democracia y la nación.

    Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.