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Editorial EL UNIVERSAL

Negocios familiares

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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    16 de junio de 2009

    ¿Quiere usted ser candidato a diputado? Es imposible si no lo respalda un partido político. Primer obstáculo. Segundo escollo: la nominación dependerá de los apoyos, el dinero o la lealtad que pueda conseguir para la cúpula de ese partido. Un ciudadano común tiene muy pocas oportunidades reales de llegar a la boleta del próximo 5 de julio. Estarán ahí los políticos de siempre, líderes sindicales, representantes de poderes fácticos y los hijos de todos ellos, sus esposas, hermanos, primos, compadres y demás parentela.

    Los apellidos García y Monreal en Zacatecas, Marín en Puebla, Batres en el Distrito Federal, Murat en Oaxaca, Durán en Naucalpan, Gordillo en el SNTE, Kahwagi en el Panal, Martínez en el PVEM, Círigo en Iztapalapa son algunos ejemplos.

    Todos tenemos el derecho a ser votados, dice la Constitución, incluidos los familiares de los políticos. Al final, un hijo de herrero tendrá mayores posibilidades de seguir el oficio de su padre que el resto de las personas. El problema es que a través de las leyes y los reglamentos electorales los partidos se han encargado de que sólo puedan ser candidatos quienes pasen por el visto bueno de los propios políticos. Indudablemente, los elegidos serán quienes puedan garantizarle a aquéllos lealtad e impunidad.

    Prohibidas las candidaturas ciudadanas y reforzados los candados legales para formar nuevos partidos, este sistema de control de acceso al poder público deja a los políticos con la libertad de jugar con sus propias reglas, en vez de hacerlo con las de los ciudadanos. Imponer familiares no es un asunto de oficio aprendido en casa, sino un mecanismo de control más para perpetuar el ciclo.

    Hace más de una década se conquistó la equidad en la competencia electoral. Un gran paso para el país, pero insuficiente para llamar a esta una “democracia” en toda la extensión del concepto. Hace falta dar más poder al ciudadano para transitar de esta oligarquía, de clientelas, linajes y dinastías, a un verdadero gobierno del ciudadano.



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