aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Gabriel Guerra

Las últimas dinastías

Es presidente y director general de Guerra Castellanos y Asociados, empresa líder en temas de comunicación estratégica.

Tiene una ampl ...

Más de Gabriel Guerra



ARTÍCULOS ANTERIORES


    Ver más artículos

    01 de junio de 2009

    No sé lo que Marx, Engels o Lenin habrían pensado, pero los dos regímenes comunistas que sobreviven en el globo terráqueo son también de los muy pocos en que el poder real se continúa transmitiendo de manera hereditaria, ya sea de padre a hijo o de hermano a hermano, sin rubor por la contradicción entre la igualdad de todos los hombres y la aparente superioridad de algunas líneas sanguíneas. Cuba y Corea del Norte comparten eso y poco más.

    La isla caribeña ha logrado bajo el mando de la familia Castro convertirse en su hemisferio en leyenda blanca o negra para muchos que la ven como el ejemplo de cómo un país puede transformarse en apenas unas generaciones. Con todas sus muchas carencias, Cuba sigue siendo una ilusión para millones de latinoamericanos y caribeños que viven en la más abyecta miseria, y si bien son muchos los cubanos que sueñan con Miami, son más los guatemaltecos, hondureños, ecuatorianos u oaxaqueños, que ya quisieran para sí las carencias relativas del nivel de vida de la isla.

    Los logros y los defectos del sistema cubano dependen de las comparaciones que se hagan. Quien vea a Cuba a través del cristal de EU no tendrá que ir muy lejos para convencerse de las miserias, las injusticias y las ineficiencias del régimen castrista, mientras que quien la compare con los sectores marginados de América Latina podrá sentirse satisfecho al ver que la universalización de la riqueza (o de la pobreza) sigue arrojando resultados que no son escandalosamente inaceptables.

    Hoy Cuba no representa más las ilusiones de las vanguardias latinoamericanas, pero conserva un elemento de misticismo que le permite jugar un papel en la región que va mucho más allá de su verdadera dimensión: para bien y para mal, lo que hace y dice el régimen cubano tiene un peso desproporcionado y genera reacciones igualmente desproporcionadas, lo mismo en Washington que en Caracas que en la ciudad de México. Las señales que salen de La Habana no son ya ni tan uniformes ni tan ideológicamente puras, y las reacciones que suscitan en la Casa Blanca son también menos antagónicas. Los icebergs en el Caribe comienzan a derretirse.

    Del otro lado del mundo las cosas son bien distintas: la rigidez y la asepsia políticas han sido características durante décadas y donde la sucesión en el poder se dio de manera por demás organizada y programada, de padre a hijo, sin que mediara emergencia ni enfermedad. A diferencia de Raúl Castro, que ha resultado ser el más pragmático de los hermanos y el que introduce cada que puede alguna idea reformista, el heredero norcoreano, Kim Jong Il, es más rígido e inflexible que su padre Kim Il Sung, el que sí fue leyenda revolucionaria, tanto que 15 años después de su muerte sigue siendo el presidente de su país.

    La herencia en Corea del Norte fue preparada a lo largo de 15 años en que Kim Jong Il fue subiendo gradualmente los peldaños del aparato político-burocrático hasta que asumió plenamente los poderes en 1993, un año antes de la muerte de su padre. Al igual que su padre, el joven Kim ha sido objeto de un culto a la personalidad difícil de imaginar en la cultura occidental y que contribuye a la leyenda que se ha tejido a su alrededor, en una mezcla que es seguramente 10 partes de invento, 10 más de ilusión y 10 de engaño.

    Así como el padre fue el arquitecto del concepto del “Juche”, o autosuficiencia, y de la industrialización de su país, el joven Kim ha sido un líder enigmático y contradictorio a los ojos del exterior. Lo mismo ha encabezado iniciativas de acercamiento con Corea del Sur y Japón que promovido un agresivo plan de construcción de armas nucleares, que son hoy las que tienen a sus vecinos y a buena parte del mundo con los pelos de punta. Y es que si la proliferación nuclear en general es indeseable, la de un Estado tan cerrado y críptico como Corea del Norte resulta aún más preocupante.

    Contribuye a esa inquietud no sólo el discurso radical adoptado en meses recientes sino también los rumores acerca del estado de salud de Kim Jong Il y del supuesto proceso sucesorio que se dice estaría en marcha. Según diversas fuentes occidentales, que no necesariamente pueden ser confiables pues no cuentan con información verificable, Kim Jong Il habría sufrido una embolia el año pasado y estaría en una lucha por recuperar su salud y reafirmar su control sobre el aparato estatal y militar. Para ello, según estas versiones, habría tomado dos vías paralelas y simultáneas: un endurecimiento del discurso y los actos hacia el exterior, incluyendo el rompimiento del diálogo con sus cinco naciones interlocutoras para el desarme nuclear (China, Corea del Sur, EU, Japón y Rusia) y la reanudación de sus ensayos atómicos y por otra parte una alianza política interna con su cuñado Jang Song-Thaek para nombrarlo “regente” a cambio de su apoyo para asegurar la eventual coronación de alguno de los hijos de Kim Jong Il.

    Complicado y barroco, ciertamente. Preocupante también, en tanto se trata de una nueva o inminente potencia nuclear. Sólo hay un consuelo, y es que todo queda en familia…

    gguerra@gcya.net

    gguerrac@twitter.com



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.