aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Danilo Arbilla

Reacomodo



ARTÍCULOS ANTERIORES


    Ver más artículos

    11 de mayo de 2009

    En estos días es difícil quitarle las primeras planas y las cabezas de los informativos a la influenza A. Vende más que la recientemente fallecida Corín Tellado, que a lo largo de su vida logró colocar 400 millones de copias de sus 4 mil libros. Pese a que las víctimas de la influenza A no llegaban, al momento de escribir esta columna, a más de 50 personas muertas y 3 mil afectados entre los mas de 6 mil millones de habitantes del mundo, el tema ha ganado tanto espacio como el triunfo de Barack Obama.

    Hay algunos otros titulares o noticias que también se repiten pero que, seguramente, seguirán cuando baje la fiebre de la influenza y que tienen que ver con el aspecto más duro del reacomodamiento de la economía mundial, a saber:

    En Estados Unidos: GM y Chrysler anuncian el despido de 50 mil trabajadores; El desempleo entre hispanos se desató en EU, de 9.7% en enero a 10.9% en febrero; EU pierde 663 mil empleos, tasa desempleo 8.5%.

    España: Más de un millón de extranjeros residentes en España están desempleados; España golpeada por la crisis financiera: 17% de desocupación; Los desocupados son 4 millones 10 mil 700 y en los últimos 12 meses el desempleo subió en un millón 836 mil 500 personas.

    Brasil: Tasa de desocupación sube (9%).

    Chile: Desempleo sube a su mayor nivel en 4 años y cesantes llegan a 670 mil; índice escaló a 9.2% en enero-marzo.

    Y esto se repite en todos lados, salvo en algunos casos, como por ejemplo en Argentina donde la desocupación bajó. Caso casi único, aunque hay que aclarar que se trata de cifras del INDEC, instituto oficial que en su momento fue intervenido por el entonces presidente Néstor Kirchner, y que desde esa fecha hasta hoy, por obra y gracia de la intervención, ha logrado que siempre el PIB suba y que el desempleo y la inflación bajen.

    Entre tantos, quizás el título más ilustrativo es el de un semanario uruguayo: Plantilla estatal aumento a 256 mil 37 empleados; desempleo subió a 7.7 %.

    He ahí uno de los meollos del problema: crece la desocupación en el sector privado, pero no en el sector público. Cada vez, en donde sea, aumenta más el número de funcionarios del Estado. Esta especie de “contradicción” que conspira hasta contra las leyes naturales de la economía, también se da respecto a los precios y salarios. Estos, en el sector privado, frente la crisis se reacomodan a la baja. En cambio, con los impuestos y los sueldos de funcionarios no pasa nada; como los porcentajes “voluntario-obligatorio” de las propinas (tip, gratuity, service o como se les quiera llamar), se resisten tenazmente a la baja.

    Lo malo es que parece difícil que ese obstáculo se quite del camino. Sobre la rebaja de impuestos se habla mucho pero se concreta poco; se reducen algo los gastos en obras y servicios —esto es, la cuota parte que se “devuelve” al contribuyente— pero jamás hay recorte de funcionarios. Y es natural, ¿quiénes son los encargados de resolverlos? Gobernantes o burócratas del Estado, todos funcionarios cuyo fin primero es optimizar su situación.

    En Uruguay, el aumento de los funcionarios públicos incide para que el índice de la desocupación no crezca tanto y esa razón me la esgrimió un político para justificar esa realidad que también es la de muchos otros países. No entienden que la carga fiscal castiga al sector privado y una de sus consecuencias, cuando hay dificultades, es la pérdida de puestos de trabajo, como ocurre ahora.

    Olvidan además que a la larga los que realmente trabajan y producen bajan los brazos, por la única razón de que se cansan de pagar a administradores cuya cómoda tarea es ver qué parte del resultado de ese trabajo va a manos al Estado.

    Es un detalle que, en particular los gobernantes no deberían pasar por alto, porque puede que a los contribuyentes les ocurra como le pasó a aquel caballo que justo cuando estaba aprendiendo a vivir sin comer, se murió. Y por supuesto, se murió de hambre; ¿o no se dan cuenta de ello?

    El autor es Miembro Consultivo de la Sociedad Interamericana de Prensa y del Comité Coordinador Mundial de Libertad de Prensa



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.