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Rafael Pérez Gay

Nos estamos volviendo locos

Ha publicado cuento (Me perderé contigo, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer) y (El corazón es un gitano), novela (Esta vez para siem ...

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    29 de marzo de 2009

    En la casa nos persignamos antes de salir. Mentalmente hacemos mapas urbanos. Somos los cartógrafos de nuestra desgracia. Si tomo por Revolución caigo en una ratonera y me quedo una hora metido en el coche. Si corto por Viaducto, me enredo al llegar a Patriotismo y regreso al punto de partida. Si me aventuro por el Circuito Interior podría llegar a Indios Verdes y luego dar vuelta en U, pero ya con la sique desintegrada. Insurgentes parecería lo más sensato.

    Nadie es original en estos tiempos, miles y miles de personas han pensado lo mismo. Insurgentes es un hervidero insufrible de humos tóxicos. En esas condiciones recibí una mala noticia: motivos impostergables me empujaban a Periférico Sur, allá al fondo. En la casa de usted se portaron a la altura. Me dieron una torta de jamón con huevo, un Gatorade y un Tafil. No te desesperes, me dijeron. Días atrás había ocurrido un episodio terrible cuando la sinrazón me llevó por Constituyentes, rumbo a Santa Fe. Recuerdo que gasté completa la pila del celular hablándole a personas a las que no les llamaba desde hacía años. Fue un calvario.

    No tengo la menor duda: llegará el día en que sobre las grandes avenidas de la ciudad de México los coches circulen como por una banda de seda, ni un bache perturbará a quienes conduzcan los automóviles que se deslizan a sus destinos, pero para entonces la mayor parte de los capitalinos nos habremos vuelto locos.

    Dicen que la técnica con la cual las autoridades del Gobierno del Distrito Federal nos han infligido una de las mayores torturas colectivas que yo recuerde es extraordinaria pues no se trata de poner asfalto, eso sería fácil y costoso y anticuado. No, lo que las cuadrillas de empleados del gobierno han hecho mientras arruinan nuestras vidas es poner algo así como capas tectónicas que cuando todos hayamos desaparecido seguirán siendo el camino de nuestros tataranietos. Felicidades, la eternidad los mira azorada pero caracho, llevamos meses viviendo en un infierno.

    Señores, lo lograron: han colapsado a la ciudad. La pregunta es simple: ¿por qué todas las obras al mismo tiempo? Si vamos a empezar con que las elecciones y que el acuerdo del jefe de Gobierno es alto y que el 2012 toca a la puerta, mejor me voy a tomar una siesta.

    No la menor de las causas por la cual nos estamos volviendo locos es el racionamiento del agua. La palabra Cutzamala me pone nervioso, como si me dijeran que viene a comer el Sagrado Corazón de Jesús. En el último corte del suministro de agua subí a revisar los tinacos. No es cualquier cosa. Primero hay que llegar a la azotea, luego subirse a la casa del perro y de ahí poner un pie en el marco de la ventana del cuarto de lavado. Después de esta operación hay que impulsarse con fuerza y entonces se llega a la cúspide, a unos 15 o 20 metros de altura. Hablo de una vieja casa de la Condesa, no me pregunten por qué no hay una escalera de grapas pegadas en la pared, lo ignoro.

    Allá arriba destapé los viejos tinacos; por cierto, hay que cambiarlos. Vacíos: el tanque cisterna no abastece porque el automático de la bomba no funciona. Como dice el clásico: cada cosa un problema. ¿Vendrá el plomero? Un amigo me dijo que hay que comprar una pipa de agua potable y llenar los tinacos y la cisterna. Con eso se acaba tu problema.

    Hace poco estuve en la presa Chicoasén. No hagan comentarios mordaces, claro que estuve en Chicoasén. Es más, estuve en la termoeléctrica. Llegamos después de navegar 40 kilómetros en una embarcación que no les recomiendo. También íbamos a ir a las presas de Angostura y Peñitas, pero el tiempo se nos vino encima.

    Se trata de una obra majestuosa que ni Dios habría diseñado, pero donde todos veían corrientes que fluyen por tuberías, yo veía inundaciones futuras; donde todos veían luz iluminado viviendas, yo imaginaba las tinieblas. Podría contar algo sobre los problemas que tenemos con el fluido eléctrico, la luz se va a cada rato, pero no es el caso de echarnos a perder el domingo. Un ventarrón, lo que sigue es la oscuridad.

    Escritor



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