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Rodolfo Echeverría Ruiz

Estado laico y clero político

Ex presidente de la Fundación Colosio A.C. Fue diputado federal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la LVIII Legislatura y se ...

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    13 de febrero de 2009

    Aliadas históricas del PAN, las derechas clericales —vengativas, retadoras— protagonizan hoy una de sus jornadas más hostiles y pugnaces. Protegidas por un gobierno deliberadamente omiso en todo lo concerniente a su primaria responsabilidad de cumplir y hacer cumplir la Constitución en materia tan decisiva como la relacionada con el carácter laico de nuestra vida pública, las fuerzas integristas reavivan el rescoldo de su viejo rencor contra el Estado nacional.

    La arquidiócesis de la ciudad de México —este es uno más de sus desplantes altaneros— amenazó al gobierno del PAN: el país necesita, imprecaron los clérigos enardecidos, de la urgente creación de un partido político católico. Dirigieron su envenenada saeta hacia la yugular del PAN. El Poder Ejecutivo cayó en la trampa y acudió, presuroso, al llamado Encuentro Mundial de las Familias. En el introito de su fervorín don Felipe se enterneció al invocar a santos y mentores cuyas doctrinas inspiraron sus inamovibles creencias católicas. Tan devotas confesiones provienen de los intocables ámbitos de sus convicciones espirituales, es verdad, pero el Presidente ha olvidado que encabeza a una República laica. Ceñirse a sus leyes asegura la concordia nacional. Nadie tiene derecho de atentar contra ella.

    Amagado por un clero político activo y altivo, el Presidente rindió la plaza del Estado laico en unos cuantos segundos: su alocución confesional dejó satisfechos y orondos a los encumbrados curas instigadores de aquella eficaz presión.

    Días después, envalentonada, la alta clerecía llevó a Querétaro al secretario de Estado del Vaticano, monseñor Tarcisio Bertone, y lo hizo hablar en el mismísimo Teatro de la República en cuya tribuna el injerencista prelado italiano exigió la revocación del laicismo nacional. El conciliábulo contó con la exaltada aquiescencia de las autoridades federales incapaces de sugerir un recinto alterno adecuado para la celebración del acto de marras. Decidido a perpetrar semejante desafío, el gobierno de la entidad, por su lado, seleccionó el espacio físico en cuyo salón principal los diputados fundadores incorporaron al texto de la Constitución naciente el carácter laico de las democráticas Leyes de Reforma.

    Por todo ello resulta insincero y fingidor —para decirlo con extrema suavidad— el anuncio que el 5 de febrero pasado hizo el propio Calderón — también en el Teatro de la República, para mayor escarnio— según el cual 2009 sería declarado por su gobierno como año de la Reforma. ¿A qué Calderón creerle? ¿Al de la predicación clerical lanzada en el Encuentro de las Familias? ¿O al que, compelido por la certera crítica de los sectores progresistas del país, nos espetó un oportunista y farisaico elogio de las leyes liberales?

    El mes entrante el PRI, con motivo del aniversario del natalicio de Juárez, celebrará en el puerto de Veracruz una reunión nacional organizada para la defensa del Estado laico, concebido como premisa republicana de nuestra democracia en el siglo XXI.

    Consejero político nacional del PRI



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