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Leonardo Curzio

¿Estado fallido?

Se ha desempeñado en el periodismo y la academia. Es conductor del noticiario radiofónico Enfoque de NRM y en televisión participa en el p ...

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    15 de diciembre de 2008

    La pregunta es cada vez más frecuente en los medios internacionales: ¿se está desmoronando México por la violencia del narcotráfico? Más allá del título efectista que ha usado la revista Forbes, hay implícita una duda razonable sobre la capacidad del Estado mexicano de lidiar con una crisis de seguridad como la que enfrentamos.

    En esta misma semana un reportaje de la publicación Newsweek titulado “Sangre en la frontera” describía la situación que prevalece en Ciudad Juárez y planteaba: “la violencia del narco… ha creado el equivalente de un Estado fallido a nuestras puertas.”

    Se puede discutir, en un contexto académico, si la categoría analítica del “Estado fallido” es apropiada para caracterizar lo que hoy sucede en nuestro país, pero de lo que no hay duda es que avanza la percepción de que el mexicano es un Estado que no consigue imponer su ley. Un Estado que no controla sus fronteras y que por las mismas entran y salen las drogas que fortalecen a sus enemigos y las armas que las refuerzan. Un Estado que es incapaz de ubicar y detener a un personaje como El Chapo que lleva 8 años viviendo a “salto de mata”, pero en su permanente huída se burla con escarnio de todos los aparatos de seguridad. Miles de millones de pesos usados para corromper a funcionarios no son detectados por un Estado que sólo parece organizado para recaudar de los contribuyentes cautivos.

    Es probable que no estemos todavía ubicados como un Estado fallido, pero hay muchas regiones del país en las que el imperio de la ley y la soberanía del Estado están paladinamente ausentes. El gobierno de Felipe Calderón ha lanzado una guerra contra el crimen sin precedente y la comunidad internacional se lo reconoce, lo complicado es que una guerra se puede ganar… o no.

    Entiendo la lógica comunicativa de muchos integrantes del gabinete, especialmente la PGR, que repiten con insistencia que van ganando la guerra contra los criminales, pero el optimismo declarativo no debe nublar lo que es un balance objetivo y un temor creciente que se refleja en las percepciones de los medios extranjeros. En estos tiempos Sedena reconoce que seguirán en la lucha a pesar de las presiones políticas para bajar la intensidad de los operativos sobre los narcos, pero al mismo tiempo reconoce que se vive una situación de seguridad interna de una gravedad nunca vista. El panorama que el titular de esa dependencia ha delineado no es para tomar las cosas a la ligera. La cifra oficial de muertes tampoco. En un año han muerto 6 veces más personas en México que las que ha matado ETA en 50 años.

    No creo que sea inútil que en las semanas por venir se tomen algunas medidas para revertir esa creciente percepción. La primera es que el gobierno requiere de una sucesión de golpes (por lo menos tres) lo sufiencientemente contundentes (como el de Ye Gon) para mejorar su posición de campo. Los niveles de penetración a los que llegó el crimen organizado en las estructuras de decisión y operación han pulverizado buena parte de las ganancias en imagen conseguidas en los primeros meses. Los nuevos mandos deben ofrecer resultados tangibles. Es importante igualmente aprovechar la coyuntura mediática para posicionar en la opinión pública estadounidense que un Estado fallido en México sería la peor de sus pesadillas y que más vale que se tomen en serio el apoyo.

    Analista político



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