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Jorge Chabat

Amistad por conveniencia

Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde tam ...

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    22 de octubre de 2008

    Después de seis años del famoso “comes y te vas” que marcó el punto más bajo en la relación entre el gobierno mexicano y la Revolución cubana en las últimas décadas, parece que ambos países han restañado las heridas y que ahora son tan amigos como eran en las épocas del PRI (cualquier cosa que esto quiera decir).

    El canciller cubano Felipe Pérez Roque visitó México decidido a “normalizar” la relación bilateral, lo que para todos efectos significa regresar a una amistad por conveniencia.

    Y es que la “amistad” mexicano-cubana nunca fue ideológica. A pesar de las claras diferencias entre los dos gobiernos, hasta la época de Zedillo se guardaban las formas. La retórica de la relación cordial inundaba la relación bilateral no obstante los conflictos subterráneos y los abismos ideológicos.

    Nada más lejano de la visión cubana de la economía que el neoliberalismo de los gobiernos mexicanos de las décadas de los 80 y 90. Y sin embargo, todo era miel sobre hojuelas en la relación diplomática.

    Pero las apariencias se rompieron con el gobierno de Fox y lo que era una amabilidad simulada se convirtió en conflicto abierto porque el acuerdo tácito de no criticar a Cuba abiertamente en el tema de los derechos humanos se rompió con la llegada del PAN a la Presidencia mexicana.

    Y este conflicto le dio municiones al PRI y al PRD para atacar al gobierno panista y regatear su apoyo a las reformas legislativas que buscaba el gobierno foxista. Por ello, cuando llega Calderón a la Presidencia decide volver a la política de guardar las formas con Cuba, a pesar de las claras diferencias ideológicas con el régimen de los hermanos Castro.

    En esa lógica no debe sorprender la visita de Pérez Roque y el tono de extremada cordialidad entre ambos países a pesar de que los acuerdos concretos pueden resumirse en un compromiso de que Cuba va a aceptar que sean repatriados los cubanos que entren a México de manera ilegal. Pero la verdadera ganancia para el gobierno de Calderón no está ahí, sino en el Congreso mexicano. Después de esta muestra de cordialidad diplomática, ni el PRI ni el PRD podrán acusar a Calderón de aliarse a los intereses imperialistas de la región.

    Y para callarle la boca a quienes acusan al gobierno panista de privatizar Pemex, Pérez Roque cumplió ya con su parte del trato al recordar a la opinión pública mexicana que en Cuba sí tienen contratos de riesgo con compañías extranjeras para exploraciones petroleras. En otras palabras estamos frente a la amistad por conveniencia reloaded.

    Desde luego, frente a este regreso a los años 70, la pregunta que surge es si las huestes panistas van a seguir manteniendo el prudente silencio que han guardado ante esta reedición de la política exterior del PRI. ¿Qué dirán el PAN y sus votantes cuando Calderón brinde en La Habana con unos mojitos por la Revolución cubana? ¿Guardará el PAN las formas o acusarán al Presidente de volverse demasiado tricolor?

    jorge.chabat@cide.edu

    Analista político e investigador del CIDE.



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