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Editorial de EL UNIVERSAL

La crisis ya nos está golpeando

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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    07 de octubre de 2008

    Ni modo de insistir en que tenemos una economía blindada —¡en un mundo globalizado!— ni que la crisis apenas nos afectará. Ayer, la Bolsa Mexicana de Valores tuvo una caída de 5.4% y el precio del dólar subió a 12 pesos, 77 centavos más, o sea, 6.8%.

    El subsecretario de Hacienda, Alejandro Werner, pidió “prudencia” a las familias mexicanas: ahorrar “para cualquier contingencia que se vaya a presentar en el futuro”, y dijo que las tarjetas de crédito resultan “relativamente onerosas en México”. No sólo eso, Luis Pazos, director de la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de las Instituciones Financieras (Condusef), dijo que entre 3% y 4% de la población, unas 700 mil familias, ya tienen problemas de tarjetas de crédito, es decir, no pueden pagarlas.

    Paralelamente, varias empresas han comenzado a protegerse por adelantado de los efectos de la crisis financiera: rebajan a la mitad los bonos de productividad, reducen gastos, minimizan inversiones y se preparan para ajustar inventarios y plantillas de trabajadores. También aumentan precios.

    Sin embargo, no todo son malas noticias. En Madrid, el grupo bancario Bancomer Bilbao Vizcaya (BBVA) anuncia con júbilo que 2008 será el mejor año de su historia en América Latina, región que aporta 44.4% de sus ganancias, pero que todavía puede rendir más “si se explota todo su potencial”. HSBC duplica el cobro de comisiones. Hacienda voltea para otro lado.

    No hay moderación, ni en la desorbitada renta de la banca, mayoritariamente extranjera, que opera en México con ganancias de 36 mil millones de pesos en lo que va del año, ni en los reducidos salarios y limitadas prestaciones que se otorgan a los trabajadores que contribuyen a producir esa descomunal riqueza.

    Todavía no sabemos cómo le va a hacer el gobierno con la disminución de las utilidades petroleras —que soportan 40% de nuestro presupuesto nacional de egresos—, de las remesas de los trabajadores migratorios y del comercio exterior que ayudan a nuestras finanzas.

    Menos aún tenemos idea de las medidas que se preparan para la previsible desaceleración económica anticipada por la pérdida en la bolsa.

    El tormentoso panorama, retocado por el aumento en la inflación, repercute en una aguda pérdida de confianza, que es un ingrediente decisivo pero no debidamente cuantificado en los desplomes bursátiles.

    En Estados Unidos, la meta es capear el temporal mientras pasan las elecciones presidenciales, exactamente dentro de cuatro semanas, pues el candidato republicano, John McCain, se devalúa junto con las acciones frente a su rival demócrata Barack Obama. Ahora, la prioridad de los votantes es decidir cuál de los dos está mejor dotado para enfrentar los problemas económicos, no los de seguridad.

    El presidente George W. Bush, que ha demandado para la guerra de Irak más de 560 mil 265 millones de dólares —casi tanto como los 700 mil millones aprobados por el Congreso para el rescate bancario—, bajó los impuestos a los más ricos y descuidó los excesos de las operaciones bancarias —disparmente reguladas—, encarna buena parte de la responsabilidad de este grave sacudimiento financiero, equiparable a la Gran Depresión de 1929, con su creciente cauda de desempleados. Pero en aquella época los estadounidenses tuvieron la suerte de tener en la Presidencia a Franklin Delano Roosevelt (1933-1945).

    Como lo han demostrado repetidamente, en 1929 y en 1979, los estadounidenses tienen capacidades suficientes, imaginación creativa y voluntad política para superar sus atascamientos financieros.

    Nosotros estamos urgidos de virtudes iguales no solamente para salir del atolladero presente, sino para encauzar nuestro porvenir por sendas de desarrollo lo menos dependiente posible de la gran potencia económica del norte, pero sin menospreciar las ventajas de la vecindad.



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