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Editorial de EL UNIVERSAL

Una década sin seguridad

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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    01 de octubre de 2008

    Durante los últimos 10 años, en que México ha estado gobernado por Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, ha habido un sostenido fracaso en materia de seguridad pública, de acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

    El severo análisis, que explica el problema por la falta de continuidad en los planes y programas, la improvisación, la corrupción y la impunidad, fue preparado para el examen periódico universal a que nuestro país será sometido en febrero del año próximo por el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas.

    Otros informes, con el mismo fin, deberá presentar el gobierno mexicano al Alto Comisionado de la ONU.

    Para quienes vivimos aquí, el informe de la CNDH refleja una realidad palmaria. Solamente hoy, en este mismo diario, damos cuenta de la aparición de más cadáveres en Tijuana, el decomiso de armas y vehículos y el robo de avionetas aseguradas por la Procuraduría General de la República en el aeropuerto de Culiacán.

    Hoy mismo también incluimos la propuesta de reformas legales del presidente Calderón para articular las acciones de seguridad de las autoridades federales, estatales y municipales, crear el sistema nacional de evaluación y control de confianza, mecanismos de participación social y ciudadana y normas para que la fuerza policial respete los derechos humanos.

    La propia CNDH no está exenta de censuras. Hace tres semanas, su primer presidente, el doctor Jorge Carpizo, la llamó “una de las instituciones más oscuras del país”.

    En el IX Congreso Nacional de Derecho Constitucional, efectuado en Toluca, Carpizo acusó a la comisión de emitir recomendaciones ligeras que sólo han generado más impunidad, de presionar a los ombudsman de los estados a través de los gobernadores y de limitarse a la emisión de “tibios y timoratos” desplegados sobre “la terrible inseguridad en que está sumido el país”.

    La evaluación que prepara la ONU dentro de cuatro meses no debe ser sólo un juicio sobre México, evidentemente. Puesto que la inseguridad que nos agobia obedece a la acción del crimen organizado internacionalmente, en el mismo banquillo deben ser sentados países del sur y del norte implicados en el problema.

    Irresponsable trapecismo político

    La economía se tambalea, la seguridad naufraga y la política se pierde por falta de acuerdos, todo lo cual requiere de acciones conjuntas y urgentes de los tres poderes de la Unión para sacar adelante reformas que estabilicen el barco y lo lleven a buen puerto.

    De hecho, no hay voces más críticas en el país que las de los legisladores, que de manera cotidiana dirigen duros epítetos hacia las autoridades y señalan, con dedo flamígero, insuficiencias y carencias en la obra de gobiernos de todos los partidos por igual.

    Pero ahora resulta que a mitad del camino, justo cuando se necesitan más acuerdos y reformas legislativas de fondo, cuando menos una treintena de senadores y diputados de todos los partidos políticos se disponen a dejar sus curules y escaños para “sacrificarse por la patria”, y aspirar a un nuevo puesto de elección popular en 2009.

    Ya se van a buscar otra chamba, dejando el trabajo a la mitad. Siendo legal su trapecismo político, es, sin duda, inmoral.

    Evitemos tanta irresponsabilidad quizá legislando para evitar que se pueda renunciar, así nomás, a un cargo de legislador. Qué desfachatez.



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    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


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