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José Luis Piñeyro

¿Intocables?

Profesor investigador del Departamento de Sociología (UAM Azc.). Licenciado en Relaciones Internacionales (El Colegio de México) Maestro en S ...





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    13 de septiembre de 2008

    El problema de la inseguridad pública nacional ha inundado la prensa escrita, oral y televisiva de forma permanente; no hay día que no aparezcan más narcoejecutados, arrestos de policías corruptos, narcos y secuestradores y declaraciones contradictorias de funcionarios sobre el estado de la guerra anticriminal.

    Llama la atención que entre los detenidos no existan delincuentes de cuello blanco, los lavadólares o lavapesos, estos personajes empresariales, políticos o financieros no aparecen nunca en escena. Tampoco existe una táctica sistemática de confiscación de los diversos patrimonios (casas, ranchos, edificios, etcétera) de la delincuencia. No se tocan los ingresos y la riqueza delincuencial, más que de modo fortuito, o sea, al realizar operativos antidrogas o antisecuestro.

    Un alto funcionario judicial federal, a pregunta expresa de dónde se reciclaba el dinero ilegal en México, respondió que en las ciudades fronterizas norteñas a través de miles de operaciones de menudeo y mayoreo entre vendedores callejeros y algunas casas de cambio.

    Increíble, contamos con el sistema financiero más limpio del mundo. Esto es similar a cuando a pregunta expresa a un académico estadounidense de por qué en su libro hablaba sólo de la mafia colombiana, mexicana, vietnamita, rusa, china y nunca de la de Estados Unidos, respondió que ésta había sido desintegrada a nivel nacional desde los años 40 del siglo pasado y que actuaba más bien a nivel regional. Increíble, pues la mafia estadounidense es la más pusilánime y abúlica del mundo, permite que en su territorio actúen todas de manera bien organizada, menos la anglosajona.

    Viene a colación la primera anécdota porque periodistas y académicos expertos en seguridad pública hemos señalado dos tácticas vitales ausentes en la estrategia anticrimial: la investigación o denuncia-consignación-enjuiciamiento–encarcelamiento de prohombres de la política y la economía responsables del funcionamiento del cerebro financiero y el corazón patrimonial delincuenciales. Desde el caso del ex gobernador Mario Villanueva hace ocho años que no se ha encarcelado a nadie de la alta clase política, y más años aún de la élite empresarial.

    ¿Será que hay más eficiencia y honestidad o corrupción e impunidad? De ser lo primero, no es necesaria la participación social en la batida anticriminal; pero como todo indica que es lo segundo, tal participación resulta vital para el saneamiento del Estado y de la propia sociedad. La segunda anécdota se vincula con la falsa imagen mediática de que, por ejemplo, la mafia del narcotráfico sólo la forman los sembradores, transportistas, vendedores, sicarios y capos con pistolas, autos y joyas de lujo. Como con la mafia estadounidense, no aparecen los discretos delincuentes mexicanos de cuello blanco.

    Urge un pacto de cara a la ciudadanía entre las clases económica dominante y la política gobernante para acabar con la inmunidad que otorgan la corrupción y la impunidad, uno que haga efectiva aquella frase de que “no importa quién caiga en la cárcel”: macro, mediano, pequeño o microempresario y sus equivalentes políticos desde presidente, pasando por gobernadores, presidentes municipales, diputados y senadores, jueces y ministros hasta líderes sindicales y campesinos.

    De no suceder dicho pacto, habrá razón para pensar que seguirá la complicidad interinstitucional e interclasista que provoque más descomposición de la nación y del Estado mexicanos. Seguiremos viviendo en la tierra de los intocables.

    jlpineyro@aol.com

    Profesor investigador de la UAM-A



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