aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Juan Díaz Rebollar

Mucho ruido, pocas nueces

...





ARTÍCULOS ANTERIORES


    23 de agosto de 2008

    El senador Manlio Fabio Beltrones declaró recientemente que el Ejecutivo federal ha fracasado en seguridad pública. Algo de cierto hay en la afirmación, pero se queda corta y sesgada al no reconocer la poca participación del Congreso en el combate a la delincuencia organizada.

    A pesar de que los legisladores ya aprobaron diversas reformas en materia de justicia penal, no han tratado de ir más allá para reducir el crimen organizado. Según datos del Sistema de Información Legislativa de la Segob, en lo que va de la 60 Legislatura del Congreso de la Unión (2006-2009) se han presentado 421 iniciativas de ley en materia de seguridad pública y justicia, de las cuales sólo han sido aprobadas 21, es decir, 5%. Haciendo un paréntesis en el tema de seguridad, cabe mencionar que durante el mismo periodo se ha presentado un total de 2 mil 669 iniciativas en ambas cámaras, de las cuales se han aprobado 188, sólo 7%.

    Habrá legisladores que refuten esta crítica y traten de aminorarla diciendo que el Poder Legislativo no sólo produce leyes y que las funciones del Congreso van más allá de la aprobación de iniciativas. En efecto, se conoce y reconoce que desde 1997 tenemos un gobierno dividido y que por ende el Legislativo ha optado por legislar menos, y controlar más al Ejecutivo, lo cual es casi normal en una democracia moderna.

    No obstante, hay al menos tres cuestionamientos: 1) si hoy la función principal del Congreso es controlar al Ejecutivo, ¿porqué los legisladores pierden tiempo y recursos para presentar tantas iniciativas que terminarán en la congeladora?; 2) el Congreso controla al Ejecutivo, pero ¿quién fiscaliza al Legislativo?; y 3) desgraciadamente la función de control parlamentario hacia el Ejecutivo que tanto presume el Congreso mexicano deja mucho que desear; veamos por qué.

    Si bien existen múltiples mecanismos reconocidos por la Constitución para llevar a cabo la función de control, los legisladores han dado especial atención a los vinculados con los “puntos de acuerdo”, que no son otra cosa que propuestas de los legisladores para solicitar al Ejecutivo información sobre algún ramo de la administración pública, citar a comparecer a algún funcionario, exhortar al Ejecutivo a cumplir alguna disposición, o crear comisiones de investigación.

    Al final del día los puntos de acuerdo terminan siendo llamados a misa al Ejecutivo porque no son vinculatorios, es decir, no existe ninguna disposición legal que los haga acatables. De ahí el señalamiento de que el Congreso ya casi no legisla, sólo controla, pero tampoco controla del todo bien. Además, ¿en qué le beneficia el control parlamentario al ciudadano de a pie que reclama seguridad, empleo, vivienda?

    No es gratis que desde hace unos años las encuestas reflejen que los legisladores son reprobados por la ciudadanía y que están en el mismo nivel de aceptación que la policía y los sindicatos. Es de conocimiento común el desprestigio de los legisladores por el alto dispendio que hacen y la escasa productividad legislativa que entregan.

    El Congreso tampoco ha rendido cuentas muy alentadoras en materia de seguridad, ni en muchos otros rubros en focos rojos. Se reconoce la gran aportación del Legislativo en la transición democrática y el papel de contrapeso que le hace al Ejecutivo, pero también se cuestiona su limitada participación real en la solución de los grandes problemas nacionales. Hasta antes de 1997 teníamos un Congreso que no hacía ni ruido; hoy es un Congreso de mucho ruido, pero pocas nueces.

    Politólogo



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.