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Jean Meyer

Loco en Dios

Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne.

Es profesor ...

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    13 de julio de 2008

    La última película del ruso Pavel Lunguin, famoso por su Taxi blues y Familias en venta, se llama La isla. Es la historia singular de un monje, el padre Anatoli, en una isla al norte de Rusia, al final de la época soviética. Cineasta famoso, Lunguin era conocido por otro tipo de películas, críticas, burlonas, satíricas. Sorprende con un cambio de género, con una realización magistral.

    El P. Anatoli es un monje atípico, que sus compañeros ven como “bienaventurado”, para no decir un tonto, pero entre los campesinos tiene fama de curandero, de starets (padre espiritual) respetado y buscado. Los padres Filareto y Job representan la dimensión institucional de la Iglesia, mientras que Anatoli se parece a Francisco de Asís, otro “loco en Dios”.

    Anatoli llega tarde para el oficio, a veces con un solo zapato, tira al fuego las botas del padre superior y le dice que “en las botas del obispo se anidan muchos pecados”. El pueblo dice que cura las enfermedades, corre a los demonios, predice el porvenir. Tiene un secreto: a los 17 años, durante la Segunda Guerra Mundial, obligado por los SS, mató a un compatriota. Se impuso la oración perpetua y la vida monacal para pedir perdón. El actor, Piotr Mamonov, ex roquero famoso, iluminado por la gracia como su personaje, es prodigioso. El director dice que sin él no hubiera hecho la película.

    Pertenece a la vieja tradición, a la de los “locos en Dios”, adeptos de cierta bufonería religiosa, con el don de leer en el pasado y en el futuro. En la famosa Plaza Roja de Moscú está la catedral San Basilio; aquel Basilio era un loco en Dios que andaba desnudo y aventaba pedazos de carne cruda a la cara de los zares y les decía sus verdades sin temerle a la muerte. La isla descansa en dos ideas: Dios existe; lo que nos hace humanos es la capacidad a asumir el arrepentimiento. En Rusia la película ha tenido un éxito sorprendente. Según el director, es una sociedad donde lo único que cuenta es el dinero y el éxito; la gente vive mejor que antes, pero no es más feliz.

    ¿El cristianismo será la nueva utopía? Es lo que dice Víctor Erofeyev, gran escritor ruso que no acepta que Putin sea el representante de la Rusia eterna. Según él, Rusia vive en una manera de franquismo de los 60, con un régimen verdaderamente conservador, autoritario por un lado, con deseos de consumo y de pequeñas libertades privadas por el otro. Putin asumió el papel de salvador de Rusia frente a una crisis moral y la Iglesia ortodoxa que tiene un papel sin precedente desde el siglo XIX, le proporciona la “idea rusa” que el poder buscaba en vano desde Gorbachov. Esa Iglesia que propone un discurso antiliberal, antieuropeo, es la de los Filareto y Job de la película, no la de Anatoli.

    Octavio Paz gustaba de citar las palabras, creo que del poeta John Donne, “cada hombre es una isla”. En La isla, el convento se encuentra en una isla muy real y geográfica, pero el hombre en sí mismo es una isla. Puede, debe entrar en su foro interior, liberarse del “yo” externo y social para recuperar su verdad, una vez liberado de su condición social. ¿¡Cuándo veremos en México esa admirable parábola libertaria!?

    jean.meyer@cide.edu

    Profesor investigador del CIDE



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