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Raúl Cremoux

Remembranzas y decepciones

Los trabajos de Raúl Cremoux en materia de comunicación social son pioneros en México. Sus textos, de punzante humor crítico, se han extend ...





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    23 de mayo de 2008

    PARÍS.— Los libros y las anécdotas se multiplican. Todos quieren recordar al general Charles De Gaulle, sobre todo en la epopeya del 13 de mayo de 1958 en Argelia; quisieran decirnos que todo tiempo pasado con los héroes de ayer fue mucho mejor que la mediocridad que hoy nos rodea con los Bush, los Putin y los Brown. Las vitrinas ofrecen los trabajos editoriales de Jean-Louis Debré o Christophe Notin para decirnos lo lúcido y corajudo que fue al advertir que liberar al mundo árabe significaba entrar a una nueva era y en ella crear la inicial comunidad europea.

    Ahora bien, no resultan tan memorables las citas, los análisis y las entrevistas en la televisión cuando de recordar el mayo de 68 se trata. Hay quien hasta del mito de De Gaulle habla cuando confronta sus medidas de ese tiempo con los resultados obtenidos hasta llegar al referéndum que no satisfizo al general para decidir renunciar al poder en manos de Georges Pompidou. Pero si todo eso ya es historia, resulta que el mayo de hoy, de 2008, es decepcionante para al menos la mayoría de los franceses, como muestran la totalidad de las encuestas.

    Sólo 38% aprueba la gestión de Nicolás Sarkozy según el diario Liberation; 35% dice L’Express y 39% Figaro. Las quejas van desde su extrema frivolidad, pasan por la queja de 12 mil profesores que se niegan a ser puestos en la calle, se juntan los quejidos entre los sindicalistas pensionados y cobran gran estruendo con la huelga de pescadores que gritan que ya no les alcanza ni para adquirir pan y mantequilla. Las múltiples promesas de cambio, lanzadas aquí por Sarkozy, recorren ya el mismo camino que Vicente Fox hizo con las suyas.

    Sólo quizá no destruye las esperanzas de un mejor porvenir una joven mujer de 31 años nacida en Dakar, Senegal, llegada a Francia en 1987 y nombrada hace un año como secretaria de Asuntos Extranjeros y de Derechos Humanos, Rama Yade. Ella no elude lo que bien conoce: huelgas de hambre, tortura, muerte.

    La más joven del gabinete presidencial representa también una inexplicable fuente de extraña sabiduría política cuando indica: “La política no se fundamenta únicamente sobre los valores, se puede ser incluso intransigente sin sacrificar los intereses nacionales. Todo consiste en la dosificación que se haga de ellos”. No es común encontrar tales frases a tan temprana edad y mucho menos cuando los momentos circunstanciales pueden ser tan inoportunos como cuando el dictador Muammar Gaddafi estrechaba la mano del presidente francés durante su reciente visita a París.

    Algo tiene Francia en mayo que le depara fechas singulares, como en estos días en que Rama Yade se expresa: “La izquierda no ha visto en mí sino a una mujer negra, musulmana. Es decir, a una etiqueta, lo que significa una regresión de quienes menos esperaba. No quiero ser considerada por miopías étnicas. Quiero ser juzgada por los resultados que aporte para el bien del país”.

    En mayo de 68 también en México se dio el “flamazo” de la insurrección estudiantil, que si bien no encendió a los trabajadores ni al resto de la sociedad, sí liberó ráfagas de cambio social y libertad política que hoy forman parte relevante de nuestra conducta pública y privada.

    Si bien es cierto que al menos hay dos mujeres en el gabinete presidencial mexicano, estamos muy lejos de tener un “gabinete rosa” como lo tiene Rodríguez Zapatero en España o de tener a una indígena como sería el equivalente al gabinete francés.

    Escritor y periodista



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