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Editorial de EL UNIVERSAL

Pescadores a río revuelto

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    19 de abril de 2008

    Un comercial de tv que hace una brutal comparación entre un grupo de tiranos, incluso Adolfo Hitler y Augusto Pinochet, y el líder real del PRD, Andrés Manuel López Obrador, resulta una poco bienvenida adición al de por sí polarizado debate político nacional.

    Al margen de las intenciones de los patrocinadores del spot, que recuerda la campaña “de odio” previa a la votación de 2006, el país no necesita agregar sal a heridas abiertas.

    Las tácticas usadas por López Obrador y sus seguidores no son muy democráticas ni respetuosas o conducentes a un debate civil, pero en el pecado llevan la penitencia al confirmar la impresión negativa que tienen muchos mexicanos. Y si ese es el caso, sólo un afán de notoriedad explica la idea de compararlo con Hitler, uno de los personajes más execrables de la historia.

    A reserva de lo que determine el IFE, la asociación civil Mejor Sociedad, que paga el anuncio, no parece haber violado ninguna ley, por más innecesariamente provocador que sea. Sin embargo, resta seriedad al ambiente político.

    Pero al igual que antes de las elecciones los extremos se juntan, no en sus posiciones sino en la necesidad de llamar la atención, polarizar y ocupar el centro del debate para aparentar mayor poder. Y los documentados vínculos de Mejor Sociedad con grupos de extrema derecha dejan muy poca duda de su origen en el otro extremo del espectro ideológico.

    De hecho, el grupo está vinculado con agrupaciones de ultraderecha como El Yunque, las mismas que en 2006 financiaron propaganda contra AMLO, quien por supuesto no tardó en reclamar el manto de víctima inocente tantas veces ensayado.

    La única víctima es la sociedad. El spot es un agregado negativo a un clima en el que una provocación física puede desatar un problema pero no, como creen López Obrador y sus seguidores, la crisis que los lleve al poder; y del otro lado, tampoco la situación que permita a la ultraderecha “erradicar” a los molestos protestantes que dañan “su” imagen de país.

    Existe la necesidad de un debate real, sustantivo, sobre la propuesta de reforma energética enviada por el presidente Felipe Calderón. Cualesquiera que sean las posturas personales, lo importante es que se escuchen los argumentos de cada parte, sin estridentes llamados a “juicio por traición a la patria” o comparaciones con personajes tiránicos.

    Algunos podemos pensar que la posición asumida por el PRD y sus auxiliares es conservadora, al negar a los mexicanos el derecho a discutir o modificar la situación de la industria petrolera; otros podemos creer que la propuesta no es más que un subterfugio para “abrir” la industria a depredadores nacionales y extranjeros. Pero lo uno y lo otro no nos hace traidores o enemigos. Sólo mexicanos que tienen opiniones diferentes.

    Al final, la soberanía de la nación no reside en los documentos, sino en el pueblo, y se trata de que un pueblo informado decida en cualquier sentido. La Constitución es un documento hecho por representantes de esa soberanía y, como tal, susceptible de cambiar por el mismo método.

    Nadie puede llamarse derrotado en esas condiciones. Pero lo conducente es un debate abierto, honesto. Comparaciones con tiranos o gritos de traición son sólo excesos de grupos o personas no representativas de la sociedad mexicana y sí pescadores a río revuelto.



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