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Editorial de EL UNIVERSAL

Un diferendo innecesario

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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    05 de abril de 2008

    Los pleitos o las rivalidades intragubernamentales no son nada nuevo, pero raramente salen a la vista tan abiertamente como en la disputa entre las secretarías de la Defensa Nacional y de Seguridad Pública a propósito del arresto de narcotraficantes y el decomiso de millones de dólares.

    La pregunta es la razón del pleito. En Estados Unidos las rivalidades entre las diversas organizaciones policiacas son frecuentemente por razones de territorialidad y, sobre todo, por su impacto en el presupuesto respectivo.

    Son famosas las divergencias históricas entre el FBI y la DEA o la CIA, cuando no con la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, o los recelos entre organizaciones como Aduanas o la Patrulla Fronteriza. El fondo en todas estas disputas es influencia y dinero.

    ¿Pero entre la Sedena y la SSP? Cierto que la SSP es una secretaría relativamente nueva que en alguna medida funciona gracias a la acción y el respaldo de las Fuerzas Armadas. Pero también es verdad que fue creada para relevar eventualmente al Ejército de la lucha antinarcóticos en la que se asegura está a regañadientes y porque ni la institución ni el gobierno tienen, ahora, otra opción.

    El primer diferendo entre la SSP y la Sedena ocurrió en febrero, cuando el titular de la primera, Genaro García Luna, aseguró que las acciones del gobierno mexicano habían costado 90 mil millones de dólares a los cárteles. Poco después, sin embargo, el general Carlos Gaytán Ochoa, jefe del Estado Mayor de la Sedena, informaba de una cifra de 6 mil 500 millones de dólares.

    Esta vez la divergencia salió a la luz luego de que la SSP emitiera un boletín en el que anunció que la Policía Federal Preventiva (PFP) había logrado el arresto de cinco miembros del grupo de Los Zetas y el decomiso de 6 millones de dólares en efectivo en Nuevo Laredo.

    Pero la Sedena aclaró a su vez que la acción había sido realizada por elementos del Quinto Regimiento de Caballería Motorizada.

    Todo esto al mismo tiempo que organizaciones de narcotráfico arrecian lo que se califica como una campaña de relaciones públicas que incluye manifestaciones contra la presencia militar en Ciudad Juárez y hasta “acercamientos” a autoridades eclesiásticas. En otras palabras, los encargados de cuidar el gallinero se pelean mientras la zorra se lleva los pollos.

    Una vez más habría que apelar al sentido de seriedad y hasta al patriotismo de las autoridades involucradas. El país enfrenta una grave situación debido al accionar de grupos narcotraficantes que parecen tanto más poderosos cuando los componentes del gobierno pierden la cohesión, que tal vez sea su mayor ventaja en la lucha contra el tráfico de drogas.

    No hay dudas respecto a la probidad de los funcionarios ni de los organismos involucrados en el diferendo, pero la situación es una que no se vale. El lucimiento de lo propio en detrimento de la otra parte no ayuda a combatir al enemigo común.

    Las autoridades mexicanas no pueden darse el lujo de una situación de conflicto entre dos de sus principales puntales en el combate al narcotráfico. Una situación así sólo puede ser bien recibida por los delincuentes, porque redunda en su beneficio y, francamente, el país merece mucho más que eso.



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