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Editorial EL UNIVERSAL

La ecología, cuota política

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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    28 de enero de 2008

    Es inaudito que el Presidente de México deje en manos de un aficionado en temas ambientales —y ecocida confeso— los recursos naturales de este país, los más valiosos y, a la vez, los más vulnerables.

    Dejemos a un lado que Patricio Patrón Laviada, flamante procurador de protección al ambiente, carece de conocimientos comprobables en ecología. Atentó como gobernador de Yucatán en contra de lo que ahora se supone debe proteger sólo para favorecer intereses económicos.

    Si era tan urgente encontrarle algún espacio en el gobierno federal al menos debieron tener el recato de hacerlo en una institución donde no tuviera una denuncia vigente por destruir 40 hectáreas de un área natural protegida. ¿O acaso el objetivo es deshacerse de ella?

    En pocas palabras el nombramiento constituye una burla a la inteligencia ciudadana. Aun si en enero de 2009 se nombra nuevo procurador, una vez cumplido el compromiso presidencial con el yucateco, se habrán perdido dos años de protección al ambiente en transiciones burocráticas.

    La desertificación, erosión del suelo, desaparición de cuerpos de agua dulce, tala clandestina, tráfico de especies y desaparición de miles de ejemplares endémicos ¿pueden esperar a los compromisos partidistas?

    Todo indica que para el gobierno federal la conservación de la biodiversidad no es un “asunto de seguridad nacional”, como había dicho el presidente Felipe Calderón.

    El delicado equilibrio ecológico que da de comer y beber a este país merece una protección incondicional exenta de vaivenes políticos. Quizá otras áreas pueden servir para eso. Esta no.

    Irresponsables con el agua

    El destino nos alcanzó en el abasto de agua. Restituir un tubo de seis metros de largo por 2.10 de diámetro en la línea que viene del Cutzamala ha reducido a la mitad el suministro del líquido al Distrito Federal. Así de frágil es el sistema.

    Provista de botes, cubos, tambos y hasta tinas de baño, la gente de los barrios de trabajadores espera a los camiones cisterna que reparten el agua, mientras todavía hay zonas donde los pudientes riegan con manguera sus prados y lavan sus automóviles.

    Esta semana la escasez de agua podría hacer crisis. En el valle de México se vive a más de 2,200 metros de altitud; rellenamos los lagos y provocamos tolvaneras, vemos perderse el agua de las lluvias, en lugar de captarla para almacenarla en aljibes, y desde hace años sabemos que la mitad del agua que con gran costo bombeamos se escapa en fugas que inundan calles y socavan el suelo, que por eso se hunde.

    Pero la administración capitalina desde hace años prefiere orientar el presupuesto en proyectos espectaculares, playas artificiales y en pistas de hielo para patinar como en el Central Park y el Rockefeller Center, faltaba más. Las obras hidráulicas han sido lo de menos.

    No sólo carecemos de agua en una capital que sigue creciendo, sino que también estamos a merced de inundaciones que creíamos cosa del pasado, porque llega tarde el desasolve del drenaje y su adecuación a las nuevas necesidades metropolitanas.

    Hay una sobreeexplotación suicida de las fuentes de agua, que ya es más cara, embotellada, que el litro de gasolina o de leche.

    El problema del agua en todo el país es ya demasiado importante para dejarlo en manos de las autoridades locales, que tienen toda su atención puesta en asuntos menores.



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