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Beatriz Paredes Rangel

Gobernación

Embajadora de México ante la República Federativa del Brasil.

Cursó estudios de Sociología en la UNAM. Fue Presidenta nacional del ...

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    21 de enero de 2008

    Gobernación Motivada por el sobredimensionamiento que le han dado al relevo del titular de la Secretaría de Gobernación, deseo compartir una reflexión sobre el tema, subrayando que es una opinión personal y que no refleja el posicionamiento del Partido del que soy dirigente sobre los relevos en el gabinete del Presidente Calderón.

    Desde mi perspectiva, hace años la Secretaría de Gobernación empezó a disminuir su influencia en la conducción de la política interior. De ahí que vale la pena analizar la eficacia del Órgano Institucional, independientemente de los perfiles de sus titulares. Veamos: De aquella mítica Secretaría de Gobernación, cuya titularidad tuvo Díaz Ordaz, Echeverría, Mario Moya, Jesús Reyes Heroles, Enrique Olivares Santana, Manuel Bartlett, que concentraba funciones medulares para el manejo de la gobernación, sin injerencia relevante de ninguna otra área, a la actual institución asentada en Bucareli, hay enormes diferencias.

    Creo que la primera etapa del debilitamiento estructural de Gobernación empieza en 1988, cuando el establecimiento de la Oficina de la Presidencia bifurcó los conductos para tramitar asuntos relevantes de la política interior con el Presidente, y cuando la Coordinación de Comunicación Social de Presidencia bifurcó los canales de interlocución de los medios con el Estado. Sólo la recia personalidad de Don Fernando Gutiérrez Barrios, y su vasta red de relaciones y de información política, pudo salvaguardar un rol relevante para la Secretaría, que enfrentaba —quizá sin premeditación— un proceso de socavamiento institucional.

    Una de las funciones relevantes que anteriormente desempeñaba el secretario de Gobernación, el presidir el órgano encargado de concertar los procesos electorales, y el papel que jugaba la secretaría en la organización de elecciones, había entrado en crisis en 1988, y se legisló, a través de acuerdos pluripartidistas, para que la institución, como representante del gobierno, quedara fuera de los comicios. Este proceso se consolida cuando se establece que en el IFE no tendría ninguna presencia institucional, la Secretaría de Gobernación.

    Otro asunto que incide en el debilitamiento, y/o la transformación del papel preponderante que en otras épocas tuvo la secretaría, es la compleja evolución —si queremos llamarle así— de las funciones de seguridad del Estado que alguna vez tuvo a su cargo. El hecho es que, hoy, las funciones de seguridad están distribuidas entre Secretaría de Seguridad Pública Federal, Procuraduría General de la República, y en funciones de mayor trascendencia, Ejército y Armada. Aunque el Cisen sigue adscrito a Gobernación, es evidente que las cuestiones de inteligencia, tan importantes en un país con nuestra condición geopolítica, están pasando por un momento difícil, y tiene demasiadas áreas a las que reportar.

    Lo que quiero dejar claro es que no se puede pretender que una Secretaría de Gobernación minimizada, en una etapa en la que además, el partido que gobierna no tiene mayorías en las cámaras, responda a las necesidades de mayor eficacia en la política interior y en la Seguridad Nacional que requiere la sociedad mexicana y el país. Pensando en México, y si mi aserto es pertinente, es necesario valorar, en el marco de la Reforma del Estado, si es que las funciones relacionadas con Seguridad Nacional, Inteligencia, Seguridad Pública y Readaptación Social, deberían formar parte de una Secretaría del Interior, y las funciones eminentemente políticas, relación con los Poderes, con los partidos, con los estados y municipios, con los Medios, con las iglesias, demografía y migración, deberían formar parte de una nueva Secretaría de Gobernación. Valdría la pena escuchar la opinión de respetables políticos y/o funcionarios ex titulares de la secretaría, y no se encontraron con el aparato gubernamental que esperaban. Hagamos un recuento de los cambios al frente de la institución de 1988 para acá: Fernando Gutiérrez Barrios de diciembre de 1988 a enero de 1993; Patrocinio González Blanco de enero de 1993 a enero de 1994; Jorge Carpizo de enero a noviembre de 1994. Esteban Moctezuma de diciembre de 1994 a junio de 1995; Emilio Chuayffet de junio de 1995 a enero de 1998; Francisco Labastida de enero de 1998 a mayo de 1999; Diódoro Carrasco de mayo de 1999 a noviembre de 2000. Santiago Creel de diciembre de 2000 a junio de 2005 y Carlos Abascal de junio de 2005 a noviembre de 2006.

    Lo cierto es que los relevos de las personas no son solución en sí mismos. Hay que pensar si no estamos viviendo una crisis de capacidad institucional, independientemente de la competencia o incompetencia de las personas, que no es mi propósito juzgar en este artículo.

    correo@beatrizparedes.org

    Dirigente nacional del PRI



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