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Manuel Camacho Solís

Mouriño, sueño y realidad

Ha participado en importantes diálogos y negociaciones políticas: con las organizaciones de damnificados después de los sismos de 1985; el S ...

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    21 de enero de 2008

    Mouriño, sueño y realidad El nombramiento de Juan Camilo Mouriño ha despertado el imaginario autoritario de la política mexicana que aplaude el endurecimiento y la centralización del poder, y que no tiene otro interés y referente que el de la silla presidencial. Ha generado la ilusión de la reelección, cinco años antes. La realidad anda por otros rumbos.

    Felipe Calderón decidió nombrarlo secretario de Gobernación, con facultades de facto restituidas, y con la encomienda de sacar adelante la apertura de Pemex a la inversión extranjera. Lo hizo porque confía en su habilidad y determinación, a pesar de las críticas que habría por su nacionalidad y el conflicto de interés que se suscitará al momento de su intervención en la “reforma energética”. Se vio obligado a hacerlo de manera anticipada, cuando sus márgenes se estaban agotando rápidamente por el cambio en las expectativas económicas y la aprobación presidencial iba a la baja. Su cálculo fue correcto: necesitaba ganar la iniciativa. Su política interior no lo es.

    La apuesta a un gobierno puramente panista, cuando sólo alcanzó 35% de los votos, eleva el contenido autoritario del proceso de centralización en curso: así no hay necesidad de negociar ni de escuchar a la crítica.

    Muy rápido se va a probar el secretario. Por lo pronto, ya tuvo dos tropiezos. No puede llamar al diálogo y el acuerdo, cuando a la vez declara que no dialogará con el principal líder de la oposición. No puede delegar en el Congreso, lo que en los hechos le está limitando al Congreso. El otro error, de entrada, fue su referencia al EPR. Habló del EPR como se habla, en España, de ETA; sin antes haber esclarecido el asunto de los desaparecidos, su posicionamiento alimenta el radicalismo.

    Mouriño irá demostrando su posición: diálogo o represión. Los asuntos se han acumulado. Las protestas campesinas por el TLC pronto llegarán a su oficina, pues en el sector no han podido siquiera sentar a la CNC y a las organizaciones de izquierda. El conflicto con el sindicato minero, también está a sus puertas, con respaldos solidarios de otros sindicatos. Ya tocó a su puerta la CNTE y lo harán otros que no han sido recibidos. El recrudecimiento de la violencia criminal obligará a nuevas fórmulas de coordinación política y policiaca en las que tendrá asiento preferente.

    Por el papel que le ha sido encomendado y las expectativas de la opinión pública, no puede mirar de reojo. Si lo hace, cancelará el diálogo y se acercará cada vez más y de manera más frecuente al uso de la fuerza, con las consecuentes repercusiones y riesgos. En los siguientes meses se verá si está armado de prudencia y resistencia política, o si sobrerreacciona, o se paraliza ante la presión.

    Pero la batalla estratégica a la que lo envía Felipe Calderón es a abrir, a la inversión extranjera, la exploración, refinación, distribución y transporte de Pemex. Confía en que podrá hacerlo por la alianza con el PRI, los enormes recursos líquidos que estarán disponibles ante la expectativa de tal negocio, su confianza en la capacidad de manejar la opinión pública con propaganda negativa (como en la elección), el respaldo de poderosísimos intereses del exterior, y la división de la izquierda en el momento más inoportuno.

    Con tal concentración de poder y una coyuntura tan favorable, muchos pensarán que el sueño privatizador está a la mano. Si lo logra, la derecha tendrá un triunfo político determinante, aunque México habrá entrado de nuevo al campo de la incertidumbre política y la mayor confrontación social.

    En un ejercicio de pragmatismo, antes de dar el paso de pretender abrir Pemex, como ya lo tienen convenido, Calderón y Mouriño debieran preguntarse: ¿con la polarización que provocará la privatización, se fortalece la gobernabilidad del país, cuando se ve venir la recesión estadounidense, se recrudece la violencia criminal y aumenta la inconformidad social? El desenlace es incierto: el sueño va a chocar pronto con la realidad.

    Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista



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