aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Alberto Aziz

La primera pérdida de 2008

Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

Ha escrito libros y numero ...

Más de Alberto Aziz



ARTÍCULOS ANTERIORES


    Ver más artículos

    08 de enero de 2008

    La primera pérdida de 2008

    Mal inicia este año. El despido de Carmen Aristegui al frente del programa informativo Hoy por Hoy en la W Radio es una pésima noticia para el espacio de la libertad de expresión y la pluralidad informativa del país. Como ha sucedido muchas veces en México, volvemos a una zona que desafortunadamente no ha dejado de existir: la intolerancia frente a los espacios autónomos de libertad de expresión en los medios.

    Con estos casos nos damos cuenta de que la capa de protección a la democracia mexicana es todavía demasiado delgada y con mucha frecuencia se rompe. Cuando se trata de los discursos oficiales, con los que todos los días la clase política habla de México como un país democrático, no alcanzan los adjetivos para pontificar que somos una democracia, pero cuando se trata de hechos reales, se demuestra lo contrario.

    Sin duda, defender espacios como el que creó Carmen Aristegui al frente de Hoy por Hoy es defender una de las áreas más vitales y estratégicas de nuestra maltrecha democracia: la de la libertad de expresión, esos escasos territorios de crítica y pluralidad en los medios masivos de comunicación. Cada vez que un espacio de este tipo se suprime todos perdemos, porque se cierra una ventana de información.

    Algunos colegas en diversos medios nos han adelantado información sobre este despido (Miguel Ángel Granados Chapa, Jenaro Villamil, Jorge Zepeda, Salvador García Soto), que suprime a una periodista que logró construir un espacio con notas informativas que incomodaban a intereses poderosos. La agenda noticiosa de Aristegui fue amplia y su tratamiento fue plural: en el espacio de Carmen pudimos enterarnos de las grabaciones entre el góber precioso y Kamel Nacif; del caso de Hildebrando, cuñado de Felipe Calderón, en los últimos días de la campaña electoral de 2006; de la muerte de la señora Ernestina Ascencio y las versiones no oficiales; de la protección que hizo el cardenal Norberto Rivera del cura pederasta Nicolás Aguilar, y de muchos otros expedientes conflictivos a los que se les daba un tratamiento amplio y consistente, de acuerdo con las exigencias de una sociedad compleja como la nuestra.

    La independencia de Aristegui la llevó a tener una posición diferente del resto de sus colegas cuando la reforma electoral y el lamentable episodio de intimidación de los concesionarios ante los legisladores. La cotidianidad informativa de Aristegui se ajusta a su propia ética y eso la llevó a mantener posiciones propias. Eso no se perdona a pesar de que vaya de por medio el negocio.

    Algunos se han preguntado: ¿cómo es posible que la empresa Televisa y su socio, el grupo español Prisa, dueños de la concesión de la W Radio, hayan preferido perder dinero y desmantelar una exitosa barra de programación noticiosa? Sin saber con certeza la respuesta, podemos lanzar como hipótesis que es de tal magnitud la ganancia de esos grupos económicos, que bien se pueden dar el lujo de mover algunas piezas, con lo que pierden dinero pero logran ajustar cuentas frente a la irreverencia que significa ejercer el periodismo con independencia de los intereses corporativos. Quizá en la lógica de los dueños de Televisa eso no tiene precio.

    Sin embargo, es una vergüenza que el grupo Prisa, que ha defendido una política de comunicación abierta y acorde a la democratización española, haya cedido en este caso. Desafortunadamente, todo indica que la defensa que hicieron los españoles de Aristegui en otros momentos terminó ante la presión de sus socios mexicanos.

    Las preguntas sobre este caso no encuentran respuesta en la información oficial de la empresa radiofónica. W Radio dijo en un escueto y laberíntico comunicado que no pudieron incorporar a Carmen Aristegui por “incompatibilidad editorial”; y más adelante señalan un antagonismo entre Carmen y el “trabajo en equipo y el derecho a la información plural” (EL UNIVERSAL, 5/I/2008). Por supuesto que estas razones son claramente una fachada para justificar una decisión que se tomó por otros motivos.

    Sin duda, el programa de Carmen cumplía abiertamente con el trabajo en equipo; el derecho a la información no era una simple política editorial del programa, sino una causa por la que se lucha, junto con muchos otros. Ni qué decir de la pluralidad: por los micrófonos de Hoy por Hoy, hasta el pasado 4 de enero, fecha de la última emisión de Carmen, circularon todas las voces. Para cualquier radioescucha del programa era evidente que diariamente se escuchaban todas las versiones sobre los temas tratados. Pero la molestia de Televisa y su agenda empresarial no toleran este tipo de periodismo; ya se había anunciado desde que suprimieron de Sky la versión televisada del programa de Carmen.

    Cada vez que se cierra un espacio plural en los medios, se reducen las posibilidades de consolidar la democracia en México. Cada vez que voces como la de Aristegui se suprimen del cuadrante radiofónico, se hace más necesario y urgente el impulso de nuevas reglas del juego para radio y televisión. Una nueva ley que permita romper el juego asfixiante de los medios que cada día cierran más el círculo, cada día se parecen más y cada día son menos plurales. Esperemos que en este año que inicia esta reforma se pueda concretar.

    Estas cancelaciones atentan en contra de la libertad de expresión, y no la defensa que los intereses empresariales hacen porque se les impide comprar tiempo en radio y televisión en materia electoral. No considero que esta prohibición (nuevo artículo 41 de la Constitución) atente contra la libertad de expresión. ¿Quién en este país puede comprar tiempos en radio y televisión? Ciertamente no los ciudadanos, sino los grandes intereses. En cambio, sí resulta grave para la pluralidad informativa perder espacios que afectan a la opinión pública.

    La calidad de una democracia tiene que ver con la pluralidad de la información, con la diversidad de las opciones informativas, con la tolerancia de los intereses hacia la crítica; en suma, tiene que ver con todo lo que no tenemos en México y que hizo posible suprimir este espacio. Lamentamos la pérdida de Carmen en Hoy por Hoy, pero esperamos que pronto pueda encontrar un nuevo espacio radiofónico, además del que mantiene en CNN en español.

    Investigador del CIESAS



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.