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Alberto Aziz Nassif

¿Por qué gana el PRI otra vez?

Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

Ha escrito libros y numero ...

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    20 de noviembre de 2007

    Una vez que ha terminado el extenso calendario electoral de 2007 se puede hacer un balance y poner a prueba algunas hipótesis sobre la recuperación electoral del PRI. Una revisión de las siete fechas electorales que iniciaron el 20 de mayo en Yucatán y terminaron el pasado 11 de noviembre en el estado michoacano nos lleva a ver que mientras el PRD y el PAN —los dos grandes receptores de votos durante la pasada sucesión presidencial— han perdido múltiples puestos de elección popular, el tercer lugar de 2006 termina el año con buenas noticias, recupera posiciones perdidas y en varios estados logra dominio completo. ¿Por qué gana el PRI otra vez?

    De entrada hay que descartar las visiones de una democracia consolidada. Esas que se responden de forma fácil, a pesar de que resulte desagradable la respuesta. ¿Por qué gana el PRI otra vez en estados donde la oposición ha tenido un desarrollo importante, como en Puebla, Oaxaca y Veracruz? ¿Hizo mejor trabajo político-electoral? La respuesta sería sencilla si no hubiera de por medio expedientes autoritarios como el movimiento social de Oaxaca, donde permanecen en la más completa impunidad más de 20 asesinatos y donde el gobierno priísta de ese estado sigue tan campante y además gana elecciones.

    También está el caso de Puebla, con el góber precioso, que sigue con un expediente abierto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación por el caso de la periodista Lydia Cacho, en el que hubo una terrible violación a la legalidad y a los derechos humanos. De la misma forma, en Veracruz la aplanadora roja del gobernador pasó por encima del panismo y el único municipio importante que conservó fue Boca del Río. Llama la atención porque hace tres años el panismo estuvo a sólo 25 mil votos de ganar la gubernatura, ganó la mayoría en el Congreso local y ahora sólo conservó dos distritos.

    Algo pasó con estas elecciones, quizá porque la racionalidad de los electores no se ubica dentro del voto retrospectivo, el voto racional que se emite como un juicio, una evaluación ciudadana. Por el contrario, es probable que una parte importante de ese voto se haya emitido dentro de esquemas clientelares, al más viejo estilo de la compra y la coacción. El modo de hacer elecciones del PRI no justifica la incapacidad y la ineficiencia de la oposición local, PAN y PRD. Sobre todo cuando ya existe un sistema electoral competido y con alternancias garantizadas.

    Poco a poco, por debajo del discurso de la democracia electoral y la competencia, se ha consolidado un esquema de hacer elecciones en el que los gobernadores se han vuelto una pieza clave de la operación política local. La regla en 2007 es que los gobernadores del PRI ganaron en sus territorios de forma más contundente que cuando arribaron al poder. Las elecciones intermedias consolidaron sus gobiernos, tanto por la gran operación político-electoral, por la debilidad opositora, como por el manejo de presupuestos y obras con fines electorales.

    Por ello tuvimos varios congresos con una fuerte mayoría tricolor. Los casos más representativos fueron Durango, Chihuahua, Veracruz, Oaxaca, Sinaloa, Tamaulipas, Puebla y, como excepción panista, Tlaxcala. La otra cara de la moneda fue el debilitamiento de estados gobernados por el PAN y el PRD: Zacatecas para el PRD, donde perdió importantes posiciones, y Aguascalientes para el PAN, en la misma situación. En los dos casos se dio el factor de división interna dentro del partido; conflictos entre el gobernador y algún grupo político de su partido.

    En 2007 se volvió a dar el fenómeno de una abstención importante, que se acentúa donde sólo hubo elecciones intermedias y disminuyó donde estuvo en juego la gubernatura. En materia de participación ciudadana seguimos en déficit. Las explicaciones pueden ser variadas, pero apuntan en la misma dirección: existe un desencanto de los ciudadanos frente a los políticos. Hay una convicción que se ha generalizado: “todos son iguales”, por lo cual se ha perdido la razón para buscar cambios y nuevos proyectos por la vía de elegir a otro partido.

    La alternancia ha perdido mucho sentido porque el cambio de partido ha dejado de representar diferencias importantes en las expectativas ciudadanas. Se trata de una hipótesis en la que hay excepciones que explican los cambios en las preferencias electorales. Un factor importante es, sin duda, el perfil del candidato y su campaña, que pueden hacer la diferencia. Quizá por ello podamos entender por qué el PAN perdió Yucatán y conservó Baja California. El otro factor fue el de las alianzas entre partidos, en las que se dieron casi todas las combinaciones; las que más llaman la atención son las del Panal, que estuvo tanto con el PAN como con el PRI.

    Una forma de enfrentar el desencanto es tener estructuras territoriales cada vez más eficientes, para lo cual se necesitan recursos, y en esa ruta el PRI ha logrado importantes avances. Pero, de nuevo, si el PAN ya ganó en dos ocasiones la Presidencia de la República y el PRD estuvo a punto de ganarla, en materia de elecciones locales tienen un déficit importante.

    En este sentido hay que considerar que la lógica de las elecciones locales es muy diferente de la lógica de las elecciones federales, sobre todo, de los comicios presidenciales. Ya vimos lo que sucedió el sexenio pasado, cuando el PRI, como ahora, ganó la mayoría de las elecciones locales, pero su candidato a la Presidencia perdió en todos los estados del país. Habría un matiz importante: las elecciones federales intermedias, en las que se renueva la Cámara de Diputados, son elecciones relativamente cercanas a la lógica estatal, porque los gobernadores operan de forma central en la estructura electoral de su partido.

    Así, al terminar 2007 el PRI se queda con 18 gubernaturas, el PAN sólo con ocho y el PRD con cinco y el DF. De todas elecciones locales de este año el PRI obtuvo 42% de los votos, el PAN 31.5% y el PRD sólo 16% (EL UNIVERSAL, 18/XI/2007). En suma, el PRI vuelve a ganar por la mezcla de una oposición ineficiente, la impunidad que tolera el gobierno federal, el gran mercado para el clientelismo y la compra de voto y una estructura electoral comandada por la estructura de gobernadores.

    Investigador del CIESAS



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