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Macario Schettino

Agua, clima y política

Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...

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    05 de noviembre de 2007

    Pocos días antes de la elección presi-dencial de 2006, Vicente Fox visitó Villahermosa. La gira incluía inaugurar el nuevo aeropuerto en Tuxtla Gutiérrez, en el estado vecino, y revisar las obras hidráulicas en la capital de Tabasco, entre otras actividades menores. El plan para evitar inundaciones en Villahermosa había requerido, según los discursos (que se pueden ver en la página de Presidencia), 2 mil 300 millones de pesos de la Federación. Hoy, a 16 meses de distancia, Villahermosa ha sufrido su peor catástrofe en décadas. Precisamente por inundaciones. los 2 mil 300 millones del gobierno federal no sirvieron para nada.

    En su estado natural, Tabasco es un pantano. La mayor parte del territorio está a unos pocos metros sobre el nivel del mar, y buena parte ni siquiera llega a esa altura. El agua, que también de manera natural baja de las tierras altas de Chiapas y Guatemala, crea una especie de gran delta a su llegada al Golfo. Delta que cubre casi todo el estado. Esta circunstancia, en la perspectiva de los cambios climáticos que apenas empezamos a entender, no es promisoria.

    Hay, entonces, varios problemas a resolver. Uno, primero y urgente, es ayudar como sea posible a rescatar y devolver a la normalidad a los tabasqueños. No caben excusas ni se valen usos políticos. Hay que ayudar, como se pueda y cuanto se pueda.

    Pero en eso de ayudar en emergencias los mexicanos somos buenos. Eso demuestra la evidencia que se acumula en cada catástrofe. Todos, o casi, aportan algo, con rapidez y generosidad. El asunto es que con la misma rapidez se olvidan de lo que ocurrió, y en pocas semanas se acaba la ayuda, justo cuando viene la reconstrucción de lo perdido. Ahí está la inundación en Chiapas hace unos años, o de Cancún, que gracias a su vocación turística no fue abandonado por completo. Pero la sociedad civil, como les gusta llamarla, olvidó pronto los destrozos de Wilma.

    En esta segunda etapa, la reconstrucción, es necesario un análisis serio de la situación de Villahermosa. Primero, habría que saber qué pasó con el proyecto del anterior gobernador, Manuel Andrade, y con los miles de millones aportados por la Federación. Tal vez se utilizaron bien, pero fueron insuficientes (al parecer, se requieren 30 mil millones). O tal vez no. Hay que investigar, porque es necesario saber. Pero no se trata de buscar culpables, sino de entender cuál es el futuro posible de Villahermosa. Las presas que contienen parcialmente el flujo de agua desde Chiapas han tenido que desfogarse por seguridad, y aunque hay versiones de que no se avisó a tiempo, no parece que esto signifique gran diferencia (el gobierno del estado pidió a la población que abandonara zonas peligrosas y buena parte no hizo caso).

    Es decir que hay razones naturales para que una parte importante del centro de Tabasco pueda inundarse con frecuencia. Y, si en verdad estamos en un proceso de cambio climático, el asunto puede ser peor. Las lluvias en Tabasco no han sufrido cambios severos en los últimos años, aunque la cantidad que se precipitó durante octubre fue más que excepcional (800 milímetros en lugar de los 350 normales para ese mes). Sin embargo, no parece existir un patrón de anomalías significativo. Aún así, en Chiapas las cosas son diferentes. Lo normal para ese estado, es decir el promedio de 1941 a 1996, es que llueva, de enero a octubre, un total de mil 750 milímetros.

    De 2001 en adelante, el promedio ha sido de mil 950. Hay un incremento de 200 milímetros, poco más de 10%, que se mantiene por varios años. Si las lluvias en Chiapas caen del lado del Pacífico, ocurre lo que con Stan hace dos años. Si caen del otro lado, es el desastre actual.

    Por eso es importante tener una visión de largo plazo en cualquier decisión de política pública. No basta resolver los problemas de hoy, sino que se debe considerar la posible evolución de las causas. Con base en ello, hay que evaluar si la cantidad de recursos necesarios para evitar futuros desastres tiene sentido o no. En ocasiones, hay que reconocer que la naturaleza es muy superior a nosotros, y hay que modificar costumbres y actividades. Hoy hay que ayudar, pero pronto habrá que pensar con seriedad este problema.

    www.macario.com.mx

    Profesor de la EGAP del ITESM-CCM



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