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Carlos Monsiváis

Que los rumores acaben con el rumor

Carlos Monsiváis es ante todo un hombre observador. Escritor que toma el fenómeno social, cultural, popular o literario, y que, con rápido b ...

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    28 de octubre de 2007

    La difusión acelerada de cual-quier rumor sobre cualquier tema nos enfrenta a tres opciones: o el gobierno carece de credibilidad (hipótesis que naufraga para volverse dogma) o los rumores ocupan el sitio que alguna vez tuvieron las profecías, o de tanto oír que no había que hacerles caso todo el mundo se encariñó con los rumores. Ante los hechos, esta columna propone una estrategia de recuperación.

    1. Golpéese al rumor en su parte fuerte, la seguridad de que perjudica los intereses del señor gobierno. Para ello, el Congreso de la Unión, en sesión solemne, debe declarar al rumor la única fuente acreditada de información en la República, con exclusión de las otras. La policía se encargará de perseguir a quien difunda información confiable por “subversivo” y de “mente exótica”. Las ocho columnas de los diarios se consagrarán a temas estremecedores: “¡Que dicen que ya nació el Anticristo en Chilpancingo!/ el primo de una gente muy importante asegura que mientras no mate a su víctima no van a capturar al asesino”, y así sucesivamente. Y las conferencias en los medios de los funcionarios de alto nivel deben someterse a un modelo inflexible. Verbigracia:

    Periodista: Señor doctor (si es licenciado ya no es de alto nivel), ¿cómo ve su gobierno las posibilidades de recuperación?

    Funcionario: Mira, te doy dos respuestas. La primera, que tú no me vas a creer, y que yo tampoco comparto, se apoya en cifras de crecimiento relativo a partir de septiembre de este año. El crecimiento en lo básico se amplió en menos 17%, cifra considerable. Un grupo de industriales de Honduras y Bolivia prometió inversiones multimillonarias en fecha próxima. El secretario de Hacienda irá a un talk show en Miami a publicitar la solidez de nuestra moneda, y así sucesivamente. Pero como te digo, esto es más bien secundario. Lo importante, y ojalá tu publicación lo destaque, es algo que supe de muy buena fuente, de alguien excepcionalmente situado cerca de Quien Usted Ya Sabe (que no soy yo). Bueno, según me dijeron, una astróloga predijo que 2008 será un año venturoso para los mexicanos. Formidable, ¿no? Estimulante, ¿no?

    Reportero: Si una gallinita saliese corriendo de su gallinero, y gritara que se va a caer el cielo, ¿cuál sería la reacción del gobierno?

    Funcionario: El gobierno es, por definición, la entidad más racional del país, y no le da crédito a los aspavientos ni al alarmismo de los profetas de café. Además, y desde las reformas al artículo 130, y nuestra defensa solapada de la libertad religiosa en las escuelas públicas, nuestras relaciones con la Iglesia han mejorado muchísimo, y algo tan ligada a ella como la caída del cielo nos sería comunicado de inmediato. Además, según me aseguran, las encargadas del sostenimiento del cielo son empresas orgullosamente mexicanas, y a una de ellas se le encomendó la infraestructura del soporte de la bóveda celeste… Pero en última instancia eso no me importa. Lo fundamental, y te lo cuento en confianza, es lo que deslizó en mi oído hace unos días un primo mío antes de irse a Chicago. A lo que parece, un brujo del Amazonas predijo que sería más fácil el desplome de la tierra que el del cielo. Eso dijo: la tierra va a subir únicamente para caer. Así que hazme caso, y no traigas un escudo protector sobre tu cabeza…

    Luego de una campaña así, es poco probable que todavía queden partidarios del rumor.

    2. Vale la pena esparcir rumores a tal punto coherentes y factibles que no convenzan a nadie. Anegar el mercado del candor con historias creíbles es táctica fulminante. Ejemplos:

    —Oí el otro día que según parece a 2007 le sucederá 2008. El que me lo asegura, trae una teoría medio jalada. Según él, cada fecha tiende por oportunismo a ir tras la inmediatamente anterior.

    —No lo vayas a repetir, pero como me lo contaron te lo cuento, y si lo hago así es porque de veras me inspiras confianza de la buena. Pues resulta que detrás de tanta violencia hay móviles o razones o causas, como quieras. ¿Hay móviles?, te preguntarás. Yo también me quedé helado cuando me lo dijeron, pero al tipo lo conozco desde hace chico rato, y no me miente. Piénsalo, y verás que el rumor tiene su miga. le he dado más de una vuelta, y en efecto, qué raro que en estos casos haya tanto culpable y ningún detenido. Por lo general primero aparece el móvil y luego, mucho después, si es que alguna vez, los culpables. Y aquí ha sido al revés, primero los certificados de impunidad y luego el delito, y esto no es nomás porque sí. ¿Qué sucedió? Según informes secretos (nomás se publicaron en la prensa), lo que sucede es que la conspiración se centró en desaparecer a los móviles para dar la idea de que México era el país del acto gratuito. Luego se hizo una Fiscalía Singular de Hallazgo de los Móviles de los Grandes Fraudes, con lo que se banalizó todavía más el asunto. Y por último, se aseguró que quien pregunta por las causas de un hecho, algo sabe, y nadie quiere pasar como sospechoso… Y bueno, pasa el rumor.

    —Me contó un cuate, al que nunca le he oído una mentira, que el otro día fue a cenar a Polanco. ¿Y a quién crees que vio, con un grupo de amigotes, que se reían y festejaban y gritaban cada dos minutos y medio “¡Viva el Gran Vicente!”? Pues nada menos que a Vicente Fox, el mismo. Al principio mi cuate creyó que el tipo llevaba máscara de Fox, ya ves que se han vuelto a poner de moda y todos las traen, el otro día un turista comentaba: “¡Cómo se parecen entre sí los mexicanos! ¿No serán chinos de Aztlán?”, y no, sólo la pinche moda ésta de las máscaras… Pero sigo, pues el Fox feliz porque además en el restaurante todos los meseros llevaban máscara de Fox. Y los amigotes le decían: “¡Bravo, mi John Wayne! Ora sí ya te fregaste al país. Para que no se les vuelva a ocurrir no quererte. Échales otra serie de fotos de tus ranchos. Órale”. Y el tipo a las carcajadas. Mi cuate estaba furibundo. Dice que si le ha preparado la lonchera Marta y le pone insultos con tarjetita, se los lanza (o a la mejor no, porque siempre que insulta todos se ríen). Pero que en un momento el Fox que se pone a llorar. Sus amigotes lo consolaban y él a los gemidos. Y nomás decía: “Que se friegue el país, pase. ¡Pero que no admiren mi rancho!” Así me lo narró mi cuate, que es de una pieza.

    3. Desprestigie al rumor, la calumnia, el libelo y la difamación, presentándolos como información verificable venida directamente desde lo alto. Ejemplo:

    —¿Ya saben lo que se comenta? Que un grupo de vándalos quería hacer permisible la pérdida de la virginidad antes de los cuarenta años, y si no es por el repudio de la gente decente, casi lo consiguen. Y también querían legalizar el matrimonio entre personas de sexos distintos, pero sin acuerdos morales básicos, o del mismo sexo pero en diferentes siglos, o de sexo distinto pero sin ganas de conocerse. Las puras aberraciones. Al principio no intervinimos esperando el rayo del cielo, pero como éste tardó en concretarse, nos levantamos y denunciamos con ira lo que habían propuesto y lo que a lo mejor querían proponer. Y en eso que cae el rayo —hay que decirlo— a lo pendejo. Y a falta de publicidad en los medios a la nueva catástrofe no le hicieron ningún caso. ¡Imagínate! Sillas chamuscadas, gente en Urgencias, pánico en el cielo, y aquí ni quien se fije.

    Escritor



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